Preparación de homilías – XIII Domingo del tiempo ordinario – 01/07/2018

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Homilía XIII Domingo del tiempo ordinario

1 de julio de 2018 – Ciclo B

“Seres saludables que miran con otros ojos”

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  Introducción  

A través de una particular lectura, la comunidad de El Levantazo, quiere compartiros hoy su reflexión/cuestionamiento acerca de la posibilidad de generar oportunidades. Por medio de las pautas, se nos invita a revisar las claves del acercamiento entre nosotros, así como, de una particular forma de enriquecerse apostando por igualar y generar vida.

Comunidad El Levantazo

Valencia

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del Libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-25

Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes; todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte ni imperio del Abismo sobre la tierra, porque la justicia es inmortal.Dios creó al hombre incorruptible, le hizo imagen de su misma naturaleza. Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo y la experimentan los que le pertenecen.

Salmo

Sal. 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b R: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se rían de mí. Señor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos, dad gracias a su nombre santo; su cólera dura un instante, su bondad, de por vida; al atardecer nos visita el llanto, por la mañana, el júbilo.

Escucha, Señor, y ten piedad de mí;Señor, socórreme.Cambiaste mi luto en danzas.Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 8, 7-9. 13-15

Hermanos: Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad.Bien sabéis lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis ricos.Pues no se trata de aliviar a otros pasando vosotros estrecheces; se trata de nivelar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediara vuestra falta; así habrá nivelación.Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho, no le sobraba; y al que recogía poco, no le faltaba.»

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 5, 21-43

En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia:–Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.[Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría.Inmediatamente se seco la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando:–¿Quién me ha tocado el manto?Los discípulos le contestaron:–Ves como te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado ?»El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo:–Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.Todavía estaba hablando, cuando] llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:–Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:–No temas; basta que tengas fe.No permitió que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entro y les dijo:–¿Qué estrépito y qué lloros son estos ? La niña no está muerta, esta dormida.Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:–Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–.Y se quedaron viendo visiones.Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

La muerte hermana de la vida

Iª Lectura: Sabiduría (1,13-15;2,23-24): Muerte, vida y sabiduría

I.1. El libro de la Sabiduría (1,13-15; 2,23-24) nos ofrece hoy una de la reflexiones más hermosas sobre la vida y la muerte. Este es un libro tardío del Antiguo Testamento, escrito en griego, que recoge una gran tradición judía helenista y que ha marcado un hito en la gran cuestión de la existencia humana. Su afirmación de que Dios ha creado al hombre para la inmortalidad viene aminorada por el tópico de que la muerte no depende de Dios, sino de la envidia del diablo. De ahí su afirmación de que la muerte no entra en los planes creadores de Dios

I.2. ¿De qué muerte habla aquí el autor del libro? Indiscutiblemente de las dos muertes de nuestra existencia. El considera muerte, también, la vida sin sentido, la que viven los impíos; mientras que la vida vivida con sabiduría es la vida que Dios otorga. Saber morir, pues, es lo mismo que saber vivir según la reflexión del autor de este extraordinario escrito. Pero sigue siendo absolutamente irrenunciable que Dios nos ha creado para la vida y no para la muerte, porque «es un Dios de vivos».

IIª Lectura: 2ª Corintios (8,7.9.13-15): Compartir y generosidad

II.1. La segunda lectura está entresacada de una especie de billete que Pablo escribió para organizar una colecta para los pobres de Jerusalén, a lo que él se había comprometido en la asamblea apostólica de la ciudad santa, cuando se distribuyeron el campo de trabajo entre los judíos hebreos y los judíos helenistas que habían de trabajar entre los paganos (Cf. Gal 2). Era una forma de mantener la comunión con la comunidad madre desde la que el evangelio debía anunciarse a todos los hombres.

II.2. Pablo habla de generosidad, porque nuestro Señor se ha mostrado muy generoso con nosotros; lo ha dado todo, absolutamente todo, por nosotros ¿no debemos hacer lo mismo los unos con los otros? Incluso, en una propuesta poco radical, se permite pedir lo imprescindible, solamente lo que les sobra, para ayudar a los que lo necesitan. Por ahí se debe empezar, desde luego, como ámbito de la justicia más elemental. Sabemos que la caridad cristiana puede llegar a más y exigirse más, pero comenzar por lo mínimo es, también, un signo de comunión en la justicia.

III. Evangelio: Marcos (5,21-43): El verdadero significado de la muerte

III.1. El evangelio de Marcos nos presenta hoy todo un proceso pedagógico de cómo debemos afrontar la vida y la muerte desde la fe. Son dos relatos en uno que el redactor del evangelio o probablemente una tradición anterior había reunido con toda la intencionalidad del mundo, para que el retraso de una cosa extraordinaria que “entretiene” a Jesús, lleve así a otra cosa más extraordinaria aún: la vuelta a la vida de alguien que se consideraba muerta. Estos milagros que se nos relatan requieren su interpretación conjunta y exigen códigos hermenéuticos bien definidos. Jairo le pide a Jesús que ponga la mano a su hija enferma, y en el camino una mujer de la multitud se empeña en poner la mano sobre la orla, con la intención de «arrancar» a Jesús una curación para una enfermedad que le llevaba a la muerte. Como es lógico, esto difiere la llegada de Jesús y se produce la muerte. Todo es intencionado. Pero tanto Jesús, como el evangelista, quieren poner un correctivo a esa forma de acercarse a Jesús, de creer en él, como si fuera un simple curandero, y de enfrentarse a la muerte. Si la enfermedad no se ataja nos morimos… pero curar las enfermedades no soluciona el drama de la vida. La cuestión están en enfrentar la muerte en su verdadera dimensión. Tanto la mujer curada, como la hija de Jairo volverán a morir. No se trata de negar el valor del “milagro”, ni el poder extraordinario de Jesús. Pero, fuera del ámbito de la fe, por los milagros Jesús no pasaría de ser un “mago” más, un taumaturgo más de los de aquella época. Los milagros, los prodigios, pueden ser signo de parte de Dios…

III.2. La mujer que le ha tocado el vestido a Jesús tiene que enfrentarse con él, en un tu a tu, para que la fe se llene de contenido. Probablemente su obsesión por tocar a Jesús le ha llevado al convencimiento de que está curada. Pero Jesús no trata a los hombres desde la parasicología, sino como personas que deben aceptar desde la fe a un Dios de vida. Jesús no quiere, pues, que se le considere solamente un taumaturgo al que se puede tocar como se tocaban las estatuas de los dioses (y eso que en la religión judía no se podía representar a Dios). Lo extraordinario que le ha sucedido a la mujer debe reconducirse a la fe: “tu fe te ha curado”. ¿Y cuando la fe no cura? ¡Nada está perdido! Es ahí cuando le fe tiene más sentido y debe expresar toda la confianza de nuestra vida en Dios.

III.3. Así, se ofrecen los presupuestos para la siguiente escena: cuando llega a la casa Jairo, el llanto de las plañideras de oficio y la pena de los padres cubren la muerte de negrura. Pero no es así la muerte: es una puerta a la vida. El que Jesús, con sus famosas palabras en arameo (Talitha kum) haga que le niña se levante, no puede quedar en una cuestión de magia, sino que es un signo de cómo ve Jesús la muerte: un sueño, un paso, una hermana de la vida. La niña despierta, sí; pero volverá a morir un día y entonces ya no volverá a esta vida, no estará allí a sus pies el profeta de Galilea que la levante de nuevo de esa postración. Por eso no se debería usar el término “resurrección” para este caso de la niña que “vuelve a esta vida”. Solamente el milagro de la verdadera muerte nos lleva a la verdadera resurrección.

III.4. Entonces es cuando asumirán todo su sentido las palabras de Jesús: “la niña no está muerta, sino que está dormida”. Entonces logrará pasar a una vida distinta. Y a esa vida no se entra sino desde la fe, desde la confianza en el Dios que nos ha creado para vivir eternamente. El verdadero significado de la muerte no se afronta con el interés de volver a esta vida, a esta historia. El verdadero significado de la muerte se afronta desde otra dimensión: morir no es un drama de plañideras… aunque es hermoso llorar la muerte de verdad. Morir es el drama de nuestra vida histórica, el parto auténtico de nuestra existencia que nos llevará a una vida nueva. Eso es lo que debemos hacer: asumir la muerte, desde la fe, no como una tragedia, sino como la puerta de la verdadera resurrección.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

Las criaturas del mundo somos saludables

A veces se nos olvida que hemos sido creados como seres saludables y esencialmente buenos. Mostramos, por defecto, cierta reluctancia a identificar lo bueno que nos habita, por no hablar de lo que nos cuesta apostar por lo intrínsecamente sano que hay en las personas cotidianas. A menudo, es mucho más transparente a nuestros ojos “lo menos saludable” que se mueve entre nosotros, que la certeza de que todos, sin excepción, hemos sido creados como seres capaces de bondad, dotados con la habilidad de la confianza. Podemos ser seres con herramientas para fomentar entornos saludables que generen la oportunidad de hacer las cosas de otra forma.

Por eso, …te ensalzamos Señor porque nos has librado de vivir sometidos a la muerte que acarrea el no creer en las 70 veces 7 oportunidades de cada persona. Te ensalzamos Padre-Madre Dios por sacarnos del abismo que supone vivir instalados en la desilusión, el juicio y la intolerancia. Nos haces revivir cuándo nos sacas de la fosa de creernos superiores, merecedores, más dignos que el resto. Presencia cercana que evaporas nuestra cólera y nos regalas la paciencia, no apartes de nosotros la confianza ciega en la posibilidad, en la transformación, en el crecimiento… prepara nuestro corazón para la sorpresa. Inúndanos, por favor, de danza cuándo asome nuestra queja y nos empeñemos en masticar arena entre los dientes.

Enriquécenos con tu pobreza

Al leerla, la carta a Corintios nos parece de rabiosa novedad. Frente a la imperiosa necesidad del adquirir, del poseer, se nos abre la oferta completamente contracultural que propone este oxímoron, “enriquecerse con pobreza”. Ésta sencilla formulación nos golpea la mente e irrumpe como tremenda liberación en nuestra lógica de seres humanos inoculados, en mayor o menor medida, por la dependencia del más. Del ser más, del tener más. La propuesta es radical, tratar de incorporar y promocionar lo que normalmente es desechable y pobre, porque la verdadera riqueza está en igualar.

Bienaventurados seríamos si descubriésemos que la fortuna es poder transitar los caminos de desposesión que instauran la justicia y la generosidad. Bienaventuradas seremos si permitimos que todos/as sean, tengan y vivan. En abundancia viviríamos si fuéramos capaces de descubrir que mientras la vulnerabilidad y la desigualdad acampen entre nosotros, nuestra integridad, nuestra “segura riqueza”, estará siempre amenazada. Recoger poco es ahora abundancia, concebir lo común es garantía de opciones. Desear un nosotros, descartando el yoismo, equilibra nuestros encuentros, nos acerca a la riqueza.

“¿Quién me ha tocado?”

En medio del gran ruido, Jesús, distingue la fragilidad y se dirige a ella. El contexto ofrece la tentación de seguir adelante, hay empujones, jaleo, salgamos de aquí… Pero a él parece no interesarle demasiado la idea de dejarlo pasar, de seguir adelante. Aquello del “no, es que no me pude parar, había mucha gente, íbamos de prisas…” parece que no va con él. En su corazón emerge un impulso más fuerte, “no, pero, espera, insiste: ¿quién me ha tocado?”.

Alguien sufre, no hay más argumentos, no hay excusas, no le asusta lo quebradizo, confía en que la angustia puede ser mirada de otra forma, con otros ojos. Intuye la necesidad y se hace presente ella. Allá donde otros no confían, tiran la toalla y sólo ven muerte, él intuye vida y posibilidad. Ha descubierto que hay algo que es más fuerte que el desánimo o la impotencia. Vive la confianza. “No temas; basta que tengas fe”.

¿Nos reconocemos presentes tratando de mirar el sufrimiento desde la confianza? ¿cómo reaccionamos ante la fragilidad que se confunde con el barullo? ¿insistimos en saber quién nos ha tocado? ¿en nuestras sociedades, en nuestras comunidades, sentimos el impulso de dirigirnos hacia la fragilidad para preñarla de oportunidad?…

Hermanos y hermanas: Ojalá podemos llegar a ser personas saludables. Seres capaces de distinguir la fragilidad en medio del ruido, tozudos en la confianza de las mil y una oportunidades.

Comunidad El Levantazo

Valencia

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