Evangelio del día – Semana del 24/12/2018 al 29/12/2018 (Cuarta semana de Adviento)

dominicos

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Cuarta semana de Adviento – Año Par

Del 24

al 29 de diciembre de 2018

Introducción a la semana

Iniciada ya los últimos días de la semana anterior, la llamada Semana Mayor (17-24 diciembre) prosigue preparándonos para la celebración de la Navidad. Los textos de estos días combinan varios géneros literarios (profecía, historia, literatura sapiencial) para introducirnos en el misterio ya inminente de la venida del Salvador; siempre en sintonía con las lecturas evangélicas, que son las que marcan el itinerario litúrgico de esta última etapa del Adviento.

Así, el anuncio del ángel a María es la culminación de la profecía del Enmanuel (“Dios con nosotros”), que Isaías había proclamado ante un rey pesimista sobre el porvenir de su pueblo. Al visitar a Isabel, María se oye decir: “dichosa tú, porque has creído”, como un eco del gozo que expresaba ya la esposa del Cantar de los Cantares o que se le anunció a la Hija de Sión por la proximidad de su Esposo-Señor. En el júbilo agradecido del cántico de María resuena el de la estéril Ana por su hijo tan deseado, fruto de la plegaria y de la gracia. El nacimiento de Juan el Bautista responde a la promesa del mensajero que Dios había de enviar para preparar su venida hasta nosotros. Y finalmente, el cántico de Zacarías ante el nacimiento del Precursor confirma el cumplimiento de lo que Yahvé prometió a David: acompañar siempre a su descendencia como un padre a su hijo.

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 Lunes   24 de Diciembre de 2018  

Hoy celebramos Natividad del Señor y en lugar del evangelio diario puede consultar la homilía del día con las lecturas, el comentario bíblico y las pautas.

 Martes   25 de Diciembre de 2018  

Hoy celebramos Natividad del Señor y en lugar del evangelio diario puede consultar la homilía del día con las lecturas, el comentario bíblico y las pautas.

 Miércoles   26 de Diciembre de 2018  

“El Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros”

Hoy celebramos: San Esteban (26 de Diciembre)

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6,8-10; 7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»Y, con estas palabras, expiró.

Salmo

Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17 R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,un baluarte donde me salve,tú que eres mi roca y mi baluarte;por tu nombre dirigeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:tú, el Dios leal, me librarás.Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.Te has fijado en mi aflicción. R/.

Líbrame de los enemigos que me persiguen;haz brillar tu rostro sobre tu siervo,sálvame por tu misericordia. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Reflexión del Evangelio del día

Señor Jesús, recibe mi espíritu

Ayer celebramos con solemnidad y enorme gozo la Navidad, el “Dios con nosotros”, uno de nosotros. Y hoy nos encontramos de manera sorprendente pasando de la alegría, la sorpresa, el asombro ante la maravilla que no nos atreveríamos ni a soñar, al encuentro con una realidad injusta y cruel.

Lo primero que la Iglesia celebra al día siguiente del nacimiento de Jesús es la fiesta de su primer testigo, Esteban, asesinado -también- por los “representantes” religiosos de su pueblo.

La alegría insospechada de la presencia de Dios entre nosotros no se vive ni se expresa solamente a través de lucecitas, campanas, árboles y villancicos.

Como en un anuncio demasiado precoz, la muerte de Esteban muestra el cumplimiento de lo que Lucas había señalado al comienzo de su evangelio: este niño está colocado de modo que todos en Israel caigan o se levanten; será una bandera discutida… (Lc 2,34). Así, casi al comienzo de los Hechos, el mismo autor nos confirma que el gozo de “haber visto al salvador” se transforma en entrega de la vida.

El texto litúrgico ofrece una muy pequeña parte del relato referido a Esteban. Sería muy interesante leerlo completo en el libro de los Hechos. Nos asombrará el modo en que Lucas va presentando a Esteban como una “copia” de Jesús. No sólo en lo que le sucede, sino en el modo de situarse personalmente ante los representantes de la sinagoga, con una libertad, verdad, valentía, compasión… que recuerdan los rasgos de Jesús.

“Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu” recogió el abandono de Jesús en manos del Padre. En la Nueva Alianza, el primer testigo que entrega su vida hasta el final, la pone en manos de Jesús. Y esa es la invitación para todos. No hace falta esperar al final de la vida, ni perderla de manera cruenta. Hoy, cada día, podemos poner la vida en manos del Señor Jesús. Y de ahí surge el gozo profundo que no podrán arrebatarnos.

No os preocupéis… el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros

Podríamos decir que la primera lectura que hemos escuchado es una “puesta en escena” de lo que hoy nos propone el Evangelio.

Seguir a Jesús tiene exigencias. O tal vez podemos hablar de consecuencias. No debería extrañarnos tratándose del seguimiento de Jesús. Tampoco podemos imaginarlas como pesadas obligaciones que se nos echan encima. Descubrir con alegría el tesoro del Reino que nos anuncia y ponerse tras Él en el camino acaba generando conflictos.

Pero estos conflictos serán dadores de vida cuando aparezcan en nuestra vida “por su causa”. Y no por nuestras tonterías, equivocaciones o escándalos. De ahí la importancia del discernimiento y la atención permanentes.

Y cuando la vida se nos complique verdaderamente por seguir a Jesús, afrontarlo será posible desde la clave que hoy nos señala el Evangelio: No os preocupéis…

El Espíritu del Señor, presente en nosotros, nos proporciona cuanto necesitamos para transitar los caminos, también cuando estos se hacen tortuosos u oscuros. Sólo es preciso “entrenarse”, ejercitarse cada día en ese abandono de la vida en manos de Dios, sin perder un ápice de nuestra responsabilidad sobre la propia vida.

¡Dejemos al Espíritu hablar en nosotros! Es el modo de dilatar y hacer más profunda la alegría de la Navidad que en estos días celebramos.

¡Muy Feliz Navidad!

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo
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 Jueves   27 de Diciembre de 2018  

“Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos”

Hoy celebramos: San Juan Evangelista (27 de Diciembre)

Primera Lectura

Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan 1,1-4:

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Salmo

Sal 96,1-2.5-6.11-12 R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Amanece la luz para el justo, y la alegría para los rectos de corazón. Alegraos, justos, con el Señor, celebrad su santo nombre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan 20,2-8

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Reflexión del Evangelio del día

A un paso de la fe

Tradicionalmente se ha identificado el autor o autores de esta carta con figura del apóstol Juan. Este extracto de la carta pertenece al prólogo que se presenta como testimonio apostólico que confiesa la fe en Jesucristo, Hijo de Dios venido en carne, y a la vez invita a permanecer en la fe, en la doctrina recibida y en el amor a Dios y los hermanos.

El prólogo proclama el anuncio de la salvación e invita a la comunión con el Padre y con el Hijo: “pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre… para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo”.

Una comunión de amor con Dios, una comunión de amor con los hermanos. A veces, se necesita recordar que nuestra misión es más creíble si vivimos la comunión con Dios y la Iglesia. Sin embargo, en ocasiones se ha entendido la comunión como un sometimiento, y me pregunto si ha de ser así.

El someter lleva implícito una visión negativa del pensamiento y la acción de una persona, puede llegar hasta la humillación. En el someter se subordina el juicio, la decisión o el afecto propios a los de otra persona. Sin embargo, para estar en comunión necesito mi propia identidad personal, y tú necesitas saber identificarme como tal, saber quién soy yo; la comunión entendida como sometimiento resulta una contradicción.

En el someter deja entrever incluso la propia inseguridad personal respecto a otra persona diferente a mí. Si para tener autoridad necesito del sometimiento entonces tengo un grave problema de inseguridad. Para tener autoridad no hace falta vivir a costa del sometimiento. Al contrario, todo testimonio y toda autoridad se desprende de la vida, de la ejemplaridad que podamos dar a los demás porque hemos creído y han podido ser testigos de mi vida, de mi amor y de mi fe.

Necesitamos personas creyentes, no sumisas. Personas que se han adherido conscientemente a la fe y que quieran, en unión con los demás, dar testimonio del amor. Incluso, me atrevería a decir que en el someter se falta a la caridad, y se falta al respeto, por no considerar a la otra persona capaz de pensar y dar testimonio con su propia madurez en la fe.

Necesitamos de personas capaces de amar por sí mismas y de creer por sí mismas, responsables de su fe y su formación espiritual, que sepan dar razones de su esperanza.

Nos puede pasar en la fe como al discípulo que corría junto a Pedro, tras oír el testimonio de María Magdalena sobre el sepulcro vacío. Podemos echarnos a correr; incluso, podemos querer llegar los primeros; pero, en el momento de la verdad, cuando llega la hora de comprobar la verdad, nos entra miedo, nos quedamos a un paso de la verdad para empezar a creer. Nos resistimos a creer. Y detrás de ese paso está la vida entera.

¿Qué nos ocurre a los cristianos? ¿Por qué nos quedamos a un paso de la fe, del gran acontecimiento de la vida, de la alegría, de la verdad? ¿Qué le ocurre a la sociedad? ¿Por qué no despierta de su letargo y prefiere que en su horizonte permanezca el odio en lugar de la posibilidad de amar?

El acontecimiento del discípulo, su propio testimonio, fue que venció su miedo, dio un paso adelante y entró en el sepulcro. Y comprobó por sí mismo que estaba vacío. Dice el Evangelio que fue entonces cuando creyó. Porque nadie puede delegar en nadie ese paso crucial que necesita una persona para creer. Ni la tradición, ni ninguna autoridad puede sustituirnos en la libertad para creer.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   28 de Diciembre de 2018  

“Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto”

Hoy celebramos: Santos Inocentes (28 de Diciembre)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1,5-2,2

Queridos hermanos: Os anunciamos el mensaje que hemos oído a Jesucristo: Dios es luz sin tiniebla alguna. Si decimos que estamos unidos a él, mientras vivimos en las tinieblas, mentimos con palabras y obras. Pero, si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados. Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y no poseemos su palabra. Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo

Sal 123,2-3.4-5.7b-8 R/. Hemos salvado la vida, como un pájaro de la trampa del cazador

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,cuando nos asaltaban los hombres,nos habrían tragado vivos:tanto ardía su ira contra nosotros. R/.

Nos habrían arrollado las aguas,llegándonos el torrente hasta el cuello;nos habrían llegado hasta el cuellolas aguas espumantes. R/.

La trampa se rompió, y escapamos.Nuestro auxilio es el nombre del Señor,que hizo el cielo y la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2,13-18

Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.” José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: “Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.” Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: “Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven”.

Reflexión del Evangelio del día

Levantarse una y otra vez, sin miedo

San Juan nos invita a ser Luz con Cristo. Muchas veces caemos en la desesperación, no nos creemos capaces de salir del fango y parece que olvidamos que siempre hay una mano tendida a la espera de que la tomemos: la de nuestro Padre del Cielo. No debemos olvidarnos nunca de la infinita Misericordia de Dios. Cristo nos lo dijo una y otra vez.

Una vez me dijo mi confesor, ante mi desesperación por mis caídas: “Nunca te canses de pedir perdón” Y tenía toda la razón. La naturaleza humana tiene debilidades pero ahí tenemos a Jesús enseñándonos el camino a seguir y animándonos a ser luz con Él. “No pequéis… pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo”

Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos, conocer nuestras debilidades y ponernos en manos de Dios.

Un grito de esperanza debe recorrer el mundo

El Evangelio de hoy nos presenta unos temas que no pueden ser más de actualidad. La emigración, las muertes injustas, las persecuciones, la ambición de poder… Poco ha cambiado el mundo en 2.000 años. Los hombres repetimos una y otra vez los mismos errores, las mismas injusticias.

Vemos como la Sagrada Familia tiene que huir de su tierra por el afán de poder de Herodes. Serán emigrantes en tierra extraña. No sabemos cómo fue su vida en Egipto pero no tuvo que ser fácil, ellos venían de un país pequeño a una de las grandes potencias de la época. Tras de sí dejaban hogar, familia, amigos… ¿Os suena? ¿No lo veis todos los días en las noticias? ¿No veis a vuestros hermanos muriendo en el mar en busca de un futuro? ¿No veis esas caravanas de seres humanos llamando a las puertas del llamado primer mundo? ¿No veis morir a inocentes cada día en las costas? ¿No veis en vuestras calles a hombres y mujeres con la mirada entristecida? Unas veces será la política, otras el hambre, quizá el huir de una realidad que no tiene futuro ¿Y qué hacemos? ¿Cómo les recibimos?

Un rastro de muerte injusta queda tras la huida a Egipto, niños inocentes asesinados sin motivo, niños a los que llamamos Santos porque lo son: los primeros que dieron su vida por Cristo aun sin saberlo. Víctimas de la más atroz de las injusticias. Es bueno que en estos días de la Navidad los tengamos presentes, tanto a aquellos de los tiempos de Jesús como a los actuales: niños de la calle, víctimas de las pandillas, infelices caídos en las redes de la prostitución cuando deberían estar jugando, inocentes atrapados en guerras que no entienden, a veces inmolados con explosivos por no sabemos qué ideas absurdas. Santos inocentes.

Solo la fuerza de la Palabra, la puesta en práctica de las enseñanzas de Jesús, puede salvar esas vidas que nos miran desde el otro lado de las vallas y cuya única esperanza somos nosotros. Tengamos la fe y la fuerza para tenderles nuestra mano.

D. Luis Maldonado Fernández de Tejada, OP
Fraternidad Laical de Santo Domingo, de Almagro
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 Sábado   29 de Diciembre de 2018  

“Quien ama a su hermano permanece en la luz”

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2,3-11:

Queridos hermanos: En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo le conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo -lo cual es verdadero en él y en vosotros-, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Salmo

Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6 R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria. Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones. R/.

El Señor ha hecho el cielo; honor y majestad lo preceden, fuerza y esplendor están en su templo. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,22-35

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, corno dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Reflexión del Evangelio del día

Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza

Para entender las primeras palabras de San Juan hay que tener en cuenta que en su tiempo había una corriente filosófica-religiosa que daba una importancia capital al conocimiento, de tal manera que afirmaba que el solo conocimiento de Dios era suficiente para la salvación. San Juan, como es normal, normal cristiano, rechaza esta doctrina. “Quien dice: Yo lo conozco y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él”. La postura de Jesús a este respecto es bien clara: “Por sus frutos los conoceréis”. El pueblo fiel, con su sencilla y profunda sabiduría, tiene otro dicho que refleja lo mismo: “obras son amores y no buenas razones”. Quien dice conocer a Jesús y no le sigue con sus obras no es cristiano. Quien no vive el mandamiento del amor al hermano “está aún en las tinieblas”. El cristiano es el que vive el mandamiento siempre nuevo del amor. Ese “permanece en la luz y no tropieza”. Ese es el camino que debemos seguir.

 Será como una bandera discutida

María, fiel judía, y poco a poco “cristiana”, cumple la ley de Moisés con el rito de su purificación y con la presentación de Jesús en el Templo. Pero el personaje que más destaca en este fragmento evangélico es el anciano Simeón, “hombre honrado y piadoso que aguardaba el consuelo de Israel”, al que el Espíritu Santo le había hecho la promesa de “que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor”. Experimenta un profundo gozo al contemplar al Mesías y poderlo llevar en sus brazos, al que proclama Salvador y luz para todas las naciones. Lógica la intensa alegría de Simeón. Hablando de sentimientos, tanto José como María no salían de su asombro, “estaban admirados por lo que se decía del niño”.

María siguió admirándose, ahora con tono negativo, ante las nuevas palabras de Simeón, que resumió la vida y misión de Jesús: “será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”. Así fue Jesús en su tiempo y siguió siéndolo a lo largo de la historia hasta nuestros días: “bandera discutida”. Unos con profunda alegría y emoción le aceptarán, le aceptamos, nombrándole nuestro Dios y Señor y Amigo, “nuestra vida”,  y otros le rechazaron y le crucificaron en su tiempo y hoy día otros le siguen matando, no dejándole entrar en sus vidas.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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