Preparación de homilías – X Domingo del tiempo ordinario – 10/06/2018

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Homilía X Domingo del tiempo ordinario

10 de junio de 2018 – Ciclo B

“Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”

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  Introducción  

“Lo esencial es invisible a los ojos, dijo el zorro…”. Posiblemente todos hemos escuchado o leído alguna vez esta frase de El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, si no en el mismo libro, en una postal, un cartel o en una presentación de las que se hicieron famosas en la etapa anterior a las redes sociales. “No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno”, nos dice hoy la segunda lectura, en una llamada a no quedarnos en los superficial sino ir a lo profundo.

Regresamos al tiempo ordinario, después de la Pascua y las fiestas posteriores, con esta invitación a mirar de nuevo nuestra cotidianidad, la realidad más cercana, la vida de cada día y, especialmente nuestra propia naturaleza, que, aunque mortal y por tanto débil, es de Dios, llamada a ser, cada vez, más humana y más divina.

Dña. Montserrat Escribano

CPJA-El Levantazo-Valencia

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15

Después que Adán comió del árbol, el Señor Dios lo llamó: «¿Dónde estás?» Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí». El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo?, ¿es que has comido del árbol del que te prohibí comer?» Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí.»El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?» Ella respondió: «La serpiente me engañó y comí.»El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza, cuando tú la hieras en el talón.

Salmo

Sal. 129, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8. R: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Desde lo hondo a ti grito, Señor: Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora.

Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 13–5, 1

Hermanos: Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.Todo es para vuestro bien.Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.Por eso no nos desanimamos. Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva ida a ida.Y una tribulación pasajera y liviana produce un inmenso e incalculable tesoro de gloria.No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve.Lo que se ve, es transitorio; lo que no se ve, es eterno.Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida por hombres.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 3, 20-35

En aquel tiempo volvió Jesús a casa y se juntó tanta gente, que no los dejaban ni comer.Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.Unos letrados de Jerusalén decían:–Tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.El los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones:–¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre.Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.Llegaron su madre y sus hermanos, y desde fuera lo mandaron llamar.La gente que tenía sentada alrededor le dijo:–Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.Les contestó:–¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?Y paseando la mirada por el corro, dijo:–Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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  Pautas para la homilía  

Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya

Seguro que hemos escuchado y analizado este texto desde muy diferentes perspectivas. Por eso hoy podemos centramos en dos concretas. La falta de responsabilidad de Adán y Eva y el poder que Dios concede a la mujer en el relato.

Adán no es capaz de responder de forma coherente al Creador. No se responsabiliza de sus actos: “la mujer…”. Eva no se responsabiliza tampoco de lo que ha hecho: “la serpiente…”. Ninguno de los dos es capaz de aceptar que se han equivocado, que no han obedecido y que han metido la pata. Dios les dio solo un par de indicaciones sobre lo que podían y no podían hacer y han hecho lo contrario. Pero en lugar de aceptar el error, se muestran esquivos y echan la culpa a la otra. Es lo que ocurre cuando no nos responsabilizamos, no damos respuesta coherente de lo que hemos hecho.

Dios no maldice al hombre y a la mujer, sino a la serpiente. A ellos los castiga, pero dando poder a la mujer sobre el reptil, sobre el mal. El Creador nos hace libres y responsables de nuestros actos y de esta forma nos hace poderosos y poderosas. Si hubiera querido tener a sus pies seres obedientes nos habría hecho autómatas, seres sin capacidad de tomar decisiones. El texto del Génesis nos acerca hoy a lo más profundo de la naturaleza del ser humano y, si no dejamos, nos enfrenta con nosotros mismos y, cómo no, con la imagen de Dios en la que creemos y que nos va configurado como personas.

El que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás

Volvemos a encontrarnos con el mal en el texto del evangelio de hoy. Esta vez no en forma de serpiente sino “encarnado” según sus enemigos, en el propio Jesús. Él les responde clara y directamente, como siempre. “Imposible, mi familia es otra. No soy de los de Belcebú, como vosotros”, les podía haber dicho… Pero intenta ser pedagógico, como siempre, y les cuenta alguna pequeña parábola con una enseñanza interesante para todas nosotras, las personas que decimos seguirle: todo se perdonará menos las blasfemias “contra el Espíritu Santo”. No parece que en el texto queden muy claras cuáles son estas, pero cerrarnos al Espíritu no parece que sea demasiado positivo para quienes fuimos bautizados también en su nombre.

Hace pocas semanas celebramos la presencia del Espíritu en medio de la Iglesia y poco después su ser Trinidad, esa comunidad originaria de la que forma parte junto al Padre y el Hijo. Somos comunidad de creyentes porque el Espíritu vive en medio de nosotros y es Él quien nos habla de Misericordia.

Lo necesitamos para saber si estamos actuando como nuestro Dios, Padre y Madre nos pide y para, en caso de no hacerlo, ser responsables de nuestras actuaciones; nos hace falta el Espíritu para saber qué cosas de las que nos rodean o hacemos son y vienen de Él; es quien nos permite ir a lo profundo dejando a un lado lo superficial y en su ausencia somos incapaces de esperar “en su palabra […] más que el centinela a la aurora”. Por eso, una vez que descubrimos al Espíritu presente en nuestras propias vidas podemos cantar con el salmista: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.

Dña. Montserrat Escribano

CPJA-El Levantazo-Valencia

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