Evangelio del día – Semana del 17/09/2018 al 22/09/2018 (Vigésimo cuarta Semana del Tiempo Ordinario)

dominicos

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Vigésimo cuarta Semana del Tiempo Ordinario – Año Par

Del 17

al 22 de septiembre de 2018

Introducción a la semana

Nos sigue acompañando la I Carta a los Corintios que nos brindará densos argumentos: la tradición sobre la Cena del Señor, el símil del cuerpo que Pablo lo borda en su aguda pedagogía, el himno de la caridad, la resurrección de los muertos como argumento ineludible de la predicación y resurrección cristianas, pues la de cada uno de nosotros está unida a la de Cristo.

El evangelio nos mostrará a lo largo de estos días cuáles son las obras de Jesús Salvador: curación del siervo del centurión, resurrección de la hija de la viuda de Naín, lamentación de Jesús acerca de la presente generación, el bello relato de la pecadora perdonada, el apunte acerca del entorno personal más inmediato de Jesús por los caminos galileos, y, por último, la conocida parábola del sembrador.

Jesús cura y perdona, consuela y acompaña; Jesús, en definitiva, humaniza.

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 Lunes   17 de Septiembre de 2018  

“Dilo de palabra…”

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11,17-26.33:

Al recomendaros esto, no puedo aprobar que vuestras reuniones causen más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra Iglesia os dividís en bandos; y en parte lo creo, porque hasta partidos tiene que haber entre vosotros, para que se vea quiénes resisten a la prueba. Así, cuando os reunís en comunidad, os resulta imposible comer la cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comerse su propia cena y, mientras uno pasa hambre, el otro está borracho. ¿No tenéis casas donde comer y beber? ¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los pobres? ¿Qué queréis que os diga? ¿Que os apruebe? En esto no os apruebo. Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva. Así que, hermanos míos, cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros.

Salmo

Sal 39 R/. Proclamad la muerte del Señor, hasta que vuelva

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,y, en cambio, me abriste el oído;no pides sacrificio expiatorio,entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.«Como está escrito en mi libro para hacer tu voluntad.»Dios mío, lo quiero,y llevo tu ley en las entrañas. R/.He proclamado tu salvaciónante la gran asamblea;no he cerrado los labios:Señor, tú lo sabes. R/.Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan;digan siempre: «Grande es el Señor»los que desean tu salvación. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,1-10

En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún. Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: «Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga.»Jesús se fue con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”, y lo hace.»Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: «Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe.» Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Reflexión del Evangelio del día

¿Qué queréis que os diga? ¿Qué os alabe?

En este capítulo 11, al escribir a los corintios, Pablo sale al paso de una desviación que se está produciendo en la comunidad.  La praxis normal era que en las comunidades primero se compartía la comida y luego se celebraba la cena del Señor. Sin embargo, los corintios han caído en una enorme incoherencia: mientras unos comen en abundancia, otros pasan hambre. ¿Cómo es posible que el ámbito por excelencia de la comunión fraterna este siendo ámbito de injusticia y desigualdad? ¿Cómo puede ocurrir que los que tienen más no compartan y repartan con los que tienen menos? Pablo les hace una pregunta retórica cuya respuesta ya conocen, a fin de interpelarlos: “¿Qué queréis que os diga? ¿Qué os alabe?”

El apóstol exhorta a los corintios a que lo que celebran en la Eucaristía, lo celebren también en la existencia, a que no haya ruptura entre el sacramento y la vida práctica. Así encontramos aquí el testimonio más antiguo (año 57) de las palabras de Jesús en la última cena, unas palabras que el apóstol no considera suyas, sino que se sabe eslabón de la cadena, transmitiendo lo que a su vez ha recibido.

El texto paulino nos interroga: ¿Somos coherentes entre lo que celebramos en el sacramento de la Eucaristía y vivimos en el sacramento de la vida? ¿Las relaciones de comunión que han de generarse en la Eucaristía se traducen en el día a día en el compartir fraterno y solidario con los más pobres?

Jesús se admiró de él

Nos encontramos con un relato de  milagro. Este constituye uno de los signos del Reino que ya ha llegado.  Un centurión aparece en escena preocupado por la salud de su criado. Se deja entrever que lo quiere, puesto que es el amor lo que le hace buscar ayuda. La petición no le llega a Jesús directamente por el oficial romano, como ocurre en Mateo (Mt 8,5-13), sino a través de los ancianos de la ciudad, quienes para convencer a Jesús apelan a los méritos y las bondades del oficial romano respecto al pueblo judío: les tiene afecto y les ha construido la sinagoga.

Jesús, ante la petición, se pone en camino y estando cerca de la casa, el centurión de nuevo le envía emisarios. No sólo no se siente digno de que el Maestro entre en su casa, a fin de no trasgredir la ley judía de ir a casa de un pagano, sino que ni siquiera se sabe meritorio para acudir a él personalmente. Sin embargo, el centurión tiene una profunda convicción interior: una palabra de Jesús será suficiente para la curación de su criado. Argumenta desde la lógica de su propia autoridad con sus soldados, los cuales al recibir una orden del oficial le obedecen. Considera que la palabra de Jesús tiene la autoridad necesaria para hacer obedecer a “sus soldados”, a las “fuerzas hostiles” que causan la enfermedad de su siervo.

Jesús admirado resalta la fe del centurión ante la gente. Un pagano, no conocedor de las promesas de Israel, y por tanto en desventaja respecto al pueblo judío, se fía totalmente del poder de su palabra. Considera que la palabra de Jesús tiene la potestad de hacer real aquello que pronuncia, incluso a distancia.

La palabra de Dios en el Antiguo Testamento tiene una dimensión per-formativa o lo que es lo mismo, tiene el poder de realizar aquello que pronuncia. Ahora la palabra de Jesús aparece con ese mismo poder. Como palabra de Dios que es,  puede llevar a cabo aquello que enuncia. La frase que pronuncia el centurión la pronunciamos cada día en la Eucaristía antes de la comunión: “Señor no soy digno/a de que entres en mi casa pero una palabra tuya bastará para sanarme” ¿Me identifico con el centurión? ¿Tengo la convicción de que la Palabra tiene el poder de generar en mí y en la comunidad aquello que enuncia? ¿Creo que Jesús y su palabra pueden forjar procesos sanadores y liberadores en mí? “Como baja la lluvia desde el cielo , y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar para que de semilla al sembrador y pan al que come, así será mi Palabra, no volverá a mi vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevara a cabo mi encargo” (Is 55,10-11).

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo
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 Martes   18 de Septiembre de 2018  

“Todos daban gloria a Dios”

Hoy celebramos: San Juan Macías (18 de Septiembre)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios 12,12-14.27-31a:

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mejores.

Salmo

Sal 99 R/. Somos un pueblo y ovejas de su rebaño

Aclama al Señor, tierra entera,servid al Señor con alegría,entrad en su presencia con vítores. R/.

Sabed que el Señor es Dios:que él nos hizo y somos suyos,su pueblo y ovejas de su rebaño. R/.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,por sus atrios con himnos,dándole gracias y bendiciendo su nombre. R/.

«El Señor es bueno,su misericordia es eterna,su fidelidad por todas las edades.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,11-17

En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la entrada de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: «No llores.»Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: «Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.» La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Reflexión del Evangelio del día

Bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo

San Pablo asemeja los distintos carismas que hay en la Iglesia, con los diferentes miembros que hay en el cuerpo, todos son diferentes pero todos tienen un mismo cuerpo que los une. El Espíritu de Cristo es el eje vertebrador de todos los carismas y ministerios que hay en la Iglesia. No todos tienen la misma misión o función dentro de la Iglesia, la diversidad forma un todo común. Nada tiene que ver con la uniformidad.

La uniformidad habla más de una sola forma de ejercer una misión, y es más propia de las formas dictatoriales.

No todos podemos ejercer el mismo servicio a los hombres, hay personas que se sienten llamadas a atender a los pobres, otras a los enfermos, otras a los presos… Su trabajo es diverso, pero en la Iglesia hay una sola razón para ejercer cada labor, esa razón es Cristo. Por eso, san Pablo, nos comenta en esta carta que ambicionemos los carismas mejores. No son funciones donde más poder se ejerce, sino donde más puedes dejarte la piel en el camino.

Dios ha visitado a su Pueblo

Jesús se compadece de una madre que acompaña a su hijo muerto, su acción milagrosa es decirle a quien está postrado: levántate. El muchacho sin más, se incorpora y comienza hablar.

Cuántas acciones milagrosas existen en nuestro camino, donde hay alguien que nos anima a salir de la oscuridad de la muerte, donde se nos impulsa para que nuestro ánimo despierte y retome el camino de la vida.

Una vez que nos erguimos para caminar sentimos que Dios ha estado presente en nuestra vida, y podemos decir, como en el Evangelio, hay un profeta en nuestra tierra, Dios ha visitado a su pueblo. Dios está cerca de nosotros, alentándonos para la vida.

Una sola palabra: Levántate, es la que nos hace falta para volver a la vida, es la que pronuncia Jesús en el Evangelio. A veces, sólo basta esa sola palabra para incorporarnos a la vida. Jesús nos invita a levantarnos de la esclavitud de la muerte. Levántate de la soledad, del hambre, de la desnudez, del peligro, del mal, levántate y vive.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Miércoles   19 de Septiembre de 2018  

“El amor no pasa nunca”

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,31–13,13:

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

Salmo

Sal 32 R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad

Dad gracias al Señor con la cítara,tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;cantadle un cántico nuevo,acompañando los vítores con bordones. R/.

Que la palabra del Señor es sincera,y todas sus acciones son leales;él ama la justicia y el derecho,y su misericordia llena la tierra. R/.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,el pueblo que él se escogió como heredad.Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,como lo esperamos de ti. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,31-35

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: “Tocarnos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.” Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: “Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»

Reflexión del Evangelio del día

Dios nos cambia el corazón

Las lecturas de la liturgia de hoy nos animan a profundizar en nuestra fe, dejando que el Espíritu llene nuestra vida y nuestro actuar. San Pablo, que al iniciar su apostolado en la comunidad de Corinto les habló como a “carnales como a niños en Cristo”, que mimó aquella comunidad como una criatura propia, ahora les trata como a personas adultas en la fe. Personas que han experimentado la riqueza de los dones del Espíritu Santo, y conocen la urgencia de ponerlos a disposición y al servicio de la comunidad creyente. Fieles que han iniciado una fecunda vida espiritual en la confesión del Cristo resucitado y de su mensaje. San Pablo, en este cántico a la Caridad, les propone y les exhorta a una vida de excelencia en la fe. Una fe que se centra en el mensaje capital del Jesús Resucitado: “Amaos los unos a los otros como Yo os amé”. O como insiste frecuentemente San Pablo, sed fuertes en el amor. Ahora explicita lo que eso significa. Si no tengo caridad, de nada me sirve la fe, de nada renunciar a todos los bienes, ni entregar mi cuerpo al martirio. Ahora queda la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande es el amor. Porque el amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante, no se porta indecorosamente, no busca lo suyo; no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido, no se regocija con la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Todo un mensaje no sólo ético, sino un programa de vida que constituye una profunda filosofía y sentido religioso de lo que el creyente ha de interiorizar en su vida. También el Papa Francisco nos urge en su encíclica Amoris Laetitia, para que sea el amor la esencia de todas las familias cristianas, y sea también la insignia identitaria de nuestras comunidades creyentes. Un amor que refleje la audacia de los primeros cristianos que atraían por el testimonio del amor que se tenían. El común denominador de estos primeros cristianos era la audacia de ser creyentes incluso en medio de las persecuciones. Y todos los admiraban por su fe, por su esperanza en la salvación y por la sencillez de su vida, su trabajo y la solidaridad entre ellos.

Como Jesús, amigo de recaudadores y pecadores, aprendamos a vivir el amor en los desclasados del mundo

Una vida vivida conforme al modelo del evangelio de Jesús. Nos cuenta el evangelio de hoy la incomprensión del pueblo ante la vida de Jesús. Ni la austeridad de Juan, ni la forma misericordiosa de vivir de Jesús, son motivo de conversión para el pueblo. Juan ni comía ni bebía, y le acusaban de estar endemoniado. El Hijo del Hombre, que come y bebe, es motivo de escándalo y persecución hasta la muerte. Pero la enseñanza de Jesús es incuestionable. Dios es amor, y sólo viviendo en, desde y por el amor entramos en la vida de Dios. Así se cumple lo que Pablo nos dice. Ni el conocimiento perdurará, ni la profecía, sino sólo el amor será eterno, porque está en la misma esencia de Dios. Cuando todo quede al descubierto, permanecerá sólo el amor.

Como cristianos, seguidores de Jesús, que llevan el evangelio y el Espíritu de Cristo en su vida, tenemos que aprender e interiorizar esta verdad. En las personas que Dios quiere, en los más pequeños, en el servicio y la donación de la propia vida, se cumple el amor incondicional de Dios que ha de relumbrar en nuestras vidas.

Que seamos generosos y misericordiosos, que sepamos convertir esas cualidades del amor que nos dice San Pablo, en realidades cotidianas de nuestro actuar. Que dejemos que el Espíritu ilumine toda nuestra existencia y pongámonos cada día en sus manos.

Así sea.

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)
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 Jueves   20 de Septiembre de 2018  

“Sus muchos pecados están perdonados”

Hoy celebramos: Santos Andrés Kim, Pablo Chong y cc.mm. (20 de Septiembre)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,1-11:

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Salmo

Sal 117 R/. Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia. R/. «La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa.» No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. R/.Tú eres mi Dios, te doy gracias; Dios mío, yo te ensalzo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,36-50

En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debla quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Reflexión del Evangelio del día

Cristo murió, fue sepultado y resucitó al tercer día 

San Pablo comienza recordando a los corintios la buena noticia de Jesucristo que él les predicó, una buena noticia que a ellos y al mismo San Pablo les cambió la vida… para mejor. Esta buena noticia se centra en Jesús. Les trae a la memoria lo que él mismo recibió: “Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día”. Que se apareció resucitado a muchos hermanos… “por último, como a un aborto, se me apareció también a mí”.

Para San Pablo esta fue la mejor noticia que recibió en su vida y la que cambió de arriba a abajo su trayectoria vital. A partir de su encuentro con Cristo no tuvo más que una obsesión: predicar, fundamentalmente a los gentiles, a Cristo: su vida, su muerte, su resurrección, su proyecto, sus palabras, sus promesas… porque sabía que era la mejor noticia que les podía transmitir, la que iba a llenar sus vida de alegría, de esperanza, de sentido. Y en esto, con la ayuda de Dios, gastó su vida: “siendo el menor de los apóstoles… he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo”.

De alguna manera, todo cristiano hemos de vivir la misma experiencia que San Pablo. Después del amoroso encuentro seductor con Cristo, tampoco nosotros somos capaces de vivir sin Cristo, sin su palabra, sin su luz, sin sus promesas, sin su amor, sin su resurrección y nuestra resurrección. Y desde nuestra situación hemos de predicar la tradición evangélica recibida. 

Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor

Tres son los protagonistas de este evangelio: “una mujer de la ciudad, una pecadora”, el fariseo Simón y Jesús. Es fácil sospechar que la mujer pecadora había oído alguna predicación de Jesús, le habría oído afirmar que Dios es nuestro Padre, un Padre que nos ama, que es capaz de perdonarnos hasta setenta veces siete… y las palabras de Jesús habían llegado hasta el fondo de su alma, y saltando todo los prejuicios sociales se adentró en casa del fariseo Simón a expresar su cariño a Jesús, y no encontró otra manera mejor de demostrárselo que regándole los pies con sus lágrimas de arrepentimiento, con sus cabellos y con un perfume. Simón también había escuchado alguna predicación a Jesús, y Jesús también había tocado su corazón, por eso, Simón se atrevió a invitarle a su casa. Pero la acción de la mujer pecadora con Jesús y la de Jesús con la pecadora… le sobrepasaba. No podía concebir que Jesús tuviese ese trato con la pecadora. Y Jesús, el tercer protagonista, tuvo que explicarle a Simón que había venido a ofrecer a los pecadores su amor y, por tanto, su perdón. “Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”. Quien ama… queda perdonado.

Fue a principios de siglo XVII cuando se produjo el inicio del cristianismo en Corea. En las diversas persecuciones del siglo XIX hubo ciento tres cristianos martirizados por proclamar su fe y amor a Cristo. Destacan entre ellos, Andrés Kim Taegón, presbítero y gran predicador, y el apóstol seglar Pablo Chong Hasang.   

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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 Viernes   21 de Septiembre de 2018  

“No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”

Hoy celebramos: San Mateo (21 de Septiembre)

Primera Lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13:

Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vinculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y maestros, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud.

Salmo

Sal 18 R/. A toda la tierra alcanza su pregón

El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje, la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los limites del orbe su lenguaje. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»Él se levantó y lo siguió. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?»Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Reflexión del Evangelio del día

Caminad según la vocación a la que habéis sido convocados

Cuando el grupo que sigue al Señor hunde sus raíces en el amor y en la fuerza de la fe éste vive acorde a la vocación a la que ha sido convocado, según piensa el apóstol Pablo. Es la fuente trinitaria de la comunidad, lo que le da vida, comunión, capacidad para ser testigo. Esta manera unitaria de ser es buena medicina frente a todo lo que intenta socavar el encanto de la fraternidad, egoísmo y soberbia. Pablo nos recuerda cuáles son los cimientos de la Iglesia, nuestro mejor patrimonio como comunidad creyente: un bautismo,  un solo Señor, un solo Espíritu y una única esperanza, en función de los cuales vivimos. Esta unidad, no obstante, perfila una preciosa pluralidad que se origina en Cristo, el dador de dones a los hombres. Estos dones se especifican en innumerables carismas y servicios que, puestos a trabajar al servicio de la fe, nos permiten lograr la madurez en el seguimiento del Señor y la plenitud de la gracia que se otorga a todo el que espera en su Palabra. Pero todo el activo creyente se expresa por necesidad en dar, servir, repartir y agradecer. Si así no es, no somos consecuentes con la vocación que hemos recibido.

No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores

Por su oficio, Mateo era uno más de los excluidos de la religión oficial. Sabemos la especial sensibilidad de Jesús sobre los rechazados por su debilidad, condición y oficio. Y a Mateo se acerca el Maestro y le invita al seguimiento. Y con él y con otros pecadores, Jesús se sienta a la mesa: imagen del reino preconizado por él, asentado en la humanidad, misericordia y fraternidad. Lo que no evita el escándalo de los fariseos, expertos en trazar muros separadores del perdón de Dios. Jesús no sabe de separaciones y, menos, en nombre de Dios. Y hace muy bien en poner la norma cultural al revés o, dicho de otra manera, en ridículo; porque ha venido a acoger a los que nadie considera, y a declarar con nitidez que los privilegiados de Dios son los olvidados de los hombres, al igual que el médico se ocupa de los enfermos. Además, recuerda la razón de ser de toda religión: reconocer el amor gratuito, fiel y misericordioso que Dios Padre profesa a todos y, en especial, a los más desasistidos. La prueba del algodón de las religiones y de las expresiones religiosas de las comunidades no es la adhesión externa a una norma religiosa, sino la práctica inequívoca de la misericordia. Jesús así lo traduce recordándonos que somos nosotros los pecadores los principales llamados a su proyecto humanizador, a su Reino. En esta llamada estamos todos, sin exclusión.

De sentado en la mesa de los impuestos a caminante del evangelio con el equipaje del mandato del Señor. Él, y su comunidad, nos han dejado el primer texto de la Buena Noticia redactado en hebreo.

El aprendizaje de la comunidad ¿dónde pone el prioritario acento: en conocer y cumplir la normativa religiosa, o en ejercer de prójimo?

Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)
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 Sábado   22 de Septiembre de 2018  

“Lo que cae en buena tierra son los que dan fruto”

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15,35-37.42-49:

Alguno preguntará: « ¿Y cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo traerán?» ¡Necio! Lo que tú siembras no recibe vida si antes no muere. Y, al sembrar, no siembras lo mismo que va a brotar después, sino un simple grano, de trigo, por ejemplo, o de otra planta. Igual pasa en la resurrección de los muertos: se siembra lo corruptible, resucita incorruptible; se siembra lo miserable, resucita glorioso; se siembra lo débil, resucita fuerte; se siembra un cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual. En efecto, así es como dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, fue un ser animado.» El último Adán, un espíritu que da vida. No es primero lo espiritual, sino lo animal. Lo espiritual viene después. El primer hombre, hecho de tierra, era terreno; el segundo hombre es del cielo. Pues igual que el terreno son los hombres terrenos; igual que el celestial son los hombres celestiales. Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial.

Salmo

Sal 55 R/. Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco, y así sabré que eres mi Dios. R/.En Dios, cuya promesa alabo, en el Señor, cuya promesa alabo, en Dios confío y no temo; ¿qué podrá hacerme un hombre? R/.Te debo, Dios mío, los votos que hice, los cumpliré con acción de gracias; porque libraste mi alma de la muerte, mis pies de la caída; para que camine en presencia de Dios a la luz de la vida. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 8,4-15

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.»Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?»Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»

Reflexión del Evangelio del día

Se siembra lo corruptible, resucita incorruptible

La pregunta que formula Pablo, al principio de esta primera lectura de hoy, seguramente nos la hemos hecho más de una vez: “¿cómo resucitan los muertos? o ¿cómo será  ese cuerpo glorioso tan distinto del terrenal, pues ni los apóstoles ni Mª Magdalena reconocieron físicamente a Jesús resucitado después de su resurrección?

Estamos llamados a la Vida Eterna, a vivir para siempre junto al Señor. Aquí estamos de paso, somos peregrinos, por eso es necesario que nuestro cuerpo muera para resucitar a una vida nueva, con un cuerpo glorioso, totalmente diferente, un cuerpo cien por cien espiritual, libre de la contaminación del pecado, completamente santo, en el cual se restaurará la imagen de Dios en nosotros.

Pablo que está bien enterado en esta materia nos deja claro que lo que muere no  es igual que lo que resucita y lo hace con un ejemplo muy gráfico: “el grano de trigo que brota no es lo mismo que lo que se siembra; se siembra corruptible, resucita incorruptible, se siembra débil, resucita fuerte, etc… Pero aun así los creyentes debemos dejar paso al misterio, pues no podemos saberlo todo ni debemos permitir que esta incógnita sea un obstáculo para nuestra fe, sino todo lo contrario, que sea una inyección de esperanza y de alegría, al saber que resucitaremos en cuerpo y alma como Jesucristo y la Virgen María. Seremos los mismos pero transformados.

Todo esto lo expresa muy bien el prefacio de difuntos: “La vida de los que en ti creen, Señor, no termina, se transforma; y al deshacer nuestra morada terrenal adquirimos una mansión eterna en el Cielo”

Así que, hermanos, no sólo estemos contentos por nuestra resurrección sino también porque nuestros seres queridos, que hemos perdido en este mundo, los volveremos a ver en el otro, en el Cielo.

Lo que cae en buena tierra son los que dan fruto con perseverancia

Como bien explica Jesús mismo en esta parábola, Él es el sembrador y la semilla es la Palabra de Dios. Hay algo que no debemos perder de vista y es que la Palabra de Dios es semilla fecunda, capaz de germinar y de dar frutos de vida eterna. Así que si no hay cosecha, el problema no es de la semilla, no es de la Palabra de Dios, sino de la tierra donde cae esta semilla. Así que en este sentido el texto es muy claro mostrando las cuatro tipos de tierra diferentes.

Ante el mensaje de la Palabra de Dios, vemos en estas cuatro reacciones la libertad del hombre frente a la gracia de Dios. El Señor nunca nos va a violentar para que acojamos su Palabra, Él siempre respetará nuestra libertad, pero eso sí, nunca se cansará de sembrar, de hecho vemos claramente cómo Jesús siembra a voleo. Él siembra generosamente aun sabiendo que algo se va a perder, pero también sabe y tiene esperanza de que habrá una gran cosecha y con perseverancia habrá mucho fruto.

Esta parábola del sembrador nos muestra una vez más la generosidad y la misericordia del Señor, pues Dios no niega su Palabra a nadie, ni a los pecadores, ni a la gente superficial a la que le es indiferente la Palabra de Dios, ni a los que están inmersos en los placeres y riquezas de este mundo, olvidándose de su Creador.

La realidad que vivimos cada día es que en nuestra libertad podemos cerrarnos a la Palabra de Dios y rechazarla, pero no por esto la semilla tendrá menos eficacia porque siempre habrá tierra buena que la reciba, es decir, siempre habrá corazones generosos y abiertos a la Palabra de Dios que den mucho fruto y todo para gloria de Dios.

Miremos en nuestro interior y preguntémonos qué clase de terreno somos y si verdaderamente estamos asumiendo en nuestra vida la Palabra de Dios para que dé fruto, al ciento por uno, como nos dice Lucas.

None MM. Dominicas
Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
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