Preparación de homilías – XXV Domingo del tiempo ordinario – 23/09/2018

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Homilía XXV Domingo del tiempo ordinario

23 de septiembre de 2018 – Ciclo B

“El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí”

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  Introducción  

El discípulo de Jesús ha de seguir sus pasos. Es así como va aprendiendo a discernir las huellas de su presencia en el camino de la vida y a comprometerse en el servicio desinteresado a los hermanos. Conlleva en ocasiones dolorosas renuncias personales, y en todo momento una entrega generosa e ineludible, sin distracciones, con los que constituyen el punto de mira del evangelio: el “niño”, presencia simbólica de los más vulnerables e indefensos. 

¿Seguimiento arduo y difícil? Sí, por no decir imposible, cuando la persona llamada se deja arrastrar por falsos sueños de superioridad que la aíslan de los demás y la enclaustran en la amarga servidumbre de la envidia y la ambición. No tanto, cuando “la sabiduría que procede de lo alto” orienta, impulsa e impregna de sencillez evangélica sus motivaciones más hondas y cada una de sus acciones. Quien acoge consciente y solidariamente a un “niño”, sin restricciones ni limitaciones, acoge al mismo Jesús como enviado de Dios.

Fray Juan Huarte Osácar

Convento de San Esteban (Salamanca)

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del Libro de la Sabiduría 2, 17-20

Se dijeron los impíos: Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: Se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del Señor; es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida. Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará, y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.

Salmo

Sal. 53, 53, 3-4. 5. 6 y 8 R: El Señor sostiene mi vida.

Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder.Oh Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras.

Porque unos insolentes se alzan contra mí, y hombres violentos me persiguen a muerte sin tener presente a Dios.

Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida.Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre que es bueno.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 3, 16–4, 3

Hermanos: Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males.La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera.Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.¿De dónde salen las luchas y los conflictos entre vosotros? ¿No es acaso de los deseos de placer que combaten en vuestro cuerpo?Codiciáis lo que no podéis tener; y acabáis asesinando.Ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo; así que lucháis y peleáis.No lo alcanzáis, porque no lo pedís.Pedís y no recibís, porque pedís mal, para derrocharlo en placeres.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 30-37

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:–El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó:–¿De qué discutíais por el camino?Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:–Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:–El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

La religión verdadera es acoger desde la solidaridad

 

Iª Lectura: Sabiduría (2,12.17-20): El justo piensa como vive

I.1. La primera lectura se toma concretamente de un pasaje que pone de manifiesto el razonamiento de los impíos, de los que están instalados en la sociedad religiosa y política y que no aceptan que un hombre justo, honrado, simplemente con el testimonio de su vida, pueda ser una contrarréplica de la ética, de la moral y de las tradiciones ancestrales con las que se consagra, muy a menudo, la sociedad injusta y arbitraria de los poderosos. Como el libro de la Sabiduría es propio de la literatura religiosa griega, algunos han pensado que a la base de esta lectura está el razonamiento práctico de una filosofía que se muestra en la ética de los epicúreos, quienes defendían una praxis de justicia y honradez en la sociedad.

I.2. En todo caso, la lectura cristiana de este pasaje ha dado como resultado la comparación con los textos del Siervo de Yahvé de Isaías (52-53) y más concretamente, se apunta a la inspiración que ha podido suponer para los cristianos sobre la Pasión del Señor, ya que en ese justo del libro de la Sabiduría se ha visto la actuación de Jesús, tal como podemos colegir de la lectura misma del evangelio de hoy. Los “no sabios” saben muy bien condenar a muerte ignominiosa a los justos. Esa es la única sabiduría que entienden de verdad: el desprecio y la ignominia; es una sabiduría contracultural: ni divina ni humana. Y esta es ya una historia muy larga en la humanidad que tanto se valora a sí misma.

 

IIª Lectura: Santiago (3,16-4,3): Sabiduría: justicia y paz

II.1. La carta de Santiago (3,16-4,3), sigue siendo el hilo conductor de esta segunda lectura litúrgica. Además, como es una carta que pretende establecer un cristianismo práctico, ético y moral, nos pone sobre el contraste dos sabidurías: la que nace de este mundo y anida en el corazón del hombre (envidias, desorden, guerras, asesinatos) y la sabiduría que viene de lo alto (pacificadora, limpieza de corazón, condescendencia, docilidad, misericordia). En realidad a la primera no se le debe llamar sabiduría sino insensatez y negatividad. Son dos mundos y podríamos preguntarnos, de verdad, si el corazón humano no está anidado por estas dos tendencias (dualismo). Nuestra propia experiencia personal podría darnos la respuesta.

II.2. El autor considera que el ser humano, guiado por sus instintos (es el misterio de nuestra debilidad, aunque le atribuye un débito especial al “diablo” para no caer en el principio de maldad en el corazón humano), va hacia la perdición por la envidia con la que nos destrozamos los unos a los otros. Pero el autor propone la sabiduría, que se adquiere por la oración para llegar a esas actitudes positivas que ha mencionado antes. No se trata, pues, de leer este texto en clave moralizante para rebajarlo. Es uno de los textos fuertes del NT, de ese calibre es el cristianismo que pide la paz fundamentada en la justicia.

 

Evangelio: Marcos (9,30-37): El que se entrega debe ser el primero

III.1. El evangelio de Marcos nos muestra un segundo paso de Jesús en su camino hacia Jerusalén, acompañado por sus discípulos. El maestro sabe lo que le espera; lo intuye, al menos, con la lucidez de un profeta: la pasión y la muerte, pero también la seguridad de que estará en las manos de Dios para siempre, porque su Dios es un Dios de vida. Pero ese anuncio de la pasión se convierte en el evangelio de hoy en una motivación más para hablar a los discípulos de la necesidad del servicio.

III.2. No merece la pena discutir si este segundo anuncio de la pasión son “ipsissima verba” o son una adaptación de la comunidad a las confidencias más auténticas de Jesús. Hoy se acepta como histórico que Jesús “sabía algo” de lo que le esperaba. Que la comunidad, después, adaptara las cosas no debería resultar extraño. Este segundo anuncio de la pasión lo presenta el evangelista como una enseñanza (edídasken= les enseñaba). Pero los discípulos ni lo entendían ni querían preguntarle, ya que les daba pánico. Este no querer preguntarle es muy intencionado en el texto, porque no se atrevían a entrar en el mundo interior y profético del Maestro. Jesús tuvo paciencia y pedagogía con ellos y por eso Marcos nos ha presentado “tres” anuncios en un corto espacio de tiempo (8,27-10,32).

III.3. Tampoco Pedro, en el primer anuncio (8,27-33), lo había entendido cuando quiere impedir que Jesús pueda ir a Jerusalén para ser condenado. No encajaba ese anuncio con su confesión mesiánica, que tenía más valor nacionalista que otra cosa. Marcos ha emprendido, desde ahora en su narración una dirección que no solamente es reflejo histórico del camino de Jesús a Jerusalén, sino de “enseñanza” para la comunidad cristiana de que su “Cristo” no se fue de rositas a Jerusalén. Que confesar el poder y la gloria del Mesías es o puede ser un tópico religioso poco profético. En realidad eso es así hasta el final, como lo muestra la escena de Getsemaní (14,32-42) y en la misma negación de Pedro (14,66-72). Los discípulos no entendieron de verdad a Jesús, ni siquiera por qué le siguieron, hasta después de la Pascua.

III.4. En Carfarnaún, en la casa, que es un lugar privilegiado por Marcos para las grandes confidencias de Jesús, porque es el símbolo de donde se reúne la comunidad, (como cuando les explica el sentido de las parábolas), les pregunta por lo que habían discutido por el camino; seguramente de grandezas, de ser los primeros cuando llegase el momento. Sus equivocaciones mesiánicas llegaban hasta ese punto. Jesús tomó a un niño (muy probablemente el que les servía) y lo puso ante ellos como símbolo de su impotencia. Es verdad que el niño, como tal, también quiere ser siempre el primero en todo, pero es impotente. Sin embargo, cuando los adultos quieren ser los primeros, entonces se pone en práctica lo que ha dicho el libro de la Sabiduría. Y es que el cristianismo no es una religión de rangos, sino de experiencias de comunión y de aceptar a los pequeños, a los que no cuentan en este mundo.

III.5. Acoger en nombre de Jesús a alguien como un niño es aceptar a los que no tienen poder, ni defensa, ni derechos; es saber oír a los que no tienen voz; son los pobres y despreciados de este mundo. La tarea, como muy bien se pone de manifiesto en la praxis cristiana que Marcos quiere trasmitir a su comunidad, no está en sopesar si los que se acogen son inocentes o no, sino que debemos mirar a la vulnerabilidad. Quizás los pequeños, los niños, los pobres, los enfermos contagiosos, no son inocentes. Tampoco los niños lo son. Es el misterio de la vulnerabilidad humana lo que Jesús propone a los suyos. Pero los “suyos” –en este caso los Doce-, discutían por el camino quién sería el segundo de Jesús en su ”mesianidad” mal interpretada. Esta es una enseñanza para el cristianismo de hoy que se debe plasmar en la Iglesia. La opción por los “vulnerables” (¡los pobres!) es la verdadera moral evangélica.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

El camino ascendente hacia Jerusalén

Se oye decir en más de una ocasión que no corren vientos favorables para los cristianos. Puede que así sea. Pero, ¿no se nos recuerda en la 1ª lectura la suerte que corrieron los judíos fieles de Alejandría, blanco de los sarcasmos y persecuciones de los renegados y de sus aliados paganos? ¿No remite este texto proféticamente hacia la pasión y muerte de Cristo? ¿Dónde radican los orígenes cristianos? La incomprensión de Jesús, centrado en formar a sus discípulos, constituye precisamente una de las vetas que surca todo el evangelio de Mc.

También hoy en día cuesta acoger el anuncio de la Pasión cuando llegan desde afuera determinados prejuicios y recelos, críticas infundadas o desmesuradas, actitudes y decisiones contrarias al sentir religioso del pueblo de Dios. El cristiano ha de aprender a convivir con situaciones semejantes. La subida a Jerusalén, misterio de muerte y vida, comporta asumir con entereza y sin victimismos el mensaje nuclear del Sermón del Monte: “Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” (Mt 5,11-12; Lc 6,22-23.26). Quienes hemos sido sepultados por el bautismo en la muerte de Jesús (Rm 6,4), ¿no habremos de sopesar nuestras actuaciones, sospechar y dudar de nosotros mismos cuando nos halagan y aplauden, cuando todo marcha viento en popa? Escuchemos al Apóstol: “Nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5,3-5).

Preguntas para el camino  

En el camino de la vida surgen a veces e inesperadamente determinadas preguntas que suelen ser más clarificadoras que muchas respuestas: “¿De qué discutíais por el camino?” Además de sorprender a sus seguidores, la pregunta de Jesús puso de manifiesto, como el relámpago en la oscuridad del horizonte, las motivaciones e intenciones que anidaban en su interior. Ensimismados en sus fantasiosas cavilaciones, recorrían los alegres parajes de los alrededores del lago de Galilea haciendo cálculos sobre los primeros puestos en el Reino. Por eso, al ser sorprendidos y cuestionados, no les cupo otra que “callar”, avergonzados por su actitud.

Sería más tarde cuando cayeron en la cuenta de que les esperaba la dura ascensión hacia Jerusalén. ¿Qué hacer cuando todo se pone cuesta arriba, el sol aprieta y parecen agotarse las fuerzas? ¿Cómo afrontar la frágil soledad de quien transita por senderos accidentados y desconocidos, expuestos a toda suerte de peligros, y echando en falta la mano amiga y samaritana del prójimo? (Lc 10,29-37). Los exploradores enviados por Moisés como avanzadilla para otear sobre el terreno la posible entrada en la tierra prometida del país cananeo, testificaron claramente las dificultades que entrañaba su empresa: “La gente que hemos visto allí son todos ellos gigantes. Nosotros nos veíamos ante ellos como saltamontes, y eso mismo les parecíamos a ellos” (Nm 13,32-33). 

La vida discurre su cauce con preguntas cada vez más pertinentes y comprometidas, difíciles de sortear y eludir. El ir tomando conciencia de las mismas, no solo ayuda a asumir y emprender con mayor realismo y coraje la subida de la montaña sino que propicia el terreno idóneo para fraguar y fortalecer la verdadera esperanza cristiana.

El camino de la sabiduría cristiana

La sabiduría práctica de Jesús, inmejorable guía y maestro de vida, queda de manifiesto en la escena evangélica: el gesto por así decir sacramental de la acogida simbólica de un niño, gesto significativo acompañado de las siguientes palabras: “Quien reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado”. Es esa sencilla y expresiva actitud de sincero servicio a los más humildes y pequeños la que autentifica la credibilidad del verdadero discípulo: “Quien quiera ser el primero, ha de ser el último y servidor de todos”. ¿Qué mejor tarjeta de presentación que el compromiso cristiano con esta nueva escala de valores instaurada por Jesús? 

Si es el niño quien ha de ocupar el centro de la vida comunitaria, ¿dónde queda el protagonismo de la ambición, el honor y la grandeza de los primeros puestos? De ahí la fuerte denuncia del apóstol Santiago, hermano del Señor, a los suyos: ¿Qué sentido tienen entre vosotros las discordias, disensiones y rencillas intracomunitarias? Para nada se corresponden con la sabiduría proveniente del evangelio.

La mirada crítica de Jesús recae directamente sobre sus propios discípulos, desautorizados por su comportamiento para ejercer la misión a la que han sido llamados. Lo más pequeño e insignificante a los ojos de los mortales ocupa paradójicamente el primer lugar a los ojos de Dios. No es el Señor el que está sentado a la mesa, sino el que sirve.

Fray Juan Huarte Osácar

Convento de San Esteban (Salamanca)

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