Habla el primer diácono mongol: la Iglesia allí cuenta sólo 22 años y tiene casi todo por hacer

"Me gustaría llegar a ser un sacerdote que tenga en Jesucristo, su centro permanente. De esta manera puedo vivir el Evangelio y proclamar el mensaje de Dios en mi país, Mongolia, donde entre el capitalismo salvaje y tradiciones animistas es muy difícil ser cristiano, pero nunca perderé la esperanza: el amor del Señor hace posible todas las cosas". Lo dijo a AsiaNews José Enkh-Bator, el primer diácono de Mongolia, ordenado el 10 de diciembre en Daejeon (Corea del Sur) por el obispo local, Mons. Lazzaro You Heung-sik y el Prefecto Apostólico de Ulaanbaatar, el filipino monseñor Padilla.

La historia de José es simple. En un país ex comunista, y hoy abrumadoramente budista o animista, los cristianos son muy pocos. Los católicos también tienen un pequeño grupo, que cuenta con cerca de 2.000 almas, dentro de una Iglesia instituida 22 años atrás.

"Nací el 24 de junio de 1987, en una familia no cristiana Cuando tenía siete años, yo supe de la Iglesia católica gracias a mi hermana, que me introdujo en la fe. Me bautizaron en 1999".

"Cuando terminé la escuela secundaria – continúa – quería entrar en el seminario para ser sacerdote, pero mis amigos y mi obispo me aconsejaron hacer antes la universidad. Después de la graduación fui a Corea del Sur para estudiar y luego ser sacerdote. En 2009 entré en el seminario de San José Daejeon, y ahora soy un diácono. En un año, después de su ordenación, voy a volver a mi país".

La ordenación al diaconado y el camino hacia el sacerdocio "me da una gran alegría. Siento en mí la gracia de Dios, pero también la responsabilidad de ser un testimonio de la Iglesia y el mensaje católico en un país que no lo es. Yo trato de ser un buen ejemplo, con mis palabras y mis acciones, para que otros puedan escuchar y reconocer a Cristo en mi figura y mi vida. Durante mi preparación, antes de la ordenación, recordé que el diácono tiene el deber de servicio a Dios y a la Iglesia. Y he aquí, ahora quiero servir con toda mi alma y con todas mis fuerzas a la Iglesia y Dios".

José tiene un solo deseo: "Quiero convertirme en un sacerdote que nunca pierda de vista su centro, que es Jesucristo. Poder ser un sacerdote ´como Cristo´, un ´buen pastor´ o un sacerdote ´que da su vida por otros y por Dios". Pero la verdad es que quiero llegar a ser un sacerdote que nunca pierde a Jesús, que recuerda y lleva al primer lugar de su relación a Cristo, que Él lleva alegría y sentido a su vida".

El camino delante de José no es fácil:. "La Iglesia de Mongolia nació hace 22 años, y hay muchas cosas que hacer por la comunidad católica. Desde mi punto de vista, las prioridades pastorales son el crecimiento de las vocaciones religiosas; la traducción de la Biblia en mongol, dado que ahora usamos una de los protestantes; el aspecto misionero; y, finalmente, las vidas de nuestros laicos, que después del bautismo a veces perdemos en la calle".

Es evidente que "servirá también una teología y liturgia más cerca de la sensibilidad de Mongolia, pero muchas cosas son difíciles. Así que muchos desafíos enfrentamos con calma y decisión. También porque hasta 1970 el mío era un país comunista, mientras que en los años noventa ha llegado un capitalismo particular, que creó un gran desequilibrio entre ricos y pobres. Tenemos que hacer los pasos adecuados también para afirmar la Iglesia como un interlocutor para el gobierno y para el pueblo".

"En esta situación – subraya – los cristianos son pocos pero podemos mostrar la alegría que viene de Cristo y la verdad de la Iglesia a través de nuestras vidas, con nuestras palabras y nuestras acciones. El resto vendrá".

Por último, el nuevo diácono lanza un llamado: "Por favor, oren por la Iglesia en Mongolia, que es la más joven del mundo. Es difícil anunciar el Evangelio en mi país, y aún más difícil es vivir según el Evangelio, pero no tengo ninguna duda que si amamos a los demás como nos enseña la palabra de Jesús, entonces todo se cumplirá de acuerdo a la voluntad de Dios. Creo en el poder del amor de Dios. Somos pocos, pero si amamos a nuestros vecinos, podemos llevar a cabo una gran misión. ¡Gracias!"….

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