Evangelio del día – Semana del 10/12/2018 al 15/12/2018 (Segunda Semana de Adviento)

dominicos

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Segunda Semana de Adviento – Año Par

Del 10

al 15 de diciembre de 2018

Introducción a la semana

La segunda semana de Adviento contempla las lecturas del llamado Segundo Isaías (capítulos 40-55 del libro de este profeta), escrito en una época mucho más tardía que el Primer Isaías (caps. 1-39). Se suele conocer como el “libro de la consolación”, ya que el consuelo es la tónica que lo caracteriza; consuelo que el profeta quiere transmitir al pueblo, al final de un exilio de unos cincuenta años en Babilonia (s. VI a. C.). Ese consuelo se basa en la confianza en Dios, cuyo fundamento es, por una parte, su poder creador al que nada resiste, y, por otra, su continua solicitud por Israel a lo largo de su historia pasada. Ese Dios que está a punto de intervenir restaurará las fuerzas debilitadas de su pueblo, a quien atenderá con mimo, a quien enseñará el camino del bien, para quien hará florecer el desierto. Los salmos de estos días son un eco de esta certeza y una invitación a bendecir la grandeza y la bondad del Señor que ya llega. En el evangelio de Mateo, Jesús confirma la bondad de ese Padre que busca al que se ha perdido, y ofrece su propio corazón como descanso al agobiado.

Las lecturas bíblicas de esta semana evocan también la figura de Elías, un profeta vigoroso y taumatúrgico, símbolo del juicio de Dios contra los impíos. En él podemos detectar una referencia implícita al Precursor del Señor, Juan el Bautista. De él habla también Jesús, que advierte de que ha llegado ya, aunque muchos no lo han reconocido ni han querido reaccionar al imperativo de su palabra.

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 Lunes   10 de Diciembre de 2018  

“Tus pecados están perdonados…, toma tu camilla y vete a tu casa”

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 35,1-10:

El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y del Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará.» Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco, un manantial. En el cubil donde se tumbaban los chacales brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro, y los inexpertos no se extraviarán. No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces; sino que caminarán los redimidos, y volverán por ella los rescatados del Señor. Vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.

Salmo

Sal 84,9ab-10.11-12.13-14 R/. Nuestro Dios viene y nos salvará

Voy a escuchar lo que dice el Señor: «Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.» La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar. Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo: «Hombre, tus pecados están perdonados.»Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar: «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó: «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir “tus pecados quedan perdonados”, o decir “levántate y anda”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados… –dijo al paralítico–: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»Él, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios. Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor: «Hoy hemos visto cosas admirables.»

Reflexión del Evangelio del día

Dios viene en persona

El texto es una descarga de alegría que expresa el final de un oprobioso destierro; esto significa que se restaura Judá, el mejor icono de la salvación del pueblo elegido. El creyente judío sabe bien que esta acción solo se puede deber a Yahvé, que demuestra así su poder y su misericordia. El retorno a Jerusalén, la ciudad de la paz, se dibuja en clave de renovación de la casa común (se hermosea lo desértico) y de la misma humanidad (el enfermo sana, el miedoso sorprende con su nuevo ánimo); todo lo que dice deterioro o muerte es excluido de este retorno ilusionante y salvador. Es la alegría del retorno, el horizonte esperanzador del que regresa del exilio, el aceptar el desierto solo como lugar de paso: una forma de ver la belleza y la gloria del Señor, quien camina siempre con su pueblo. Por esto, y solo por esto, se pregona el fin del miedo y el pesimismo, para dejar oír bien claro la voz de la esperanza: Decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis.

Tus pecados están perdonados…, toma tu camilla y vete a tu casa

Es admirable cómo ‘unos hombres’ manifiestan su fe en el Maestro Jesús y cómo eliminan todas las barreras para poner al enfermo frente al dador de la salud y la vida. La reacción de Jesús ante esta osadía confiada es un hermoso ejemplo práctico de humanidad redimida. Perdona los pecados del paralítico y restaura su discapacidad física; recupera al hombre en su total condición, alma y cuerpo, y, de paso, nos recuerda a la comunidad creyente que todo aquello que hace sufrir a la persona, también todo daño que hunde su raíz en nuestro pecado, todo lo que de una u otra forma nos deshumaniza… es tarea prioritaria a atender desde el servicio de la fe, desde la predicación del evangelio, desde la construcción del Reino. Es una declaración teológica y pastoral de obligado cumplimiento la que nos presenta este texto evangélico. Cierto que solo Dios perdona los pecados, que solo Él es nuestra fuerza y salvación, y Jesús de Nazaret bien que lo acredita entre nosotros; pero, por lo mismo, los que nos decimos sus seguidores tenemos que afinar nuestra sensibilidad ante todo el dolor de nuestro mundo, sea de la condición que fuese, y encararlo, acompañarlo y humanizarlo. No tenemos otra opción.

Nuestro oficio no es nuestro destino.No hay otro oficio ni empleo,que aquel que enseña al hombrea ser un Hombre.(León Felipe)

Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)
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 Martes   11 de Diciembre de 2018  

“Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños”

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 40,1-11:

«Consolad, consolad a mi pueblo, –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»Una voz grita: «En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos –ha hablado la boca del Señor–.»Dice una voz: «Grita.»Respondo: «¿Qué debo gritar?»«Toda carne es hierba y su belleza corno flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellos; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.»Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.»

Salmo

Sal 95,1-2.3.10ac.11-12.13-14 R/. Nuestro Dios llega con poder

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su victoria. R/.

Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. Decid a los pueblos: «El Señor es rey, él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar y cuanto lo llena; vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque. R/.

Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra: regirá el orbe con justicia y los pueblos con fidelidad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,12-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.»

Reflexión del Evangelio del día

Consolad a mi pueblo

Isaías es el gran predicador del Adviento, Isaías es el gran maestro de la esperanza, Isaías es el profeta que prepara nuestro corazón para que la Palabra de Dios reine en él. En la perícopa que hoy nos presenta la liturgia, aparecen varios gritos de parte de Dios: “Consolad a mi pueblo”; “Preparad el camino al Señor”; “La Palabra de nuestro Dios permanece por siempre”; “Aquí está vuestro Dios, que viene con poder”.

Isaías anuncia un nuevo Éxodo; si el primer éxodo permitió al pueblo de Israel salir de la esclavitud de Egipto, pasando por la prueba del desierto, ahora el nuevo éxodo, terminado el exilio, permite que en ese mismo inhóspito desierto se abra un camino al paso del pueblo.

El consuelo sigue al sufrimiento del pueblo de Israel en el destierro. Su castigo ha terminado y comienza el regreso. Hay que preparar el camino, allanar los montes y elevar los valles. La Alianza sigue estando vigente, no ha perdido validez. Dios sigue siendo nuestro Dios, y nosotros su pueblo y ovejas de su rebaño.

Toda la Palabra destila alegría, júbilo, gozo por la liberación y el nuevo comienzo que Dios propone. Tras el pecado, aparece la misericordia; y tras el destierro, un regreso hacia la tierra que mana leche y miel.

También nosotros podemos estar en un destierro, en un “castigo” por el pecado, que no es tal, sino la consecuencia de habernos alejado de lo que Dios quiere de nosotros como reza el dicho: “en el pecado va la penitencia”. Hoy se nos propone el regreso, y se nos facilita el retorno. Todo lo que tenemos que hacer es ponernos en marcha, y Dios mismo saldrá a nuestro encuentro.

¿Qué os parece?  …

En el Evangelio Jesús nos pide nuestra opinión, ante la actitud del pastor que “abandona” las noventa y nueve ovejas y va en busca de la perdida. En muchas ocasiones nos hemos visto en la situación de “oveja perdida”, a la que el pastor ama tanto que no descansa hasta encontrarla y devolverla al redil.

Pero en otras ocasiones nos hemos visto entre las noventa y nueve, esperando que el pastor vuelva con la que se perdió. ¿Qué hacemos mientras Él la busca? Esperar. Esperar que su amor y su desvelo den fruto. Esperar con la confianza de que si un día nosotros necesitamos ese desvelo y ese amor, lo vamos a tener. También desinteresadamente y también con la alegría del encuentro.

Si todos los miembros de la Iglesia formamos un solo rebaño, desearemos que ninguno se pierda. Es más, desearemos que nuestra gran familia siga creciendo con las “ovejas extraviadas” que van llegando a hombros del Buen Pastor. Y nos alegraremos con él.

¿En qué exilio me encuentro, del que se me invita a regresar?

Hoy, ¿me encuentro en la situación de “oveja perdida” o entre las ovejas que esperan a que el pastor vuelva con la que se perdió? ¿Me alegro de su regreso?

 

None Monasterio Ntra. Sra. de la Piedad – MM. Dominicas
Palencia
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 Miércoles   12 de Diciembre de 2018  

“Encontraréis descanso”

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 40,25-31

«¿A quién podéis compararme, que me asemeje?», dice el Santo. Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno. Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas corno las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.8.10 R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,y todo mi ser a su santo nombre.Bendice, alma mía, al Señor,y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpasy cura todas tus enfermedades;él rescata tu vida de la fosay te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,lento a la ira y rico en clemencia;no nos trata como merecen nuestros pecadosni nos paga según nuestras culpas. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Reflexión del Evangelio del día

Los que esperan en el Señor corren y no se fatigan

El texto de la primera lectura pertenece al libro de la Consolación (40-55). El pueblo se encuentra en el destierro en Babilonia instalado en el desaliento, el desánimo y la desesperanza. Ha perdido su tierra, y con ello no solo ha perdido sus raíces, su patria, su identidad, sino que experimenta el abandono de su Dios que le había prometido esa tierra (Gn 12,7). Entonces se interroga: ¿Acaso las promesas de Dios no son irrevocables? ¿Ha abandonado Dios a su pueblo?

El capítulo 40 presenta una tensión entre Dios y su pueblo. En medio de su desconsuelo, Dios le invita a mirar al cielo y maravillarse con la creación: “¿Con que Dios podéis compararme?” Quiere hacerle caer en la cuenta a través de la grandeza de la creación que puede descubrirlo aún en esa situación de pesadumbre. Él siempre está ahí.

Junto a ello, también interpela su queja: “¿Por qué andas diciendo, y por qué murmuras: Al Señor no le importa mi destino?” Dios mismo responde a esa pregunta: Él no es como los otros dioses, es un Dios eterno,  su inteligencia es insondable. Dios no se cansa en su actividad, ni en la creación ni en la historia, por eso continuamente “fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto”. Aquellos que esperan en el Señor, no se desesperan porque son dotados de una energía tal que “corren y no se fatigan, caminan y no se cansan”. Ya no cabe el abatimiento, la monotonía, la rutina o la depresión. El Señor da alas para volar, desplegándolas por encima de cualquier situación, pase lo que pase. Necesitamos de esa energía para vivir nuestro día a día, para afrontar las pequeñas o las grandes contrariedades de la vida. Sólo hemos de creérnoslo. La palabra de Dios se cumple, lo que Él dice lo hace.

Venid a mí

El texto del evangelio de hoy es propio de Mateo, por lo que  no lo encontramos en ningún otro evangelista. Estos tres versículos, cargados de significatividad, constituyen una invitación de Jesús a aquellos que están cansados y agobiados a través de tres imperativos: “Venid a mi” (Ecl 24,19; 51,23), “tomad mi yugo” (Ecl 6,24-25;51, 26) y “aprended de mí”.

Al leer el texto, uno no puede menos que preguntarse algo aparentemente contradictorio: ¿cómo puede encontrarse descanso cargando con un yugo? Jesús mismo intuyendo la cuestión, responde a la pregunta: “porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. Sin embargo, para entender la verdadera dimensión de las palabras del Maestro, hemos de recurrir al significado del yugo, tanto en el Antiguo Testamento, como  en la vida cotidiana. 

En cuanto a los textos veterotestamentarios, el yugo tiene un carácter simbólico. En el libro del Eclesiástico se nos habla del yugo como la instrucción, como la misma Torá: “Someted vuestro cuello a su yugo y recibid instrucción: está ahí, a vuestro alcance” (51,26). Por otro lado, quienes viven en ambiente rural, pueden fácilmente identificar el yugo con un objeto de madera que unce a dos animales iguales. Con él se les obliga a ambos a compartir el peso de la carga que soportan, a la vez que a caminar entrelazados al mismo ritmo.

Jesus al hablar de su yugo, está hablando de su propia enseñanza, de la interpretación que El mismo hace de la Torá. Él no ha venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento (Mt 5,17);  pero mientras la interpretación que hacen los fariseos “es una carga  pesada” (Mt 23,4), la interpretación que hace Jesús da descanso y expansiona el alma. Además mientras “los fariseos no llevan la carga” (Mt 23,4), no son coherentes, “dicen pero no hacen”, Jesús “comparte la carga” con su discípulo, caminando al mismo ritmo que él.  Es coherente, es el primero en llevarla a la práctica, en hacerla vida: “aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”

El mensaje de Jesús, la vida que nos propone, a pesar de ser una vida de entrega, de dar-se, de des-vivirse,  es una vida de “descanso”. El proyecto del Reino nos conduce a los territorios más esenciales del ser humano: profundidad e interioridad donde nos encontrarnos con nosotros mismos, relaciones interpersonales que construyen un mundo más fraterno y más justo, búsqueda del Dios de la vida.  El “descanso” aparece cuando recorremos los caminos de nuestra propia humanidad sin salirnos de ella. En medio de este mundo de ritmo tan vertiginoso, no solo por el trabajo sino por el exceso de actividades, relaciones, información, nuestro cansancio nace de la saturación. Necesitamos “ordenar” nuestra vida, cuidar lo esencial y poner en segundo plano lo demás; darnos tiempo de silencio y sosiego para que la vida se pose y nos permita convertirla en experiencia, que no es ni más ni menos que la vida reflexionada.

Hna. Mariela Martínez Higueras O.P.
Congregación de Santo Domingo
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 Jueves   13 de Diciembre de 2018  

“Transformaré el yermo en fuentes de agua”

Hoy celebramos: Santa Lucía (13 de Diciembre)

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 41,13-20:

Yo, el Señor, tu Dios, te agarro de la diestra y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.» No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio –oráculo del Señor–. Tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel. Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, y acacias, y mirtos, y olivos; plantaré en la estepa cipreses, y olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

Salmo

Sal 144,1.9.10-11.12-13ab R/. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;bendeciré tu nombre por siempre jamás.El Señor es bueno con todos,es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,que té bendigan tus fieles;que proclamen la gloria de tu reinado,que hablen de tus hazañas; R/.

explicando tus hazañas a los hombres,la gloria y majestad de tu reinado.Tu reinado es un reinado perpetuo,tu gobierno va de edad en edad. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,11-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él. Desde los días de Juan, el Bautista, hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo. El que tenga oídos que escuche.»

Reflexión del Evangelio del día

Dios crea en la aridez de la vida

En este tiempo de Adviento, las lecturas de hoy nos piden reflexionar sobre la aridez de la vida. Cuando la vida se convierte en un desierto, es decir, en ausencia de vida, cuando la vida es árida, lo asemejamos a la dureza del camino, todo se realiza con más esfuerzo; se tiene sed, pero la cuestión es ¿por qué?

Por lo general, atribuimos nuestra sed a necesidades primarias, al hambre, a la insatisfacción, a la falta de expectativas, a la ausencia de motivación. Los cristianos y creyentes lo atribuimos a vivir en ausencia de Dios.

En la primera lectura, del libro de Isaías, nos habla que Él será nuestro redentor, y tú te alegrarás con el Santo de Israel. Dios es el motivo de nuestra alegría y nuestra esperanza. Cuando la vida se transforma con la creación de Dios, todo cambia; la aridez se convierte en un erial que está siendo labrado por la presencia del Señor. Cambia porque la vida comienza con Dios, y en el desierto se crea la vida. Todo es, dice el profeta Isaías: “Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado”.

La vida que merece la pena vivirse, nace de los eriales de nuestra existencia, cansada de las nimiedades de la vida, cansada de la autodestrucción propiciada por el hombre, cansada del egoísmo y la injusticia tan arraigada en el caminar de nuestra existencia: Muertes, desnudez, hambre, guerras… Mientras caminamos en el desierto surge la pregunta ¡Qué hace Dios! ¡Por qué lo permite! Pero, ¿será ésta la pregunta correcta?

A mi modo de ver, las riquezas no las reparte Dios. Dios no hace listas de los que acumulan más riquezas en este mundo. Dios propone una vía de salida al egoísmo, el compartir, el donarse, el sacrificarse, el crear vida con los dones que Dios te ha regalado. Dios por encima de todo te libera de tus esclavitudes, pero a la forma de Dios, no a la forma humana.

Hablando de Juan el Bautista, en el evangelio de hoy, Jesús lo presenta como el más pequeño del reino de los cielos, lo presenta como profeta al que no queremos escuchar. Y ante las cosas de Dios mostramos violencia: “hasta ahora se hace violencia contra el reino de Dios, y gente violenta quiere arrebatárselo”. ¿Por qué no dirigimos la pregunta hacia nosotros? ¿Por qué no preguntarnos el para qué? ¿Para qué queremos aniquilar a Dios de nuestras vidas? ¿Para qué mostrar violencia antes las cosas que Dios nos presenta? ¿Para qué arrebatarles a los niños la presencia de Dios?

Todo lo encaminamos a que Dios no esté presente en nuestras vidas, la sociedad es hostil no sólo a Dios también es hostil hacia lo humano, hacia sí misma. ¿Realmente cuando buscamos el derecho y la justicia legislando un sinfín de normas estamos buscando en nuestro interior la alegría verdadera, la que produce y protege la felicidad de las gentes?

¿Si Dios es nuestra alegría, para qué luchar contra él?

Pidamos al Dios que viene, al Dios de la alegría, al que crea vida en el desierto, que nos proteja de la sinrazón, y nos muestre su luz para contemplar la vida que él nos propone.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   14 de Diciembre de 2018  

“Os tocamos la flauta y no bailasteis”

Hoy celebramos: San Juan de la Cruz (14 de Diciembre)

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 48,17-19:

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6 R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia:da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado.” Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores.” Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Reflexión del Evangelio del día

El Señor nos guía por el camino de la salvación

La lectura del profeta Isaías nos coloca al final de las profecías escritas en Babilonia antes de la conquista del rey Ciro de Persia y la caída de la ciudad. Se anuncia el retorno de los exiliados judíos de nuevo a Israel y la urgencia de reforzar la fe en Yahvé, que siempre cuida y protege al Pueblo. Dios es quien enseña los rectos caminos y trae la prosperidad al que sigue sus mandatos. Escuchar y ser fieles a Yahvé significa recibir la paz y la justicia, multiplicar tu progenie “como los vástagos de tus entrañas” y no ser aniquilado ni destruido. Una experiencia cercana y comprensible que han vivido con los babilonios masacrados por Ciro por resistirse al conquistador. Así el que se aleja de la enseñanza de Dios pierde sus bendiciones y se encierra en su soledad. Dios que salva a su Pueblo de la esclavitud de Babilonia no lo deja de la mano. Lo guiará de nuevo por los caminos de la verdad, la justicia y la santidad; les dará la felicidad y la alegría de sentir de nuevo su presencia y su fidelidad; renovará la Alianza de tenerlos como su Pueblo elegido. Dios está siempre a la espera, pendiente de nuestra respuesta de fe. Llegar a sentir esta presencia profunda y gratificante de Dios es realizar la espiritualidad tal como la vivieron los santos místicos, llenando su alma en el amor que “ni cansa ni se cansa” que decía S. Juan de la Cruz.

Os tocamos la flauta y no bailasteis, cantamos lamentos y no llorasteis

El evangelista Mateo en estos capítulos relata las enseñanzas del Reino. Y la posición de partida es situar al personaje Jesús en medio de esa generación judía en relación con Juan el Bautista. Dos estilos de vida contrapuestos pero igualmente peligrosos. Uno ascético y mortificado, desprendido del mundo, que predica la conversión y la penitencia como forma de preparar el camino de Dios; otro, Jesús, cercano y vitalista, que predica la misericordia para los proscritos de la sociedad, que pone en tela de juicio el escrupuloso cumplimiento de la Ley sin espíritu. Ambos provocan la reacción del oyente, y exigen comprometer la vida en uno u otro sentido. Y ambos acusados como reos de perdición. Uno como endemoniado por predicar la conversión, el otro como “comilón y bebedor” amigo de publicanos y pecadores que reniega del orden establecido. Ambos merecedores y reos de condena a muerte conforme a las reglas deuteronómicas. Mateo critica a estos escribientes y sacerdotes que se oponen al plan de Dios. Juan es demasiado asceta, consagrado, exigente consigo mismo y con sus seguidores. Jesús es demasiado poco sacrificado, no parece suficientemente santo. Juan exige perfección, vida abnegada; Jesús derrocha el perdón, justifica la imperfección. Cualquier excusa es buena para no comprometerse con ninguna posición, para seguir un camino de cumplimiento relajado y anodino. Seguir el evangelio de Jesús no es tarea fácil. La gracia y la fidelidad de Dios, va dirigida a los pobres e insignificantes de su Pueblo, no a los resabiados y prepotentes que ponen todo en entredicho. Entender que el amor del Padre se dirige a los humildes y sencillos es procurarnos también nosotros un estilo de vida “gentil, humilde y paciente”, abundante en misericordia y portador de alegría y esperanza.

¿Vivimos el mensaje del evangelio con ilusión y comprometidos con el estilo de Jesús, pendientes de la voluntad del Padre que se cumple en el amor a los necesitados?

Pongamos toda nuestra vida en la presencia de Dios que siempre está a nuestro lado.

D. Oscar Salazar, O.P.
Fraternidad San Martín de Porres (Madrid)
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 Sábado   15 de Diciembre de 2018  

“También el Hijo del Hombre va a padecer”

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 48,1-4.9-11:

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.

Salmo

Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19 R/. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Pastor de Israel, escucha, tú que te sientas sobre querubines, resplandece;despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó, y que tú hiciste vigorosa. R/.

Que tu mano proteja a tu escogido, al hombre que tú fortaleciste. No nos alejaremos de ti: danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Reflexión del Evangelio del día

También el Hijo del Hombre va a padecer

Cuatro son los personajes de la liturgia de hoy: Elías, Juan el Bautista, Jesús y todos nosotros. Elías y Juan el Bautista tienen un rasgo común en su predicación: “mano dura”. “Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido”. Juan el Bautista se ganó la fama de austero y de predicador recio: “Raza de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que os amenaza?… Ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.

Jesús en el anuncio y predicación de su buena noticia tiene otro tono. Un tono cercano, entrañable, más amable. Nos anuncia que Dios está dispuesto a tener unas relaciones muy cercanas, íntimas con todos los hombres, siendo nuestro Rey y Señor. Si le dejamos se ofrece  a reinar en nuestro corazón y guiar nuestras vidas. Pero es un Rey especial, tan especial que Jesús nos asegura que es nuestro Padre, que busca siempre nuestro bien. Y cuando nos despistamos y le damos la espalda está dispuesto a acogernos y perdonarnos hasta setenta veces siete, es decir, siempre. También Jesús, en la misma línea que su Padre y nuestro Padre Dios, se olvida de su condición divina y se llega hasta nosotros como nuestro servidor, señalándonos el camino que conduce a la vida y vida abundante. Las autoridades religiosas de entonces quisieron hacerle callar, pero Jesús, por ser fiel a sí mismo y a nosotros y a la enseñanza que quería dejarnos, nos siguió predicando su buena noticia, lo que le costó morir injustamente en la cruz .“El Hijo del Hombre va a padecer a manos de ellos”.

Quedamos nosotros, los que queremos vivir con intensidad este nuevo adviento. Sabemos bien lo que tenemos que hacer… seguir en todo momento a Jesús: “Te seguiré donde quiera que vayas”.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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