Preparación de homilías – Natividad del Señor – 25/12/2018

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Homilía Natividad del Señor

25 de diciembre de 2018 – Ciclo C

“El Verbo se hizo carne”

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  Introducción  

Hoy escucharemos en el Evangelio: “la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”. Es un modo de decir que Dios se hace compañero de viaje, para ser luz y guía de nuestro camino. En la primera lectura, el profeta Isaías hará el elogio de los mensajeros que anuncian “la buena nueva”. En un mundo lleno de ruido, de furor y de sinsentido, un mundo en el que estamos saturados de noticias que no nos interesan, o de noticias que nos enfurecen, nosotros, los que hoy nos hemos reunido para celebrar esta fiesta de Navidad, somos los mensajeros llamados a anunciar la única noticia interesante y decisiva, a saber, que la Palabra se hizo carne, que se trata de una Palabra de vida, que viene para iluminar a todos los seres humanos y, por tanto para que nuestra vida sea plena y abundante (Jn 10,10). Si acogemos esa Palabra, dirá también el Evangelio, seremos hijos de Dios y, por tanto, hermanos los unos de los otros, como hermanos son los hijos del mismo Padre. Una inmensa dignidad y una gran responsabilidad.

Fray Martín Gelabert Ballester

Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 52, 7-10

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén; el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Salmo

Salmo: Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria,su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra hancontemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamad al Rey y Señor. R.

Segunda Lectura

Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo. Él es reflejo. de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado. Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»? Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.»

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 1. 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra habla vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, ,que alumbra a todo hombre. Al inundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Iª Lectura: Isaías (52,7-10): Los pies del mensajero de paz

Este es un himno que el profeta, quien sea, porque estamos leyendo el Deuteroisaías, compone porque en su mente aparece un mensajero que trae los pies cansados. Pero son esos pies, benditos, los que traen la gran noticia, al pueblo, a la ciudad a Sión: paz, salvación. Más aún: Dios reina. Cuando Dios reina todo es distinto. Los reyes de este mundo no saben reinar, porque no son capaces de sellar la paz. Cuando lo han hecho ha sido una paz a medias, no dilatada en el tiempo y en la eternidad. Es eso lo que el profeta proclama ahora a Sión que ha pasado por lo peor. Jerusalén será liberada, el profeta es el vigía del mensajero que llega, un mensajero idílico de la victoria de Dios.

 

IIª Lectura: Hebreos (1,1-6): Dios nos habla en su Hijo

II.1 El famoso “exordio” de la carta a los Hebreos, magníficamente construido, en una sola frase en griego (vv.1-4), en un buen griego, es la lectura de este día de Navidad. Es explicable, porque se trata de un texto cristológico de altos vuelos con que se comienza esta especie de “exhortación” que es la carta a los Hebreos, sea quien sea su autor. La densidad de esta frase no quita sentimiento a lo que aquí se expresa. Antes Dios había hablado por profetas. Si tenemos en cuenta el texto de la primera lectura todo cobrará más sentido. Los profetas son extraordinarios, poetas, creativos, renovadores, no conformistas con la situación. Pero ahora es distinto, es algo que va mucho más a lo esperado. Los profetas y sus visiones, sus ilusiones y sus deseos, se quedan en mantillas, porque ahora Dios tiene una forma de comunicarse con nosotros muchos más audaz: es su Hijo quien nos habla de El y quien nos hace hablar con Él.

II.2. ¿Por qué todo es distinto? Porque el Hijo es heredero de todas las cosas. Y lo que él nos diga, eso es lo que nos dice el mismo Dios. Los profetas, incluso, podrían equivocarse y de hecho algunos no acertaron en sus juicios. Dios ha pensado que esto necesita una decisión más determinante. La humanidad debe sentir la misma voz de Dios, y la voz de Dios es la voz de su Hijo. Esta alta cristología del exordio de hebreos llena de sentido la liturgia de Navidad. es verdad que este texto de Hebreos está escrito desde la experiencia pascual de Cristo. Pero en la liturgia cristiana el misterio de la resurrección y de la pascua ilumina toda la vida de Jesús, su encarnación y el nacimiento. No puede ser de otra manera. Este no es un texto histórico, sino teológico. Como teológico ha de ser el evangelio del día.

 

Evangelio: Juan (1,1-18): La Palabra humana de Dios

III.1. El evangelio es el prólogo del evangelio de Juan (1,1-18), una de las páginas más gloriosas, profundas y teológicas que se hayan escrito para decir algo de lo que es Dios, de lo que es Jesucristo, y de lo que es el hecho de la encarnación, en esa expresión inaudita de el “Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La encarnación se expresa mediante lo más profundo que Dios tiene: su Palabra; con ella crea todas las cosas, como se pone de manifiesto en el relato de la creación de Génesis 1; con ella llama, como le sucede a Abrahán, el padre de los creyentes; con ella libera al pueblo de la esclavitud de Egipto; con ella anuncia los tiempos nuevos, como ocurre en las palabras de los profetas auténticos de Israel; con ella salva, como acontece con Jesucristo que nos revela el amor de este Dios. El evangelio de Juan, pues, no dispone de una tradición como la de Lucas para hablarnos de la anunciación y del nacimiento de Jesús, pero ha podido introducirse teológicamente en esos misterios mediante su teología de la Palabra. También, en nosotros, es muy importante la palabra, como en Dios. Con ella podemos crear situaciones nuevas de fraternidad; con nuestra palabra podemos dar vida a quien esté en la muerte del abandono y la ignominia, o muerte a quien esté buscando algo nuevo mediante compromisos de amor y justicia. Jesús, pues, también se ha encarnado para hacer nuestra palabra (que expresa nuestros sentimientos y pensamientos, nuestro yo más profundo, lo que sale del corazón) una palabra de luz y de misericordia; de perdón y de acogida. El ha puesto su tienda entre nosotros… para ser nuestro confidente de Dios.

III.2. Un prólogo se escribe normalmente cuando la obra ya está completa; de esta manera, en el prólogo se expresan las ideas fundamentales de la obra que viene a continuación. Supongamos esto para el prólogo del cuarto evangelio. Puede parecer que tiene una cierta unidad, pero suprimid los vv. 6. 7. 8 y 15 que tratan de Juan Bautista y que fueron añadidos posteriormente. La razón es que hubo algunos discípulos que se mantuvieron fieles a Juan el Bautista y le otorgaban cierta preponderancia sobre Jesús. Era una secta baptista que tuvo cierta fuerza, sobre todo en el s. II (d.C.). De esta manera tendremos un prólogo lleno de fuerza y de lógica.

A) DIOS Y EL VERBO (vv. 1-5): Es la primera enseñanza de este himno. Quizás el prólogo nació en la celebración del culto. Sería como una especie de credo de la comunidad en la que vive Juan. Dios y su Palabra. Verbo = PALABRA. Esta expresión de Logos no tiene sus raíces en la filosofía griega, sino que es eminentemente bíblica. En la Biblia, en el AT, se dice que las divinidades paganas no hablan: *tienen boca, pero no hablan” (Salmo 115, 5). El Dios de la Biblia es el único que habla, que se expresa en el mundos. No está todavía personificada esta Palabra, pero se nota que Dios da vida al mundo por su PALABRA. Posteriormente, en una imagen semejante, casi se personifica esta fuerza de Dios bajo el nombre de SABIDURÍA. La Sabiduría es la que ha creado *con” Dios todas las cosas (Cf. Prov 3,19ss; 8, 22-31; 14,31;17,5). De todas formas, ni la Palabra, ni la SABIDURÍA se identifican plenamente con Dios en el AT. ¿Cuál es la novedad de Juan? Pues que la identifica con Dios, “estaba en Dios”. La personaliza. No es solamente una comparación, sino que la PALABRA (El Verbo o el Logos) es Dios mismo. Hay una relación entre Dios y la Palabra. Dios no está cerrado en Él mismo, sino que se pluraliza. Es una riqueza de Dios. Y, además, esta Palabra es creadora, como en el AT. Vemos que la fuente de inspiración de Juan es el AT y no la filosofía griega (v.3). La Palabra es la riqueza de Dios y del mundo (vv. 4 y 5). Es la vida y la vida es la luz de los hombres. Luego la Palabra de Dios es la fuente del mundo, toda la vida procede de Él y esa vida es la luz que los hombres han perdido. En este primer asomo al misterio de Dios en el himno de Juan, se revela una cosa fundamental. Es una idea revolucionaria para los judíos, que solamente eran monoteístas. Dios es más rico todavía. Dios es una pluralidad en la unidad. La Palabra es ALGUIEN esencial es Dios y para el mundo.

B) SOBRE LA ENCARNACIÓN (vv. 9.10.11.14 y 18): En estos versos se encierra todo el evangelio de Juan: la teología de la Encarnación. ¿Qué es esto? Es la reflexión que Juan ha hecho sobre Cristo. Se parte de un principio: Cristo-Jesús es la Palabra de Dios. Dios no se ha quedado en el cielo, sino que se ha hecho hombre y ha venido al mundo. Nosotros creemos en el Dios más humano que se ha podido imaginar en toda la historia de la religiones. La Palabra ha venido a “lo suyo”, a lo que había creado. Pero lo suyo no la ha recibido. Este es el drama de la Encarnación: la lucha entre la luz y las tinieblas que recorre todo el cuarto evangelio. El v. 14 tiene una enseñanza que puede rezar así: La palabra no solamente se ha hecho carne, “sarx”, debilidad, sino que se ha introducido en el misterio del pecado del mundo. Este es el sentido exacto y radicalmente fuerte. Se ha encarnado y ha tomado nuestros pecados. Es la idea más bella y original de nuestro misterio cristiano. Para un griego era impensable, ya que despreciaban el cuerpo. Lo mismo que para un judío, que no concebía que Dios se pudiera llegar a la impureza de los hombres. (Qué misterio y qué fuerza!. Y lo curioso es que, en la carne, los hombres que lo han acogido han podido ver la gloria de Dios. La gloria (kabod) era para los judíos como el poder de Dios. En el AT los judíos tenían que taparse la cara para no ver el resplandor de la gloria de Dios (v.g. en el Sinaí; o el profeta Isaías en el momento de su vocación). El v. 18 nos explica más: Dios se ha revelado por el Hijo y el Hijo es la Palabra, porque a Dios nadie lo ha visto jamás. Aunque esto es judío, se da un paso, porque nosotros lo podemos conocer por Jesús, que es el Hijo. Nosotros sólo podemos conocer a Dios por Jesús que nos lo ha revelado, ya que Jesús es el Hijo y el Hijo es la Palabra y la Palabra estaba desde el principio en Dios y Él mismo es Dios. Desde ahora, los cristianos hemos de saber que, para conocer a Dios, primero hemos de conocer a Jesús: cómo vive y cómo actúa. Ser cristiano es reconocer, en el acontecimiento histórico de Jesús, en este hombre de nuestra carne, tan próximo, tan fraternal, el rostro, la Palabra y la gloria de Dios: *quien me ha visto a mi ha visto al Padre”

C) SOBRE LA FE: (vv. 12.13.16.17): Todo esto que hemos expuesto no puede ser entendido sino por la fe. Deberíamos dejar el prólogo para el final del año litúrgico, porque después de conocer a Jesús y haber escuchado su palabra, nosotros nos decidimos por Él y creemos en Dios. Pero se ha de asumir el riesgo de la fe y aceptar así a Jesús y a Dios, de primeras. También porque, a pesar de todo, la fe es un don de Dios y debemos pedirle a Él que nos la dé y nos la fortalezca. Pero la fe en estos versos no se nos presenta en forma de creencia en verdades, sino en forma de vida: porque nos hace hijos de Dios. Es un tema que recorre todo el Evangelio de Juan.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

El evangelio de la Misa de nochebuena, en un estilo narrativo, cuenta los detalles de un nacimiento. El evangelio de la Misa del día es más teológico. La liturgia de nochebuena pone el acento en estas palabras del Símbolo de los Apóstoles: “nació de santa María Virgen”, y cuenta que el nacimiento de Jesús ocurrió en Belén. La clave del evangelio de la Misa del día es una afirmación de fe: “el Verbo se hizo carne”. La Palabra, engendrada antes de todos los siglos, que estaba desde siempre en el seno del Padre, esta Palabra se “encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre” (tal como dice el Credo niceno-constantinopolitano).

En el fondo, tanto el Evangelio de la Misa de esta noche pasada (quizás tuvieron ustedes ocasión de asistir a ella), como el Evangelio que acabamos de escuchar, dicen lo mismo: se puede mirar la Palabra, pues ésta se ha hecho carne. El Dios del que no es posible hacerse ninguna imagen, pues cualquier imagen lo falsearía, este Dios se ha hecho visible en Jesús. En la figura de Jesucristo, en sus palabras, sus obras y su vida toda, en su muerte y gloriosa resurrección, podemos ver la Palabra de Dios. Una Palabra que invita a ser acogida con fe y amor, y por eso, nos da esperanza. Una Palabra que se deja tocar. La Palabra definitiva que viene del Padre para unirse a nuestra humanidad y salvarla.

Al hacerse carne humana, como la de cualquiera de nosotros, la Palabra de Dios, Dios mismo, manifiesta el gran amor que Dios nos tiene. Un amor que, al contrario de nuestros amores, es incondicional. Sin duda, el amor de Dios busca nuestra respuesta, pero no está condicionado por nuestra respuesta: nos ama a pesar de todo. Eso sí, si acogemos ese amor, experimentaremos la alegría de ser hijos de Dios. Los hijos son también herederos. La herencia de los hijos de Dios es la bienaventuranza eterna, la felicidad estable y sin fin que Dios prepara para todos los que le aman. Ahí está un importante motivo de la encarnación: Dios se hace hombre para que el hombre pueda ser hijo de Dios, Dios se hace hombre para abrirnos el camino de la bienaventuranza.

Otro importante motivo de la encarnación es darnos a conocer quién es Dios: “a Dios nadie le ha visto jamás”, dice el evangelio que hemos escuchado. Dios es inaccesible, habita en una luz a la que nadie ha llegado ni podrá llegar nunca, dirá la primera carta a Timoteo (6,16). Pues bien, para que pudiéramos conocer a este Dios inaccesible, Dios vino a nosotros, haciéndose uno de nosotros. De ahí este final del evangelio de hoy: el Hijo único, que está en el seno del Padre, nos ha dado a conocer a Dios. Y, al mismo tiempo que nos ha dado a conocer a Dios, nos ha mostrado un modo nuevo de ser humanos. Al hacerse uno de nosotros, Jesús se ha convertido en nuestro hermano, nuestro hermano mayor. Jesús es el modelo que Dios nos envía, para que, siguiéndole, aprendemos a ser hijos de Dios y a ser hermanos los unos de los otros; en definitiva, para que aprendamos a ser verdaderamente humanos.

La verdadera humanidad está en vivir divinamente. Vivir divinamente no es hacer lo que interesa al capital o al poder, sino lo que le interesa a Dios. Y lo que le interesa a Dios es el ser humano, la dignidad de todos, que haya pan y casa para todos. Dios prefiere más el respeto a las personas que nuestras piadosas devociones. Para llegar a ser divinos no hay que escapar de nuestra humanidad, sino vivirla desde el amor y para el amor.

La encarnación no solo representa la humanización de Dios. Representa igualmente la divinización del hombre. En la encarnación, Dios se ha fundido y confundido con lo humano. Encontramos a Dios en la medida en que nos hacemos más sensibles a todo lo humano, liberándonos de toda deshumanización. Jesús se introduce en el mundo para humanizar. Sus preocupaciones son: la salud de los enfermos, la comida de los pobres y el entendimiento entre los humanos. Para Jesús lo primero es aliviar el dolor de los que sufren.

Dios nos ha creado para ser felices; sólo quiere nuestro bien; por eso le interesa la salud, la educación, el bienestar, la paz, que todos tengan para vivir con dignidad en su familia, que todos disfruten de la vida. En la medida en que nosotros anunciamos, vivimos y realizamos este proyecto humanizador, en esta misma medida nos encontramos con Dios.

Fray Martín Gelabert Ballester

Convento de San Vicente Ferrer (Valencia)

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