El Chismorreo del Papa Francisco

En Pleamar del Monte no llegaba el Papel (periódico) más que una vez a la semana. No interesaban mucho las noticias de fuera. Para las del pueblo se encargaba, sin nombramiento oficial, la Sinforosa. Cada mañana recorría el pueblo, de puerta en puerta, con los chismorreos correspondientes. Era la agencia del chismorreo.
 

Dicen que Manuela ha reñido con su suegra. (La Sinforosa)
Dicen la  Juana no ha podido dormir  por el ruido de la taberna de Fermín. (La Sinforosa)
Dicen que Jenaro llegó borracho a casa y pegó a la Felisa. (La Sinforosa)
Dicen que este año no habrá vaquillas en la fiesta. El Ayuntamiento no tiene un duro. (La Sinforosa)
Etc. Etc.

Repetidas veces el Papa Francisco nos advertido sobre esta plaga, que afecta a la Sociedad Civil y que está muy presente en la vida eclesial: “¡Cuidado con decir solo esa mitad de la realidad que nos conviene. El mal de la cháchara, la murmuración y el cotilleo, es una enfermedad grave que se va apoderando de la persona hasta convertirla en sembradora de cizaña, y muchas veces en homicida de la fama de sus propios colegas y hermanos. Las murmuraciones matan, igual o más que las armas. ¡Cuántos chismorreos hay en el seno de la propia Iglesia! Cuando usamos la lengua para hablar mal del prójimo, la usamos para matar a Dios. Los que viven juzgando  y hablando mal del prójimo son en nuestro trabajopropios defectos”.
   Pienso que limosna, la oración y el ayuno siguen en su sitio. No cuestionemos realidades que han sido eficaces y lo siguen siendo, si se realizan con el espíritu que el Señor quiere. Dentro del ayuno, cabe señalar el domino de la lengua. No tan fácil como a veces pensamos. Ya  el apóstol Santiago nos advertía: “Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo…En cambio, la lengua nadie puede dominarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios. De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos”. (Sg 3, 2. 8-10)
   Con frecuencia buscamos manifestar nuestra vivencia cristiana en nuestro trabajo, con nuestros amigos, etc. Esta Cuaresma sería fructífica en testimonio en esos y otros entornos quitáramos el chismorreo que nos atenaza. No es imposible quitarlo. Detrás de una crítica, existen aspectos más profundos como la envidia, pequeños rencores, frustraciones  profesionales, etc. Buscar las raíces nos ayuda a mejorar y a ser humildes.
   Para valorar el daño o disgusto que podemos causar es bueno seguir el consejo ignaciano: ponernos en el lugar del otro: Nos sentimos heridos en lo más íntimo cuando nos llegan los chismorreos de los otros sobre nuestra persona. Eso mismo produces tú cuando chismorreas sobre los demás.
   San francisco de Sales, hombre de gran sentido común en la vida espiritual, escribió << Cuánto más nos gusta ser aplaudidos por lo que decimos, tanto más propensos somos a criticar a los demás>>
    Tengamos cuidado. A veces, los chismorreos pueden ser calumnias.
    Bueno sería cuidar también las palabras injuriosas. Nos las podemos decir en familia, entre amigos, en las Comunidades religiosas. Causan malestar, hieren a los hermanos.
   ¡QUÉ BUENA CUARESMA NOS ESPERA!
En Pleamar del Monte no llegaba el Papel (periódico) más que una vez a la semana. No interesaban mucho las noticias de fuera. Para las del pueblo se encargaba, sin nombramiento oficial, la Sinforosa. Cada mañana recorría el pueblo, de puerta en puerta, con los chismorreos correspondientes. Era la agencia del chismorreo.
 

Dicen que Manuela ha reñido con su suegra. (La Sinforosa)
Dicen la  Juana no ha podido dormir  por el ruido de la taberna de Fermín. (La Sinforosa)
Dicen que Jenaro llegó borracho a casa y pegó a la Felisa. (La Sinforosa)
Dicen que este año no habrá vaquillas en la fiesta. El Ayuntamiento no tiene un duro. (La Sinforosa)
Etc. Etc.

Repetidas veces el Papa Francisco nos advertido sobre esta plaga, que afecta a la Sociedad Civil y que está muy presente en la vida eclesial: “¡Cuidado con decir solo esa mitad de la realidad que nos conviene. El mal de la cháchara, la murmuración y el cotilleo, es una enfermedad grave que se va apoderando de la persona hasta convertirla en sembradora de cizaña, y muchas veces en homicida de la fama de sus propios colegas y hermanos. Las murmuraciones matan, igual o más que las armas. ¡Cuántos chismorreos hay en el seno de la propia Iglesia! Cuando usamos la lengua para hablar mal del prójimo, la usamos para matar a Dios. Los que viven juzgando  y hablando mal del prójimo son en nuestro trabajopropios defectos”.
   Pienso que limosna, la oración y el ayuno siguen en su sitio. No cuestionemos realidades que han sido eficaces y lo siguen siendo, si se realizan con el espíritu que el Señor quiere. Dentro del ayuno, cabe señalar el domino de la lengua. No tan fácil como a veces pensamos. Ya  el apóstol Santiago nos advertía: “Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo…En cambio, la lengua nadie puede dominarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios. De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos”. (Sg 3, 2. 8-10)
   Con frecuencia buscamos manifestar nuestra vivencia cristiana en nuestro trabajo, con nuestros amigos, etc. Esta Cuaresma sería fructífica en testimonio en esos y otros entornos quitáramos el chismorreo que nos atenaza. No es imposible quitarlo. Detrás de una crítica, existen aspectos más profundos como la envidia, pequeños rencores, frustraciones  profesionales, etc. Buscar las raíces nos ayuda a mejorar y a ser humildes.
   Para valorar el daño o disgusto que podemos causar es bueno seguir el consejo ignaciano: ponernos en el lugar del otro: Nos sentimos heridos en lo más íntimo cuando nos llegan los chismorreos de los otros sobre nuestra persona. Eso mismo produces tú cuando chismorreas sobre los demás.
   San francisco de Sales, hombre de gran sentido común en la vida espiritual, escribió << Cuánto más nos gusta ser aplaudidos por lo que decimos, tanto más propensos somos a criticar a los demás>>
    Tengamos cuidado. A veces, los chismorreos pueden ser calumnias.
    Bueno sería cuidar también las palabras injuriosas. Nos las podemos decir en familia, entre amigos, en las Comunidades religiosas. Causan malestar, hieren a los hermanos.
   ¡QUÉ BUENA CUARESMA NOS ESPERA!
En Pleamar del Monte no llegaba el Papel (periódico) más que una vez a la semana. No interesaban mucho las noticias de fuera. Para las del pueblo se encargaba, sin nombramiento oficial, la Sinforosa. Cada mañana recorría el pueblo, de puerta en puerta, con los chismorreos correspondientes. Era la agencia del chismorreo.
 

Dicen que Manuela ha reñido con su suegra. (La Sinforosa)
Dicen la  Juana no ha podido dormir  por el ruido de la taberna de Fermín. (La Sinforosa)
Dicen que Jenaro llegó borracho a casa y pegó a la Felisa. (La Sinforosa)
Dicen que este año no habrá vaquillas en la fiesta. El Ayuntamiento no tiene un duro. (La Sinforosa)
Etc. Etc.

Repetidas veces el Papa Francisco nos advertido sobre esta plaga, que afecta a la Sociedad Civil y que está muy presente en la vida eclesial: “¡Cuidado con decir solo esa mitad de la realidad que nos conviene. El mal de la cháchara, la murmuración y el cotilleo, es una enfermedad grave que se va apoderando de la persona hasta convertirla en sembradora de cizaña, y muchas veces en homicida de la fama de sus propios colegas y hermanos. Las murmuraciones matan, igual o más que las armas. ¡Cuántos chismorreos hay en el seno de la propia Iglesia! Cuando usamos la lengua para hablar mal del prójimo, la usamos para matar a Dios. Los que viven juzgando  y hablando mal del prójimo son en nuestro trabajopropios defectos”.
   Pienso que limosna, la oración y el ayuno siguen en su sitio. No cuestionemos realidades que han sido eficaces y lo siguen siendo, si se realizan con el espíritu que el Señor quiere. Dentro del ayuno, cabe señalar el domino de la lengua. No tan fácil como a veces pensamos. Ya  el apóstol Santiago nos advertía: “Si alguien no falta en el hablar, ese es un hombre perfecto, capaz de controlar también todo su cuerpo…En cambio, la lengua nadie puede dominarla, es un mal incansable cargado de veneno mortal. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, creados a semejanza de Dios. De la misma boca sale bendición y maldición. Eso no puede ser así, hermanos míos”. (Sg 3, 2. 8-10)
   Con frecuencia buscamos manifestar nuestra vivencia cristiana en nuestro trabajo, con nuestros amigos, etc. Esta Cuaresma sería fructífica en testimonio en esos y otros entornos quitáramos el chismorreo que nos atenaza. No es imposible quitarlo. Detrás de una crítica, existen aspectos más profundos como la envidia, pequeños rencores, frustraciones  profesionales, etc. Buscar las raíces nos ayuda a mejorar y a ser humildes.
   Para valorar el daño o disgusto que podemos causar es bueno seguir el consejo ignaciano: ponernos en el lugar del otro: Nos sentimos heridos en lo más íntimo cuando nos llegan los chismorreos de los otros sobre nuestra persona. Eso mismo produces tú cuando chismorreas sobre los demás.
   San francisco de Sales, hombre de gran sentido común en la vida espiritual, escribió << Cuánto más nos gusta ser aplaudidos por lo que decimos, tanto más propensos somos a criticar a los demás>>
    Tengamos cuidado. A veces, los chismorreos pueden ser calumnias.
    Bueno sería cuidar también las palabras injuriosas. Nos las podemos decir en familia, entre amigos, en las Comunidades religiosas. Causan malestar, hieren a los hermanos.
   ¡QUÉ BUENA CUARESMA NOS ESPERA!
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