Preparación de homilías – Todos los Santos – 01/11/2018

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Homilía Todos los Santos

1 de noviembre de 2018 – Ciclo B

“Estos son los que vienen de la gran tribulación”

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  Introducción  

En los ss. IV-V se empezó a hacer memoria de los santos y santas en la plegaria eucarística. Se recordaba sobre todo a las personas mártires, las que habían sido matadas por ser cristianas y vivir como tales. Según el lenguaje apocalíptico eran “los que vienen de la gran tribulación y han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero”  (Apocalipsis, 7, 14) Después se fue haciendo memoria también de otros santos y santas. En el s. IX empezó a celebrarse en Roma la fiesta de todos los santos y santas el día 1 de noviembre y desde Roma se desparramó por el mundo entero hasta el día de hoy

La primera lectura del libro del Apocalipsis nos acerca a ese momento de la historia del cristianismo en la que existía un odio profundo a todo lo cristiano. El Apocalipsis tiene que infundir esperanza a aquellas primeras comunidades y a todas las que a lo largo de la historia han vivido su condición de hijos de Dios y hermanos de todos  (2ª lectura) y eso ha despertado en ellos valores esenciales para construir una nueva humanidad (evangelio) a la vez que rechazo y odio.

Es un motivo de verdadero gozo y esperanza poder celebrar que siempre hubo hombres y mujeres que descubrieron la fuerza y ternura de Dios, como Jesús, que se abrieron confiadamente a él, que se dejaron construir por él y que se convirtieron así en personas de referencia, a las que miramos con orgullo y agradecimiento, con esperanza y con una cierta envidia, pues ¡quien pudiera ser, algo por lo menos, como fueron esas personas! Todos ellos y ellas siguen enviándonos su luz: su amor sin límites por los más pobres, su pasión por la justicia y por la paz y su sencillez en el servicio a los demás.

Fr. Manuel Sordo O.P.

Casa del Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles:–«No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.»Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.Después de esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente:–«¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!»Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo:–«Amén.La alabanza y la gloria y la sabiduríay la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerzason de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»Y uno de los ancianos me dijo:–«Ésos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son y de dónde han venido?»Yo le respondí:–«Señor mío, tú lo sabrás.»Él me respondió.–«Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»

Salmo

Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 R. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación.Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 1-3

Queridos hermanos:Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manífieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.Todo el que tiene esperanza en él se purifica a sí, mismo, como él es puro.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentio, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:–«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

Saber ser hijos de Dios como programa de santidad

La liturgia de este día nos brinda la celebración de una de las fiestas más populares y entrañables: la festividad de todos los Santos y , a la vez, la ocasión para reconsiderar nuestra vida cristiana mirando hacia adelante, hacia el final de la historia de cada uno y de la humanidad.

Iª Lectura: Apocalipsis (7,2-4.9-14):El canto de los redimidos

I.1. En la primera lectura, en dos visiones, se nos muestra la apertura del misterio de la historia con la visión del ángel que trae el sello para guardar a aquellos que deben ser liberados de la destrucción. El libro del Apocalipsis, como sucede en la literatura de este tipo, literatura religiosa por excelencia, pero radicalmente mítica, necesita ser interpretado con la riqueza de los símbolos. Este tipo de literatura se produce en tiempos de crisis y debemos estar atentos a no confundir simbolismo con realidad. El sello sobre los siervos de Dios sella su pertenencia a El y, por lo mismo, la garantía de ser salvados.- La visión de la multitud inmensa, incontable, es un paso más en este simbolismo y probablemente propone algo que se relaciona con las diferencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre la antigua y la nueva Alianza. Por eso se dice que, si en la primera visión se habla 144.000, era para hablar del pueblo de la Antigua Alianza, mientras que el “número incontable” representa al nuevo pueblo de Dios que ha ganado Cristo, el Cordero sacrificado, con su sangre. Los ángeles, los mensajeros de Dios, realizan sus planes del juicio y de salvación. Por eso, cuatro de ellos están en los cuatro puntos cardinales, dispuestos a desencadenar los vientos que destruyan el mal de la historia; pero de Oriente llega otro mensajero (donde nace el Sol: Dios), que trae la gran noticia, de que antes deben poner un señal en las puertas como sucedió a los israelitas en el momento de la Pascua de Egipto. Estamos, pues, ante una famosa liturgia Pascual, del día del Señor, en la que el autor nos ha querido situar al principio de su obra.

I.2. En el texto se nos quiere hablar de mártires, pero también de todos aquellos que han pasado por la tribulación de la historia, se han lavado en el bautismo, en nombre de Jesucristo, en el misterio Pascual…y están ante el trono de Dios. Las palmas, en la antigüedad, son signo de los vencedores. Y, aunque pudiera centrarse en los que han sido martirizados y han vencido por el martirio, no se puede pensar que todos son mártires. Por eso, más bien se trata de una palma para alabar a Dios y a Cristo que son los auténticos vencedores de la historia. El tema que se propone es el de la salvación (aparece aquí y en Ap 12,10 y 19,1). Se insinúa algo de los Salmos 118,25, 3,9. El sentido es que Dios ha liberado a los hombres del poder del mal, representado en el Imperio, como Satanás y como la gran prostituta en las otras dos citas que hemos mencionado. La victoria, pues, de los hombres y de los mártires pertenece muy especialmente al Cordero, quien ha dado su vida precisamente para que sea vencido el poder de los hombres que engendra el odio y la muerte.

I.3. Pero la “palma” se la lleva el himno que es una confesión de fe: la salvación se debe a Dios y al Cordero. La salvación, la liberación… no dependen de los hombres, sino que es una gracia de Dios que ellos han acogido y se han mantenido fieles a la fuerza salvífica del amor crucificado, de la Pascua. Por eso lo proclaman en la liturgia celeste. Y entonces, toda la asamblea celeste (ángeles, ancianos y vivientes), se prosternan ante Dios y lo adoran cantando: Amen… Bendición y gloria, sabiduría y acción de gracias, honor, poder y fortaleza a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amen (v. 12). Los que han muerto fieles a Dios y a Cristo, bien en el martirio, bien en su fidelidad a la fe cristiana centrada en el misterio Pascual, han pasado por la tribulación de la historia, donde reina el poder del mal. Pero ahora gozan de la fidelidad eterna, aunque hayan pasado por la muerte. Lavar sus vestiduras en la sangre del Cordero es una teología bautismal, también eucarística, inspirada en algunos textos del AT (Ex 19,10.14).

I.4. La muerte y la resurrección de Cristo son el punto clave de la teología del bautismo y de la eucaristía. La imagen que se ha escogido para expresar la felicidad es que están ante el trono: y Dios los cobija en su tienda, la shekiná, la presencia de Dios, como Jn 1,14 había escogido para expresar el misterio de la encarnación. Ahora es cuando se cumple la profecía del Enmanuel verdaderamente, porque Dios estará con los resucitados para siempre. No tendrán más hambre, ni tendrán más sed: expresiones de debilidad, de necesidad; ni caerá sobre ellos el sol, como si estuvieran en el desierto, porque Dios mismo es la razón de su existencia. Y Cristo, el Cordero, será el que apaciente a su pueblo, será pastor siendo Cordero, para llevarlos a las fuentes de agua viva. Efectivamente, los vv. 15-17 son las imágenes escogidas por el autor del Ap para hablar de la vida futura, escatológica, de la victoria sobre la muerte según muchas expresiones que podemos encontrar en los textos del AT (v.g. Is 25, 8) y de la teología joánica (Jn 4,14; 7,38), que son las fuentes de la revelación.

 

IIª Lectura: Iª de Juan (3,1-3): La imagen de hijos de Dios

II.1. Este texto es una teología sobre la vida cristiana que se representa bajo la imagen y la experiencia de “ser hijos de Dios”. Se trata de una alta teología como corresponde al círculo de las comunidades cristianas de Juan, tanto del evangelio como de las cartas. Y en este marco teológico deberíamos pensar que, precisamente el misterio de la santidad que hoy se celebra hace referencia directa a que lo más importante de la vida cristiana es ser, y no perder, la imagen de hijos de Dios.

II.2. Si el título cristológico más coherente de la teología joánica, justamente, es lo que afecta a la filiación divina de Jesús, también para sus seguidores debe existir una posibilidad de vivir en el ámbito de las relaciones entre el Padre y el Hijo. Por ello se dice que seremos semejantes a Él. Muchos santos ,desconocidos para nosotros, lo son porque han sabido guardar sencillamente la imagen de hijos de Dios en sus vidas. Por eso, la expresión “veremos a Dios tal cual es” viene a ser una de las afirmaciones más teológicas. El misterio de Dios se hará luz y “hijos de Dios” no tendremos miedo de contemplar el “rostro” de Dios, la intimidad de Dios, la misericordia de Dios. Para eso se nos ha creado y para eso hemos nacido. ¡Vivamos con esperanza!

 

Evangelio: Mateo (5,1-12): Las opciones del Reino

III.1. El evangelio de esta fiesta es ya proverbial; se trata de las bienaventuranzas de Mateo, cuyo texto, además, tiene la solemnidad de una proclamación, sobre un monte (de ahí el Sermón de la Montaña en que está contextualizado), y para toda la multitud, como sería la multitud incontable del texto de Apocalipsis ( primera lectura). Es la carta magna del discipulado, de la vida cristiana, del seguimiento de Jesús, de la salvación futura. Las bienaventuranzas son creativas, no cuantitativas. Son los puntos más determinantes con los cuales Jesús ha pretendido una nueva humanidad, un nuevo pueblo. No se trata de proponer algo exótico, mágico o taumatúrgico, sino algo bien humano. No obstante, es verdad que se plantea un auténtico esfuerzo por conquistar la gloria, la libertad y la paz. Se propone la pobreza que libera el corazón de muchas ataduras, la misericordia que introduce en las relaciones humanas la benevolencia y el perdón, la limpieza de corazón para juzgar y ser juzgados, la lucha por la justicia, porque Dios es justo. Se proclaman bienaventurados por haber elegido lo que el mundo no elige, simplemente porque odia; por haberse decidido por el sentido mejor de la vida. Se trata de una posibilidad de santidad que se debe vivir ya desde ahora, aquí en nuestra historia; no queda para después de que todo haya acabado.

III.2. Se ha insistido mucho en los aspectos literarios y exegéticos de las bienaventuranzas de Mateo (5,1-12) y de Lucas (6,20-22) sobre el tenor original, es decir, aquellas que están más cerca de las palabras de Jesús. Sin duda, todo tiene su sentido, pero quedan muchas preguntas sobre la mesa, porque se permiten diferentes interpretaciones. El texto original que se tomó del texto de Q (sea simplemente Documento o Evangelio como algunos defienden hoy) podría estar bien representado en Lucas, pero no es algo absoluto. Sabemos que las bienaventuranzas tienen un ámbito muy coherente en la literatura sapiencial, la que enseña a vivir, a comportarse, a elegir lo que da o no da sentido a la vida. La propuesta de Jesús, por lo tanto, no está lejos de este contexto sapiencial: con las bienaventuranzas Jesús quiere proclamar el Reino de Dios y quiere enseñar a vivir en ese Reino al que dedica su vida. Son expresiones que nos muestran a un Jesús “profeta escatológico” (no necesariamente apocalíptico), que quería anunciar lo que debería cambiar esta historia.

III.3. Algunos especialistas han hecho una traducción sobre las bienaventuranzas en las que siempre es determinante el verbo “elegir”. Considero que puede ser discutible, pero es esclarecedor. Eso significa que proclamar bienaventurado (makários) a alguien no es porque sí, por su cara bonita, porque es un desgraciado o porque es o ha nacido en esta o aquella situación. En las bienaventuranzas, por su tono sapiencial, son muy importante las opciones: elegir ser pobre y no rico en este mundo; elegir la justicia y no otra cosa; elegir la paz. Aquí están representados los valores del reino, los valores de la vida ante Dios. Esto, independientemente de las bienaventuranzas auténticas de Jesús o las añadidas por la tradición catequética de la comunidad de Mateo. Es verdad que el término “elegir” no está en el texto, pero lo implica necesariamente. ¿Por qué? Porque no se trata de una proclamación sin contar con la voluntad soberana del hombre que vive y hace la historia.

III.4. Un factor muy importante de lectura e interpretación sería hacer el intento de traducir a un lenguaje de hoy el texto de las bienaventuranzas; teniendo en cuenta ese sentido sapiencial del que hemos hablado y esa “opción” o “elección” que hemos planteado como necesaria. Debemos conservar las palabras del evangelio, de Mateo o de Lucas, si es posible en su tenor y en su sentido original. Pero hoy debemos enriquecer nuestra comprensión de las mismas con el “espíritu” que emana de ellas. Es como cuando hemos vivido y atravesado un puente romano durante todo la vida, pero ahora, sin destruir ese puente, porque la ciudad ha crecido, hacemos uno nuevo, con tecnología punta. Subsisten los dos, pero quizás por el romano no pueden pasar todos los vehículos pesados de hoy. Los limpios de corazón, por ejemplo, son dichosos porque están abiertos a los demás y los valoran como hijos de Dios. Es decir, seamos creativos y proféticos al interpretar las bienaventuranzas del Reino.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

Un mar de fueguitos

A veces en nuestra predicación puede ser bueno introducir una historia o cuento que nos ayude a centrar la Palabra del día. Propongo para este dia de “Todos los Santos y Santas” esta sencilla narración de un escritor uruguayo (Eduardo Galeano) que podemos encontrar fácilmente en internet. El texto dice así:

“Un hombre del pueblo de Negua, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. -El mundo es eso –reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.”

No es difícil encontrar, entre los que vivieron en épocas pasadas y entre los que viven en la época presente, en nuestro mundo fuegos de diversos colores que “arden la vida con tantas ganas… que quien se acerca se enciende”. Eso pasó con Jesús de Nazaret, lleno del fuego del amor del Padre y Madre Dios y de la pasión por una nueva humanidad a la que llamaba “el Reino”.  Quienes se acercaron o se acercan a El no pueden  hacer otra cosa que “encenderse“ de amor y gastar su vida encendiendo y alumbrando al experimentar en su cuerpo o en el de sus semejantes “la gran tribulación” en la que se siente sumergido nuestro mundo.

Los santos nos acercan a Dios

Tenemos un poco olvidada esa frase que rezamos en el credo: “creemos en la comunión de los santos”. Los santos, entre los que están nuestros familiares y amigos, no son personas pasivas viviendo en un misterioso espacio. Son personas vivas, resucitadas como Jesús, que interceden por Dios ante nosotros. Su intercesión consiste en ser defensores, defensoras de cada uno y del pueblo. Pero no porque Dios sea un Dios duro y distante, y que por eso necesitemos de personas santas, cercanas a él, para que él se ablande y se conmueva de nosotros y nos conceda tal o cual cosa. Dios siempre está dispuesto a la compasión, al acompañamiento amoroso, siempre y antes de que se lo digamos nosotros o se lo digan los santos. Los santos y santas nos ayudan a descubrirlo así, porque ellos, ellas así lo experimentaron en sus vidas. No se trata tanto de conmover a Dios en favor nuestro –Dios siempre está a nuestro favor–, cuanto de conmovernos a nosotros para que le hagamos caso a Dios y nos dispongamos a vivir con entrañas de compasión entre nosotros, con todo el mundo, sobre todo con la gente más frágil de la comunidad, del pueblo. Preguntémonos si experimentamos así la “comunión de los santos”, si vivimos así nuestra relación, nuestra devoción a los santos y santas que admiramos, sean santos oficialmente proclamados o sean santas personas que en esta vida vivieron en nuestro entorno.

Los santos testigos de valores humanos

Estamos en tiempos en los que diariamente los medios de comunicación nos están presentando figuras de hombres y mujeres que, al revés de los santos y santas, se dejaron coger por la corrupción, por el afán de tener dinero y tener poder, por la avaricia, por el egoísmo, por el desprecio a la gente más débil, por la apropiación de lo público, por la mentira, por la apariencia, por el vacío personal, por la deshumanización en una palabra. Estos no son un modelo y un referente a seguir. Pero si lo son aquellas personas que dieron testimonio de los valores de Jesús (las bienaventuranzas) en su vida privada o pública: no tuvieron  amarrado el corazón ni al dinero ni a las cosas, fueron amables con los demás, se preocuparon de todo aquel que sufría, trabajaron para que en la vida de cada día seamos un poco más más hermanos y compartamos todas las cosas, prestaron ayuda a los demás, cultivaron desde el silencio un corazón noble y honrado, trabajaron por construir la justicia y la paz. Posiblemente estas personas no fueron muchas veces bien entendidos y a veces hasta criticados pero no había ninguna ambición personal en su conducta sino que obraron así porque desde que fueron conscientes de su bautismo se sintieron como Jesús hijos de Dios y hermanos de todos. O si por ser de otra cultura o religión, sin conocer a Jesús, resulta que lo que hicieron “lo hicisteis conmigo”(Jesús) ( Mt 25, 31-46: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, “conmigo lo hicisteis”).

Fr. Manuel Sordo O.P.

Casa del Stmo. Cristo de la Victoria (Vigo)

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