Preparación de homilías – XXXIII Domingo del tiempo ordinario – 18/11/2018

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Homilía XXXIII Domingo del tiempo ordinario

18 de noviembre de 2018 – Ciclo B

“Sabed que él está cerca, a la puerta”

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  Introducción  

Cercano ya el fin del año litúrgico, -celebramos el penúltimo domingo del año litúrgico y el último del tiempo ordinario, el próximo es la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo- el tema fundamental es la segunda venida del Hijo del Hombre.

El evangelista Marcos en su discurso escatológico narra las preguntas que hacen a Jesús sus discípulos sobre las circunstancias y señales del final de los tiempos.

Ante tales circunstancias surgen en nosotros preguntas de difícil respuesta que pueden llevarnos a perder el norte de nuestro vivir cristiano cambiando la orientación nuestra, quizá por falta de confianza.

La actitud de la confianza en el Señor Jesús, en medio de los signos apocalípticos y aterradores, que tanto la primera lectura como el evangelio nos presentan, no deben desorientarnos causándonos desasosiego, dolor, miedo y desconcierto. El antídoto para ello es la confianza en la palabra de Jesús: ”verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad… para reunir a sus elegidos”

La vivencia responsable de la confianza cristiana, según los caminos del Señor, quitan el miedo, ya que él ha ofrecido para siempre la ofrenda que perfecciona a los que se refugian en él (salmo responsorial); perfección que culmina en la resurrección “muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida perpetua” (1ª lectura). 

La higuera, recuerdo del Génesis, alienta a la humanidad hacia ese cambio y transformación del cristiano que mira el futuro con ojos de resurrección.

El presente, fundamentado en la palabra de Dios, nos lanza e impele al futuro glorioso que da fuerza y dinamismo para recorrer dicho camino.

Cristo Jesús, camino de la comunicación con Dios y de la felicidad plena, nos introduce en la comunión de los santos.

Fr. Carlos Recas Mora O.P.

Convento del Santísimo Rosario (Madrid)

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del Profeta Daniel 12, 1-3

En el tiempo aquel se levantará Miguel, el arcángel que se ocupa de tu pueblo: Serán tiempos difíciles, como no los ha habido desde que hubo naciones hasta ahora.Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo despertarán: unos para vida perpetua, otros para ignominia perpetua.Los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad.

Salmo

Sal. 15, 5 y 8. 9-10. 11 R: Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.

El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano.Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré

Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas,y mi carne descansa serena:Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 11-14. 18

Hermanos: Cualquier otro sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. Pero Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; está sentado a la derecha de Dios y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies.Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados.Donde hay perdón, no hay ofrenda por los pecados.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 13, 24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas,deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca,a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

El final del mundo será el triunfo del bien sobre el mal

Iª Lectura: Daniel (12,1-3): Dios triunfa salvando

I.1. La lectura del libro de Daniel nos introduce en un contexto que habla del final de los tiempos, de los tiempos escatológicos. Es la expresión de un mundo apocalíptico, que fue una corriente que aparece en el s. II a. C. con objeto de responder a tiempos difíciles y de angustia para el pueblo elegido. El libro de Daniel no es propiamente el libro de un profeta, sino de un apocalíptico, cuya sintonía con la historia es a veces difícil de descifrar. En esta literatura se habla de una gran conmoción de la historia y se recurre a unos signos extraordinarios para animar a los que sufren y guardan su fidelidad a Dios. Su visión de la historia está sombreada por una visión dualista de la misma que puede llamar a engaño. Este mundo solamente, parece, tiene solución si Dios interviene y termina con todo en beneficio de los buenos, o del pueblo elegido o de los que han impuesto su criterio. Es una solución que tiene ciertos esquemas poco adecuados, aunque, por otra parte, palpita un deseo ardiente de ver a Dios intervenir en la historia que ha creado; y esto es positivo. Pero esa intervención no será según quieren los hombres, sino en la libertad soberana de Dios.

I.2. En nuestra lectura de hoy, Miguel “¿quién como Dios?”, el protector del pueblo según aquella mentalidad, vendrá para proclamar salvación y resurrección para los elegidos. Es en este libro donde aparece por primera vez la resurrección y la vida más allá de la muerte en la fe de Israel. Es esto lo más importante a señalar. Porque en esta lectura apocalíptica hay un mensaje de esperanza y salvación. Es verdad que en aquél momento la teología no daba más de sí, y solamente se proclamaba para los elegidos; pero desde una lectura del Nuevo Testamento, la resurrección y salvación de Dios está abierta a todos los hombres que confían en El.

I.3. Efectivamente, a Israel le costó mucho llegar a una solución de la vida humana después de la muerte. Y eso que tenemos salmos y oraciones que podrían conducir a ver que estaba implicado un mensaje de esperanza más certero en la misma antropología bíblica. Por tanto, si hay resurrección, una vida después de la muerte, una vida en las manos de Dios, entonces los textos e imágenes apocalípticas deben leerse como el resultado de una conquista humana y religiosa, por la cuál se responde al anhelo que todos llevamos en nuestro corazón. Estamos hablando de “experiencias” religiosas de una época y de una cultura. Lo importante es la verdad que en ello hay, no las imágenes míticas con las que se reviste el lenguaje apocalíptico. El oprobio, la condenación, el juicio… es el ropaje de la época para hablar del triunfo de Dios. Pero, como creemos por el mensaje del NT, el triunfo de Dios no tiene que ser necesariamente así; el juicio de Dios sobre los hombres y la historia ha de ser salvando y humanizando.

II ª Lectura: Hebreos (10,11-14.18): Sacrificio nuevo: vida entregada a Dios y a los hombres

II.1. La segunda lectura nos ofrece el último texto de la carta a los Hebreos en este ciclo que está a punto de terminar. Se vuelve a insistir en la diferencia entre el sacerdocio y los sacrificios de la antigua Alianza y el sacerdocio y el sacrificio de Cristo. Lo que el autor de la carta a los Hebreos nos quiere señalar es que los ritos, las ceremonias, los sacrificios de animales, están vacíos porque no consagran nuestra vida al Dios vivo y verdadero. El autor de la carta quiere apoyar su tesis de la fuerza del sacrificio de Cristo que une verdaderamente a Dios y a los hombres, en el Sal 110. Por eso, a diferencia de los sacrificios de la antigua ley, el de Cristo lleva a la perfección (téléioun) lo que deben ser las ofrendas a Dios. No deben ser de animales que nada comprometen ni al que las ofrecía ni a los mismos oferentes (aunque muchos lo hacían muy de corazón). La ofrenda de la vida es lo que vale, como decía Oseas 6,6: “misericordia quiero y no sacrificio; conocimiento de Dios…”.

II.2. Se habla que Cristo está junto al Padre, en el santuario celeste, para interceder por nosotros, porque su sacrificio de amor en la cruz permanece eternamente. Ese es el sacrificio que ha perdonado de antemano los pecados de todos los hombres. Saber que seremos perdonados, pues, es todo un impulso de confianza en el que se muestra que el valor no está en el sacrificio o el rito que se haga, sino en poder estar en comunión con Aquél que ha dado su vida por nosotros. Es muy importante en todo sacrificio lo que uno siente, ¡es verdad! Pero no basta con “sustituir” la comunión con Dios y con los hermanos con cosas externas. Lo externo puede llevarnos a la decadencia o a la inmutabilidad; ofrecemos cosas, pero nuestra mente y nuestro corazón siguen imperturbables a la acción divina y santificadora.

Evangelio: Marcos (13,24-32): La historia se transforma, no se aniquila

III.1. El evangelio de hoy forma parte del discurso apocalíptico de Marcos con que se cierra la actividad de Jesús, antes de entrar en la pasión. Es propio de la liturgia con la que culmina el año litúrgico usar esos textos apocalípticos que plantean las cuestiones finales, escatológicas, del mundo y de la historia. Jesús no fue muy dado a hablar de esta forma, pero en la cultura de la época se planteaban estos asuntos. Por ello le preguntan sobre el día y la hora en que ha de terminar este mundo. Jesús –según Marcos-, no lo sabe, no lo dice, simplemente se recurre al lenguaje simbólico de los apocalípticos para hablar de la vigilancia, de estar alertas, y de mirar “los signos de los tiempos”. No podemos negar que aquí hay “palabras” de Jesús, pero hoy se reconoce que la comunidad primitiva, algunos círculos de profetas-apocalípticos, cultivaron estos dichos de Jesús y los acomodaron a su modo de vivir en una itinerancia constante y en la adversidad y el rechazo de su mensaje de Dios.

III.2. Tenemos que reconocer que Mc 13, lo que se llama el apocalipsis sinóptico, se presta a muchas interpretaciones de distinto perfil histórico, literario y teológico. Se reconoce que no es propiamente de Jesús, sino de los cristianos que, ante una crisis, de guerra, de persecución, escribieron este texto. Pusieron palabras de Jesús que se mantenían en la tradición para tratar de afrontar los problemas que se presentaban para judíos y cristianos. Es posible que la base del mismo pueda explicarse en la crisis de Calígula el 40 d. C., en tiempos de Petronio, legado de Siria, para llevar a cabo la orden de poner una estatua del emperador en el templo para ser adorado como dios. Esta es una hipótesis entre otras, pero razonable. No obstante no todo el texto se explica en este momento. Posteriormente y separados ya judíos y cristianos, se vuelve sobre este texto ante nuevas dificultades. Las opiniones son muy diversas y, a veces, extravagantes. El cristianismo primitivo estuvo muy influenciado por la corriente apocalíptica. Esto no se niega. Pero la solución de la historia y de la vida de los hombres no debería tomarse al pie de la letra todo esto. Pero una cosa sí es cierta: ante la tiranía todo los hombres de cualquier clase y religión estamos llamados a resistir en nombre de Dios.

III.3. Los signos de los tiempos siempre han sido un criterio profético de discernimiento de cómo vivir y de qué esperar. ¿Por qué? Porque los profetas pensaban que Dios no había abandonado la historia a una suerte dualista donde la maldad podría imponerse sobre su proyecto de creación, de salvación o liberación. Pero los signos de los tiempos hay que saberlos interpretar. Es decir, hay que saber ver la mano de Dios en medio del mundo, en nuestra vida personal y en la de los demás. La historia se “transforma” así, no acaba ni tiene por qué acabar de buenas a primeras con una catástrofe mundial. Y Dios interviene en la historia “por nosotros” y nunca “contra nosotros”. De la misma manera que el anuncio del “reino de Dios” por parte de Jesús -su mensaje fundamental-, es una convicción de su providencia y de su fidelidad a los hombres que hacen la historia.

III.4. Cierto tipo de mentalidades siempre han creído y propagado que el final del mundo vendrá con una gran catástrofe en la que todo quedará aniquilado. Pero eso no nos obliga necesariamente a creer que eso será así. Dios tiene sus propios caminos y sus propias maneras de llevar hacia su consumación esta historia y nuestra vida. El discurso está construido sobre palabras de Daniel 7,13-14 en lo que se refiere a venida del Hijo del Hombre. Sin embargo, en los términos más auténticos de Jesús se nos invita a mirar los signos de los tiempos, como cuando la higuera echa sus brotes porque el verano se acerca; a descubrir un signo de lo que Dios pide en la historia. Dios tiene sus propios caminos para poner de manifiesto que en esta historia nada pasa desapercibido a su acción y de que debemos vivir con la espera y la esperanza del triunfo del bien sobre el mal; que no podemos divinizar a los tiranos ni deshumanizar a los hijos de Dios. Los tiranos no pueden ser dioses, porque todos los hombres son “divinos” como imagen de Dios. Así es como se transformará esta historia a imagen del “reinado de Dios” que Jesús predicó y a lo que dedicó su vida.  

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

Lenguaje de futuro

Cada vez que la liturgia nos propone estas lecturas, al concluir del año litúrgico, nos trasladamos al final de los tiempos, a un día lejano que nadie conoce y que, aunque puede asustarnos momentáneamente, acaba por dejarnos indiferentes. Pero la reacción contraria, es todavía más peligrosa, ya que suele llevar a fanatismo, fatalismo, angustia e histéresis.

Solución: vivir la esperanza. El ser humano necesita vivir con esperanza. La esperanza, por antonomasia, está basada en la confianza en Dios, que elimina toda resignación lleva a la persona a vivir una vida inane y pasiva; a una forma disfrazada de desesperanza e impotencia.

Cambio

La parábola de la higuera invita a estar en espera vigilante a la vez que interpretando los signos de los tiempos, el acontecer de cada día y de cada momento. Cuando las ramas están tiernas brotan las yemas que anuncian que la primavera está cerca, y que aún no haya llegado (el ya pero todavía no del reino de Dios entre nosotros). La palabra cerca significa proximidad al fin de cualquier generación, tanto del ayer (el ya, primera venida de Cristo), como del hoy (el todavía no) y del mañana (venida última del Señor).

El cristiano ha de saber interpretación los acontecimientos en cada momento de la vida, en cada acontecimiento tanto social como religioso. La interpretación en clave cristiana ve el futuro siempre abierto y nunca cerrado. El culmen del futuro es la salvación última dada en Jesucristo y por Jesucristo. El encuentro con esa salvación, futuro cierto que se espera y que ahora es rama tierna, con los cielos nuevos y la tierra nueva, solamente se dará si hay un compromiso personal y comunitario de vivencia total y radical de unión con Cristo.

El evangelio invita a confiar en esa radicalidad basada en la intervención de Dios en la historia por medio de la persona de su Hijo. La intervención de Dios ha de llegar a la vida del verdadero seguidor de Cristo, dándole fuerza, vigor y dinamismo para recrear el mundo de tal forma que el todavía no sea cada vez más un YA que desemboca en la vivencia plena del Misterio de Dios en comunión con todos los santos.

Confianza

La virtud teologal de la esperanza anima a la persona a asumir la realidad sin enmascararla o envolverla con un envoltorio que le aísle y le dé falsas esperanza para soportar el acontecer diario, una esperanza pasiva, una forma disfrazada de “desesperanza e impotencia” (Erich Fromm).

Como consecuencia, el rostro de Cristo será visible ante nosotros “verán venir al Hijo del Hombre” aunque se haya apagado la luz proveniente de todo astro terrenal. Solo la Salvación de Dios traída por Cristo iluminará el curso de la nueva humanidad que ya nunca más pasará “mis palabras no pasarán.

¿Quién dijo miedo? La esperanza y confianza en la palabra Cristo Jesús quita ese miedo, fortalece la fe, no la “adivinación”, anima al contacto directo con Dios por medio de la oración e impulsa a trabajar por el Reino de Dios y no a cruzarse de brazos. Escuchar en la oración las palabras “el cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán” hacen al verdadero discípulo de Cristo aprender el lenguaje divino para comunicarse con Dios y vivir cada día esperando su venida gozosa.

Que la historia de la Humanidad llegará un día a su fin. Sí. Para el cristiano ese fin (último en la ejecución, aunque primero en la intención) es vivir el misterio de Dios contemplándolo en su presencia ahora, ya, (oración) y practicándola con la misma misericordia de Dios manifestada en Cristo, en compañía de la comunidad cristiana (de todos los santos).

Oración

No tengas miedo a contactar con el lenguaje de Dios (oración-contemplación), que se te mostrará en el rostro de tus hermanos (oración-acción). Ellos son también hijos de Dios Padre y así todos juntos construir el Reino de Dios en nuestro mundo por la comunión de los santos.

Fr. Carlos Recas Mora O.P.

Convento del Santísimo Rosario (Madrid)

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