Preparación de homilías – XXVI Domingo del tiempo ordinario – 30/09/2018

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Homilía XXVI Domingo del tiempo ordinario

30 de septiembre de 2018 – Ciclo B

“¡Ójala todo el pueblo fuera profeta!”

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  Introducción  

Las lecturas de hoy tienen una enseñanza muy clara. En la primera, tomada del libro de los Números, Moisés el líder de Israel, ante el agobio que siente por la tarea de formar y conducir a su pueblo a través del desierto, decide repartir parte de su espíritu distribuyéndolo entre un grupo de ancianos para que le ayuden en su misión. Pero enseguida recoge la acusación contra alguien que está profetizando en su nombre sin ser elegido, pero Moisés lejos de enojarse, exclama: ¡Ojala todo el pueblo de Israel fuera profeta!

El profetismo que soñara Moisés está muy bien diseñado por el Concilio Vaticano II. Todos los cristianos tienen esta condición de profeta ya que participan de la misión profética de Jesucristo. El profeta no es un adivino ni un visionario del futuro, sino el que descubre la presencia de Dios en el mundo y, con el testimonio de su vida, llama la atención para que sus contemporáneos encuentren esa presencia de lo Absoluto que sigue hablándonos en los ambientes más insospechados.

El evangelio, parece dar un paso más en esta misma línea. Jesús, también escucha a sus discípulos escandalizados por la conducta de alguien, “que no es de los nuestros”, pero que está expulsando demonios y les dice: No se lo impidáis. Quien no está contra nosotros está con nosotros.

La enseñanza de Jesús es muy clara, si le seguimos debemos estar abiertos a todo lo bueno y positivo que está presente en el mundo, porque siempre es un signo profético, siempre será una manifestación del amor de Dios venga de donde venga.

Fr. Jesús Mª Gallego Díez O.P.

Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del Libro de los Números 11, 25-29

En aquellos días el Señor bajó en la nube, habló con Moisés y, apartando algo del espíritu que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos; al posarse sobre ellos el espíritu se pusieron en seguida a profetizar.Habían quedado en el campamento dos del grupo, llamados Eldad y Medad; aunque estaban en la lista no habían acudido a la tienda, pero el espíritu se posó sobre ellos y se pusieron a profetizar en el campamento.Un muchacho corrió a contárselo a Moisés:–Eldad y Medad están profetizando en el campamento.Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: –Moisés, señor mío, prohíbeselo.Moisés les respondió:–¿Estás celoso de mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!

Salmo

Sal. 18, 8. 10. 12-13. 14 R: Los mandatos del Señor alegran el corazón.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante.

La voluntad del Señor es pura y eternamente estable;los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Aunque tu siervo vigila para guardarlos con cuidado, ¿quién conoce sus faltas?Absuélveme de lo que se me oculta.

Preserva a tu siervo de la arrogancia, para que no me domine:así quedaré libre e inocente del gran pecado.

Segunda Lectura

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 5, 1-6

Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias que os han tocado.Vuestra riqueza está corrompida y vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra plata están herrumbrados, y esa herrumbre será un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne como el fuego.¡Habéis amontonado riqueza, precisamente ahora, en el tiempo final!El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros campos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor de los ejércitos.Habéis vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús:–Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros.Jesús respondió:–No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.El que os dé a beber un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo, al fuego que no se apaga.Y si tu pie te hace caer, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que ser echado con los dos pies al abismo.Y si tu ojo te hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser echado al abismo con los dos ojos, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Una religión de apertura a todos los hombres

Iª Lectura: Números (11,25-29): El Espíritu “en el pueblo”

I.1. La primera lectura, del libro de los Números (11,25-29) nos cuenta un episodio extraño, propio de las religiones ancestrales, en el que un grupo de ancianos, recibiendo el espíritu de Moisés, se ponen a profetizar. Era como una ayuda que Moisés tuvo para atender a los problemas de impartir justicia y orientar al pueblo en el desierto. Pero quizás lo más importante de esta lectura sea poner de manifiesto que el Espíritu, como don de Dios, no se puede reducir a unas formas exclusivamente institucionales. Esos dos personajes llamados Eldad y Medad representan a aquellos que han recibido un don carismático fuera de los ámbitos institucionales.

I.2. En realidad, no son los protagonistas de esta lectura los ancianos, ni Moisés, ni estos dos personajes mencionados, sino que es el Espíritu que impulsa a los hombres. Por ello es muy digna de consideración la actitud de Moisés quien, ante el escándalo de su asistente Josué, afirma que es todo el pueblo el está llamado a profetizar. Y profetizar, en primer lugar, significa abrirse al don del Espíritu, y después ponerse al servicio de todos para trasmitir la voluntad salvadora de Dios.

 

IIª Lectura: Santiago (5,1-6): Contra los ricos

II.1. La carta de Santiago nos ofrece uno de sus textos más famosos y más duro sobre los ricos y las riquezas. Hay toda una filosofía y una dialéctica sobre si lo peor es ser ricos o es la misma riqueza. En realidad la riqueza ¿qué es? ¿es en sí mala? Se ha dicho que la riqueza no existe si alguien no la practica. El texto de Santiago habla a los ricos, y la riqueza es su condena. El problema, pues, es acumular injustamente bienes, robando, matando o impidiendo que otros tengan los necesario. Ese es el ejemplo de la riqueza con el que se opera en la carta de hoy.

II.2. Existen cosas bellas acumuladas, que no son de nadie, o son patrimonio de un pueblo o de la humanidad, o de museos, y sabemos que esa riqueza no afecta a la injusticia del mundo. La riqueza de la que aquí se habla es aquella que se posee por la injusticia y la sin razón. Por ello, pues, son los ricos los que caen bajo las palabras directas de esta invectiva moralizante del autor de la carta de  Santiago. Por lo tanto, ser ricos en esas condiciones en las que se pone de manifiesto la injusticia, la acumulación de lo que no es necesario, mientras otros pasan hambre o no tienen trabajo, es verdaderamente antievangélico.

 

Evangelio: Marcos (Mc 9,38-43.45.47-48): El evangelio contra el puritanismo

III.1. El evangelio de hoy nos cuenta una pequeña historia, parecida a la que hemos encontrado en la vida de Moisés sobre el espíritu que se da libremente a dos personajes que no pertenecían al grupo de los ancianos. En este caso, Juan, ha encontrado a alguien que hace milagros o exorcismos y quiere impedírselo como si eso fuera exclusivo de Jesús, el profeta de Nazaret. Pero Jesús, en una respuesta que se asemeja a la de Moisés exige que no se le impida, porque todo el que hace el bien (ese es el sentido que puede tener el hacer milagros en nuestro texto) no puede estar contra Jesús que vino a hacer el bien a los hombres. Es verdad que existe otra sentencia de Jesús, de la fuente Q, que no estaría en esta línea (cf Mt 12,30; Lc 11,23): “quien no está conmigo, está contra mí” y que expresaría la radicalidad de algunos profetas itinerantes que defendieron un exclusivismo como el de Juan.

III.2. Es verdad que el conjunto de dichos que se concentran en Mc 9,42-50 se presta a muchas lecturas. Están expresados con los giros semíticos propios del lenguaje de contraste. Nadie debe tirarse al mar atado a una piedra; como nadie puede odiar a los suyos por amar a Jesús y su evangelio. El escándalo del que nos habla el evangelio de hoy no está relacionado con un puritanismo moralizante que lleva a excesos inhumanos. Es un escándalo de los “pequeños”, los que pueden ser “exorcistas extraños”, pero que no son contrarios al evangelio, a la bondad, a la sabiduría divina. Con sus obras, con sus actitudes y sus luchas deben ser considerados en toda su dignidad, aunque no sean de los nuestros. Se quiere poner de manifiesto, por parte de Jesús, que en ellos también hay algo del reino que él ha venido a traer.

III.3. Esta enseñanza del evangelio de hoy pone de manifiesto que la praxis cristiana no puede defenderse como exclusivismo y como independencia absoluta. Todos los hombres son capaces del bien, porque todos los hombres han recibido los dones de Dios. Por lo mismo, allí donde se trabaja por los demás, donde se abren las puertas a los hambrientos y los sedientos, aunque no conozcan al Dios de Jesús, allí los cristianos pueden participar sin exigir garantías jurídicas que justifiquen sus compromisos. La comunidad cristiana, la Iglesia, no debe presentarse como el “gheto” de los salvados o redimidos con criterios de puritanismo y legalismo, porque esta promesa es para todos los hombres.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

Misión profética del cristiano en el mundo

El Concilio Vaticano II, presenta a la Iglesia como Pueblo de Dios y Sacramento de Reconciliación para todos los hombres, poniendo de relieve esta condición profética de todos los cristianos por el hecho de serlo. Habla después de los carisma o cualidades como dones del Espíritu para la construcción de la Iglesia, recogiendo la doctrina se S. Pablo sobre el cuerpo místico de Cristo. En este sentido la Iglesia es mediadora de la salvación no solo a través de sus ministros, ya que actúa por todos sus miembros debidamente estructurados. Por eso, cada cual en el lugar que le corresponde sigue siendo alguien necesario en la construcción del Reino de Dios.

La misión profética del cristiano en medio del mundo es ayudar a descubrir donde está Dios, las huellas de Dios, poniendo de relieve cuál es su proyecto para con los hombres y por donde van hoy sus designios de salvación ya que el Espíritu está siempre presentes en la sociedad y en la cultura en que vivimos.

Por eso es muy interesante subrayar la necesidad de hacer visible el mensaje de Jesús siempre actual en sus valores, a veces ocultos en una religiosidad más pendiente de lo normativo o lo ritual que no transparenta los valores más vivos que predicó Jesús fundamentados siempre en la justicia y el amor.

¿ Qué es hacer milagros o echar demonios ?

Jesús nos descubre en su vida pública un modo nuevo de ser profeta fundado en el poder de todos los hombres y mujeres para cambiar el mundo venciendo el mal con la fuerza del bien. Es una forma l de hacer milagros o echar demonios, porque todos tenemos la posibilidad de sacar lo mejor de nosotros mismos, trabajando por un mundo más justo y humano. En este sentido todos somos agentes de esa trasformación, aunque no estemos “catalogados” en grupo determinado de acción pastoral.

Y es que ningún grupo humano por muy elevado que sea tiene la exclusiva y menos el monopolio de hacer el bien Es la gran enseñanza que nos da Jesús, “no es de los nuestros”, pero no se lo impidáis. El bien siempre es obra de Dios, todos los esfuerzos para luchar por la liberación y la dignidad humana donde quiera que sea nos hablan del amor de Dios a los hombres y de su acción liberadora frente a las víctimas del odio, la explotación, el desprecio, la discriminación injusta y la falta de amor.

Dios siempre actúa en la historia de forma insospechada para nosotros. La duda surge, para algunos, cuando no es la Iglesia oficial la que actúa o habla, porque nos parece que nos falta una seguridad que nos viene de la Institución que nos protege. Pero el creyente adulto debe huir de dos extremos, muy frecuentes en la sociedad actual. Por una parte el caer en un relativismo ante el magisterio de la Iglesia sin tenerlo en cuenta, viéndolo como algo que coarta la libertad humana, pero también está la postura contraria, cómoda, conformista y falta de crítica, que impide tomar posturas adultas y personalizadas en la fundamentación de la propia fe.

El bien que podemos hacer, signo de la presencia del Reino de Dios entre nosotros

El evangelio de hoy tiene una segunda parte en la que Jesús señala con tonos muy gráficos y a la vez duros, la postura que sus discípulos deben tener ante el bien o el mal que siempre puede estar presente en la propia conducta:

Primero, nos dice que cualquier acto, cualquier gesto, por muy pequeño que sea, como el dar un vaso de agua a quien tiene sed no quedará sin recompensa, porque siempre será un signo del Seguimiento de Cristo y una mediación en la implantación del Reino. Pensemos en tantas obras asistenciales de la Iglesia, para muchos el único signo visible de la presencia de Dios en la Iglesia institucional. Un vaso de agua es muy poca cosa, quizás por esto señala algo al pareces sin importancia pero no carente de valor. De ahí que el ejemplo tan demostrativo elegido por Jesús, porque nuestro Padre Dios se ocupa de las necesidades aparentemente pequeñas de sus hijos.

Advertencia sobre la posibilidad del escándalo

A continuación Jesús, como contraste, habla del mal, nos advierte de la fuerza del mal siempre posible en nosotros. El lenguaje metafórico es duro, nos habla de ser intransigentes cuando alguien es causa de escándalo para los que el evangelio llama, “pequeños” es decir, los frágiles, los sencillos, aquellas personas que por su falta de formación pueden ser dañadas en su fe.

Este texto se ha aplicado con frecuencia para señalar el cuidado que debemos tener con los niños, los menores de edad, hoy por desgracia es un tema de actualidad por los casos de pederastia. Pero no debemos restringir su intencionalidad. Jesús nos viene a decir que todos somos responsables de la fe de los otros y debemos cuidar de ella. Lo interesante es señalar que al recalcar todo esto, con un tono tan fuerte, quiere subrayar la gravedad de estas actitudes a veces frívolas o despreocupadas que se dan entre nosotros con frecuencia, porque todos somos responsables de la fe de nuestros hermanos.

El peligro de las riquezas

En este mismo tono, y como una aplicación de lo anterior nos habla Santiago en la segunda lectura. Es una reflexión sobre al papel que el dinero puede adquirir en la vida de los seguidores de Jesús. El Apóstol nos presenta el dinero como un peligro por su mal uso, puede ser incluso un ídolo, que al centrarnos en él, nos aparta de Dios. No es un mal en sí mismo, pero la acumulación del dinero, a veces injustamente ganado, repercute a su vez en el empobrecimiento de los demás. Y en definitiva nos aparta del proyecto de Jesús para con nosotros. Aquí tampoco caben componendas o medias tintas.

Sigue siendo hoy un tema de actualidad. Se habla mucho del enriquecimiento de unos pocos, rápido y a cualquier precio, es la cultura del pelotazo, a la vez también se ofrecen estadísticas para concienciarnos sobre el hambre y el subdesarrollo que sufre gran parte de la humanidad como consecuencia de esa acumulación de riquezas por unos pocos. Pero el acostumbramiento al bienestar es esta sociedad nuestra, hace que a la larga todo siga igual.

El peligro está en que fácilmente nos centramos en nuestro propio Yo, en nuestro afán de poseer, de comodidad, de bienestar y, en consecuencia, nos alejamos de los demás. Ignoramos o no queremos ver las situaciones penosas que viven una gran parte de la humanidad al carecer de lo más elemental. Como defensa, siempre tendremos miles de argumentos para justificar nuestra demasía en el consumo y en afán de bienestar egoísta.

Como se ve, también en esta carta de Santiago, de tonos enérgicos y muy expresivos, encontramos motivos para la radicalidad y la intolerancia ante el mal. Es una exigencia para seguir el proyecto que nos ofrece Jesús en su seguimiento para la implantación del Reino.

Fr. Jesús Mª Gallego Díez O.P.

Convento de Ntra. Sra. de Atocha (Madrid)

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