Evangelio del día – Semana del 07/01/2019 al 12/01/2019 (Segunda semana de Navidad)

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Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Segunda semana de Navidad – Año Par

Del 7

al 12 de enero de 2019

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 Lunes   7 de Enero de 2019  

“Recorría toda Galilea proclamando el Evangelio del reino”

Hoy celebramos: San Raimundo de Peñafort (7 de Enero)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3,22–4,6:

Queridos hermanos:Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.Y este es su mandamiento; que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros por el Espíritu que nos dio.Queridos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en la carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo les escucha.Nosotros somos de Dios. Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha.En esto conocemos el espíritu de la verdad y el Espíritu del error.

Salmo

Sal 2,7-8.10-12a R/. Te daré en herencia las naciones

Voy a proclamar el decreto del Señor;él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:yo te he engendrado hoy.Pídemelo: te daré en herencia las naciones,en posesión, los confines de la tierra.» R/.

Y ahora, reyes, sed sensatos;escarmentad, los que regís la tierra:servid al Señor con temor,rendidle homenaje temblando. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4,12-17.23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías:“País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles, El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra de sombras de muerte, una luz les brilló.”Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: “convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.”Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.Su fama se extendido por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba.Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Reflexión del Evangelio del día

Nosotros somos de Dios

El puente establecido entre Dios Padre y los hombres, iniciativa misericorde por demás, genera la comunidad de vida que se da entre los dos polos que une este salvífico puente. Lo que da lugar a que todo lo que sale del corazón, en tal conexión, haga que nuestra oración sea atendida. Esta vivencia tiene tal fecundidad que se traduce en cercanía fraterna, en caridad como obligada consecuencia de la comunidad de vida.

No demos más vueltas a prodigio tan evidente: somos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, que es lo mismo que decir: fungimos como hermanos. Porque es el Espíritu el que se adueña de nosotros y nos dirige, no al revés, que sería tamaño dislate; este Espíritu nos anima a aceptar el regalo con el ropaje de cercana misericordia del mismo Jesús, Emmanuel, en todo tiempo y lugar, la bondad de Dios entre nosotros.

Entrar de lleno en esta gracia nos hace fuertes porque nuestro punto de apoyo siempre es la caricia amorosa de Dios que bien sabe crecer en nosotros. Dejémosle hacer, que sabe hacer muy bien las cosas.

Está cerca el Reino de Dios

Nuestro texto se propone resumir en breves líneas el primer ministerio de Jesús en Galilea sin silenciar una de sus genuinas características: el evangelio es un anuncio de salvación dirigido a todos los hombres, pues para todos ellos es el Reino de Dios.

Jesús sabe como nadie de la dificultad del empeño, no obstante el mismo texto indica que su tarea se inicia en un contexto de violencia –Juan había sido arrestado. Se evoca el oráculo profético de Isaías para indicar que ya se ha verificado en los tiempos de Jesús: tal oráculo se perfila en mejoría en la primera predicación de Jesús, que no difiere mucho de la de Juan Bautista, anuncio del Reino de Dios y conversión.

El texto, en una segunda parte, es un sumario muy denso. El Reino de Dios se encuentra en vías de realización en la Palabra autorizada de Jesús y en la victoria inicial sobre el reino del mal.

Raimundo de Peñafort llamó a las puertas de la Orden de Predicadores en Barcelona, precedido de un gran prestigio jurídico-teológico, servicio que le siguió calificando en la Orden y en toda la Iglesia.    

 

Aquí me tienes, Señor, no tengo nada,

tal vez un beso que nadie me pidiera,

estoy cansado, mi vida se derrama,

dame tu aliento, Señor, tu primavera.

(Fran Álvarez)

 

Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)
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 Martes   8 de Enero de 2019  

“Amar con generosidad porque el amor es de Dios”

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,7-10:

“Queridos hermanos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados”.

Salmo

Sal 71,1-2.3-4ab.7-8 R/. Que todos los pueblos de la tierra se postren ante ti, Señor

Dios mío, confía tu juicio al rey,tu justicia al hijo de reyes,para que rija a tu pueblo con justicia,a tus humildes con rectitud. R/.

Que los montes traigan paz,y los collados justicia;que él defienda a los humildes del pueblo,socorra a los hijos del pobre. R/.

Que en sus días florezca la justiciay la paz hasta que falte la luna;que domine de mar a mar,del Gran Río al confín de la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,34-44

“En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer. Él les replicó: Dadles vosotros de comer. Ellos le preguntaron: ¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? Él les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Id a ver. Cuando lo averiguaron le dijeron: Cinco, y dos peces. Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres”.

Reflexión del Evangelio del día

“Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”

 En este tiempo de Epifanía, de la manifestación del Señor, el apóstol San Juan con insistencia nos habla del gran amor de Dios para con los hombres, nos ha enviado a su propio Hijo.

El apóstol nos invita a “amar al otro”, porque el que ama es de Dios. Cuando comenzamos a conocer a Dios, nos duele el dolor de nuestros hermanos nos hacemos más sensibles a las necesidades de los demás. Vemos a Dios en el necesitado y nuestro corazón comienza a ensancharse, queremos que todos experimenten el amor de Dios. Ya no imaginamos nuestra vida sin Él. ¿Podemos amar a Dios realmente?  ¿Podemos nosotros, abrazar con amor al amor infinito de Dios? Pues, nos lo descubre el apóstol cuando nos dice:  “Dios nos manifestó su amor enviándonos a su propio Hijo para darnos vida”.

Desde nuestro bautismo, “el amor de Dios se derramó en nuestros corazones por el Espíritu Santo”. Con este amor otorgado por Él podemos amarle y cumplir el mandamiento que nos dio.  El amor divino derramado en nuestros corazones es la participación del amor con que Dios se ama a sí mismo, nos ama a nosotros y nos amamos entre nosotros. Es decir que amamos al prójimo en la medida en que amamos a Dios en Cristo y estamos ligados por este amor.

Cuanto más profundamente nos arraigamos en Dios, es cuando más espacio damos a su acción en nosotros. El amor hacia nuestros hermanos es la medida de nuestra unión con Dios.

¿Somos consecuentes en amar y en dejarnos amar por Dios en los hermanos?

“Dadles vosotros de comer”

La multiplicación de los panes en el contexto de la Epifanía nos muestra cuánto se entrega Dios en los que lo buscan.

La compasión y amor de nuestro Dios al ver a sus hijos como ovejas sin pastor, hace que se olvide de sí; aun cansado sigue enseñándoles, les instruye con calma. Tanto es así que les llegó la noche. Los discípulos, en sus razonamientos, tenían una solución para que no pasen hambre: que vayan a las aldeas cercanas a comprar. No se molestan en preguntar al maestro buscando una solución, sino que han hecho sus razonamientos y van hacía Él, a manifestar lo que han decidido. ¡Cuántas veces no somos de estos discípulos que van al Señor a decirle lo que tiene que hacer!

“Dadles vosotros de comer”. Jesús sigue invitando a sus discípulos a implicarse, a moverse, a no permanecer indiferentes ante la situación de sus hermanos, aquellos que sufren o se pierden por no tener quién les hable de Dios. Podemos y debemos ayudarlos con lo que somos y tenemos.

 “Jesús alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición”. Cuánto nos hace falta mirar al cielo, pensar en Dios en un mundo donde lo de Dios no cuenta o cuenta poco.

Jesús da a sus discípulos los panes para que los repartan. Reparten lo que han compartido y Él ha bendecido y así es cómo se multiplica lo que compartimos, es el milagro del amor. Cuando damos con amor nunca falta, siempre sobra, porque el bien es expansivo y vuelve también a los que generosamente dan y comparten.

Hoy la Palabra nos invita a que “demos de comer a la gente” pero no sólo con el alimento material sino también el espiritual. Demos nosotros el primer paso como discípulos de Cristo. No reparemos pensando que es muy poco lo que podemos hacer. Confiemos en Él y se multiplicará nuestro esfuerzo y nuestro amor por querer amarle y servirle en nuestros hermanos.

¿Amo verdaderamente a Dios, lo veo en mis hermanos, salgo a su encuentro?

None Noviciado Federal de la Inmaculada Monjas Dominicas
Torrent (Valencia)
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 Miércoles   9 de Enero de 2019  

“Como Él es, así somos nosotros en este mundo”

Primera Lectura

Primera lectura: 1 Jn. 4, 11-18

Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amarnos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto ha llegado el amor a su plenitud con nosotros: en que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo. No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto expulsa el temor, porque el temor mira el castigo; quien teme no ha llegado a la plenitud en el amor.

Salmo

Sal 71,1-2.10-11.12-13 R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,tu justicia al hijo de reyes,para que rija a tu pueblo con justicia,a tus humildes con rectitud. R/.

Que los reyes de Tarsis y de las islas le paguen tributo.Que los reyes de Saba y de Arabia le ofrezcan sus dones;que se postren ante él todos los reyes,y que todos los pueblos le sirvan. R/.

Él librará al pobre que clamaba,al afligido que no tenía protector;él se apiadará del pobre y del indigente,y salvará la vida de los pobres. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según San Marcos 6,45-52

Después que se saciaron los cinco mil hombres, Jesús en seguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. Viendo el trabajo con que remaban, porque tenían viento contrario, a eso de la madrugada, va hacia ellos andando sobre el lago, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el lago, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque al verlo se habían sobresaltado.Pero él les dirige en seguida la palabra y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.»Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque eran torpes para entender.

Reflexión del Evangelio del día

“Maestra, dibújame a Dios”

Una tarde de junio, con un grupo de niños pequeños, en la playa, jugábamos a dibujar con el dedo en su espalda lo que los niños pedían: leones, flores, dragones, princesas… Pero un niño, al preguntarle: “¿Qué quieres que te dibuje?”, respondió: “Maestra, dibújame a Dios”. Se hizo un silencio expectante en el pequeño grupo, yo miré a mi compañera intrigada con lo que haría. Y ella, con mucha seguridad, dibujó un corazón en la espalda del pequeño. Todos sonrieron y ninguno se extrañó. “Dios es amor”. Parece evidente, pero quizás no sea lo primero que se nos ocurre al definir o intentar representar a Dios.

El texto de hoy es continuación de la lectura de ayer, correspondiente al tercer Desarrollo de esta carta, que proclama el contenido más nítido de nuestra fe: “Dios es amor”. Fe y amor se entrelazan al confesar que creemos en Jesús, Hijo de Dios, un Dios que es amor. La invitación de esta carta de Juan y de cada Navidad es a abrirnos a la presencia de Dios en nuestras vidas y en nuestro mundo. Cuando la fe se despista, o se queda pequeña, quizás fría o alejada, cuando ya ni siquiera plantea inquietudes, es el momento de “verle” y “dar testimonio”, de la forma más sencilla y evidente: en el amor.

“Como él es, así somos nosotros en este mundo”. La pista más evidente que Juan nos da para ver si estamos en ruta es la del temor. ¿Qué mueve mi amor, sea a Dios o a los demás, o a mí mismo? La mentalidad de castigos y premios, que esconde inseguridades y manipulaciones, que busca recompensas o despierta miedo en otros, nos aleja de Dios. Pero siempre es posible volver y permanecer, sentarnos al lado de Dios y dejar que nos dibuje, en la espalda, su amor. ¿Qué te dibuja?

La Palabra atraviesa el desconcierto

El texto de Marcos corresponde a la primera parte del Evangelio, en la que Jesús va revelando quién es:” Él es mi Hijo, el amado, en quien me complazco” (Mc. 1, 11). Los milagros y las parábolas van manifestando que Jesús es el Mesías. Con paciencia elige e instruye a los discípulos, los insta a anunciarlo con palabras y gestos. Pero hoy los encontramos desconcertados y temerosos, en medio del lago, en la intemperie de la madrugada. La misma presencia de Jesús les asusta.

Quiero hacer eco de un párrafo de Timothy Radcliffe, al final del libro “Ser cristianos en el siglo XXI”: “Jesús se acerca a los discípulos en su desconcierto, confusión y fracaso. Este es el comienzo de nuestra predicación. Debemos atrevernos a acoger el silencio y las dudas de nuestros contemporáneos, sobre todo en la cultura global actual, que penetra con sus valores prácticamente cada corazón humano, incluido el nuestro”. El reto está en arriesgarnos y predicar, anunciar su Verdad, esa que es capaz de mover y conmover. Y dice unas páginas más atrás: “La veracidad exige ahora del predicador no ya audacia, sino humildad. El misterio derrota nuestras palabras”.

En esta barca de la propia vida, o en la de nuestra comunidad de fe o la Iglesia, tenemos que surcar las noches de silencios y dudas, y dejar espacio para el misterio. Jesús no nos deja solos:” Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”. Me encanta el último versículo, que describe el asombro de los discípulos. ¿Cuántas veces nos pasa eso mismo? Dios se nos hace presente de una forma muy evidente, o somos testigos de un gran gesto de amor, o palpamos la providencia en un momento determinado. Y nos quedamos desconcertados, nos cuesta creerlo, casi que nos asusta. Tenemos que ser testigos de esa Palabra que atraviesa el desconcierto, se manifiesta y se traduce en amor. Más aún, tenemos que proclamarla, con pocas palabras, con la vida.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo
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 Jueves   10 de Enero de 2019  

“Palabras de gracia salían de sus labios”

Hoy celebramos: Beata Ana de los Ángeles Monteagudo (10 de Enero)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4,19–5,4:

Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él, En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no, son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.

Salmo

Sal 71,1-2.14.15bc.17 R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

Dios mío, confía tu juicio al rey,tu justicia al hijo de reyes,para que rija a tu pueblo con justicia,a tus humildes con rectitud. R/.

Él rescatará sus vidas de la violencia,su sangre será preciosa a sus ojos.Que recen por él continuamentey lo bendigan todo el día. R/.

Que su nombre sea eterno,y su fama dure como el sol;que él sea la bendición de todos los pueblos,y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según San Lucas 4,14-22a

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Reflexión del Evangelio del día

Lo nacido de Dios vence al mundo

La lectura de la primera carta de Juan, nos habla del Amor a Dios y al prójimo. No habla de un sentimiento caduco. Es el amor que nace de la fe. Llamémoslo “amor de fe”.

El “amor que nace de la fe” es el que se pone a prueba a sí mismo. El que, a pesar de todo, se mantiene firme. Nada hay que lo haga morir. Cuando hay un verdadero amor, ponemos toda la esperanza, toda la fe, todas las fuerzas, toda el alma en que ese amor perdure. Es el amor que nace de Dios.

El amor de fe, es el amor que es capaz de morir, de sacrificarse. Se sacrifica todo egoísmo, todo interés personal estará ausente. Un amor de fe me ayuda a contemplar la vida del prójimo como un gran acontecimiento de diálogo y esperanza. Es el que se deja la piel por el otro.

El amor de fe, es el que apuesta por la vida del otro, el que mantiene el coraje de la amistad. El que no considera al otro como un utilitario. El amor de fe es el que se mantiene en medio de las tempestades. Es el que agradece cada paso y cada día como un acontecimiento que merece la pena vivir.

El amor que nace de la fe, no vive del pasado, vive del presente. Es el que se muestra aquí y ahora con el convencimiento de que el ayer fue reconciliado, y que mañana proporcionará mayores oportunidades de crecimiento.

El amor de fe es el que deja paso al prójimo, el que vive abierto al otro, conquistando cada día el coraje de creer en ti. Podremos tener experiencias de grandes desengaños, pero la fe me mantiene en el creer en ti aquello que tú mismo no eres capaz de creer de ti mismo.

Por eso, el amor vence al mundo, porque no se nutre sólo del corazón, se nutre de la fe en Dios, de las convicciones, de los principios y valores que nos mantienen en pie y en el camino de la esperanza.

El amor no vive en un corazón dividido. No podemos decir que amamos a Dios, si a la vez albergamos sentimientos de odio y venganza hacia nuestros hermanos. Eso simplemente es una mentira. El odio y la venganza son las armas del mundo que destruye toda relación ¿pero será capaz de destruir el amor? En realidad, el odio y la venganza es un amor invertido, con él se nos van todas las fuerzas cuando albergamos esos sentimientos. Por el contrario, el amor siempre llama al otro como semejanza.

Y todo, porque el amor de fe nace del amor a Dios, y tiene un nombre: Jesucristo. El amor de fe tiene una misión: la de dar a conocer este nombre con la esperanza de ser conocido, expresado, reconocido y proclamado.

Admirados por las palabras de gracia que salían de sus labios

Jesús se sitúa en la sinagoga de su pueblo. Allí inicia su misión. Proclama la lectura del Libro de Isaías, donde se expresa que en Él se cumple las escrituras. Empieza el camino de la liberación de los cautivos de la vida.

Palabras de gracia salen de sus labios. Son palabras reconocidas y admiradas. Atraen los corazones de la gente. Palabras que confortan, que construyen, que devuelven la dignidad. Palabras que resucitan los ánimos, y devuelven a los hombres a su camino.

Jesús se vuelve un referente para la vida de los pobres, hay alguien que habla con dignidad de ellos. Por fin hay alguien que quiere devolverles su dignidad de hijos de Dios. Esas palabras son la actualización de esa condición. Por fin hay alguien que habla de Dios, de su cercanía, que saca al pobre de la soledad total.

Jesús emprende un nuevo camino donde el amor será una fiel expresión de su relación con Dios. Un amor que parte de su relación con el Padre. Un amor que se cumple no solo de palabra sino como acontecimiento de esperanza. Una promesa que expresa la fidelidad de Dios para con su pueblo. Una promesa que se cumple.

Ese Jesús sigue siendo un referente para nuestros días. Un referente para nuestros sueños y esperanzas. Sus Palabras pueden seguir siendo admiradas por nuestros contemporáneos. Será nuestra misión y nuestro amor quien lo dé a conocer. Es una gran responsabilidad porque Dios se vale de nuestra mediación y nuestro testimonio. No podemos dejar de ser promesa cumplida porque de ella depende la esperanza de mucha gente. Por eso el amor tiene que dejar un mero sentimiento, y ha de partir de un corazón convencido que se nutra del amor de la fe.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   11 de Enero de 2019  

“Quiero, queda limpio”

Hoy celebramos: Beato Gonzalo de Amarante (11 de Enero)

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5,5-13

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Éste es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo. No sólo con agua, sino con agua y con sangre; y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los testigos: el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo. Si aceptamos el testimonio humano, más fuerza tiene el testimonio de Dios. Éste es el testimonio de Dios, un testimonio acerca de su Hijo. El que cree en el Hijo de Dios tiene dentro el testimonio. Quien no cree a Dios le hace mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y éste es el testimonio: Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. Quien tiene al Hijo tiene la vida, quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. Os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis vida eterna.

Salmo

Sal 147,12-13.14-15.19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;alaba a tu Dios, Sión:que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,te sacia con flor de harina.Él envía su mensaje a la tierra,y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,sus decretos y mandatos a Israel;con ninguna nación obró así,ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,12-16

Una vez, estando Jesús en un pueblo, se presentó un hombre lleno de lepra; al ver a Jesús cayó rostro a tierra y le suplicó: «Señor, si quieres puedes limpiarme.»Y Jesús extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero, queda limpio.» Y en seguida le dejó la lepra.Jesús le recomendó que no lo dijera a nadie, y añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés para que les conste.»Se hablaba de él cada vez más, y acudía mucha gente a oírle y a que los curara de sus enfermedades. Pero él solía retirarse a despoblado para orar.

Reflexión del Evangelio del día

“Dios nos ha dado vida eterna y esa vida está en su Hijo”

El apóstol San Juan en su primera carta trata de convencer a los creyentes que, efectivamente, Jesús es el Hijo de Dios, que su testimonio en la tierra está fundamentado en el agua, es decir, en el bautismo de Jesús, en la sangre que prefigura el sufrimiento de su pasión y, por supuesto, en el Espíritu, ya que en varias ocasiones se ha manifestado corroborando que Jesús es el Hijo de Dios.

Por esta razón nos advierte que aquellos que creen que Jesús procede de Dios, no tendrán problemas para enfrentarse a las seducciones del mundo y, por consiguiente, vencer los ataques que de todas partes intentan convencer a la gente que Jesús, simplemente fue un personaje histórico; pero si somos capaces de aceptar el testimonio palpable o testimonio humano, con más fuerza procede el testimonio de Dios y, por tanto, si lo creemos es que el Espíritu de Dios habita en nosotros, en resumen. Dios nos ha dado vida eterna y esa vida está en su Hijo Jesús.

La vida que nos otorga Dios como eterna, es lo que convierte al hombre en un ser pleno en todas las situaciones, superando incluso a la muerte.

Por eso, nos dice San Juan: “os he escrito estas cosas a los que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que os deis cuenta de que tenéis una vida eterna”.

Hagamos como dice el Salmo 147 “Glorifica al señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión”.

 

“El solía retirarse al despoblado, y se entregaba a la oración”

En el relato de San Lucas vemos como Jesús, ante el leproso que se presenta ante Él, rostro en tierra, siente compasión, y al decirle el leproso “si quieres puedes curarme”, Jesús, extendiendo la mano, lo toca y le confirma “Quiero, queda limpio”.

El maestro comienza por un gesto de cariño extendiendo su mano y tocándolo, cosa que estaba proscrita para los judíos, pues consideraban al leproso como “impuro”, y, de hecho, éstos debían anunciarse como impuros cuando se acercaba alguien e, incluso, vivir alejados de las poblaciones. Jesús, como siempre, le advierte que no lo diga a nadie y que ofreciera al sacerdote lo que prescribía Moisés por la purificación.

Los hechos de Jesús no pasaban desapercibidos, y la gente hablaba cada vez más de Él y acudían de todas partes a oírle y a que les curara.

Pero Jesús no quería darse un “baño de multitudes” y, en el momento que podía, se retiraba a un sitio solitario para orar.

¡Qué diferencia con la actitud puramente humana! La mayoría queremos que se hable de nosotros, que reconozcan nuestros méritos, que nos convirtamos en personas preeminentes y en la admiración de quienes nos rodean.

Jesús, por el contrario, ante una curación milagrosa dice: “tu fe te ha salvado”, como quitándose importancia, y al mismo tiempo les invita a que no digan nada a nadie.

Jesús huye del protagonismo y no le gusta la adulación, por eso, en el momento que puede, busca la soledad, para poder orar al Padre que lo ha enviado.

Una actitud parecida fue la vida del Beato Gonzalo de Amarante, O.P., que consiguió el permiso de sus superiores para poder llevar, junto a otro fraile, una vida ascética, dedicada a la contemplación y a la evangelización de los habitantes de la zona.

¿Estamos convencidos que Jesús es el Hijo de Dios? ¿Confiamos que Dios nos reserva una vida eterna? ¿Que preferimos la humildad o estar siempre en el candelero?

D. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)
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 Sábado   12 de Enero de 2019  

“Todo el mundo acude a Él”

Primera Lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 5,14-21

En esto está la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y si sabemos que nos escucha en lo que le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que le hayamos pedido. Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y Dios le dará vida -a los que cometan pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte, por el cual no digo que pida-. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es de muerte. Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios lo guarda, y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero yace en poder del Maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna. Hijos míos, guardaos de los ídolos.

Salmo

Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b R/. El Señor ama a su pueblo

Cantad al Señor un cántico nuevo,resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;que se alegre Israel por su Creador,los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,cantadle con tambores y cítaras;porque el Señor ama a su puebloy adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloriay canten jubilosos en filas,con vítores a Dios en la boca;es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan 3,22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea, se quedó allí con ellos y bautizaba. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque había allí agua abundante; la gente acudía y se bautizaba. A Juan todavía no le habían metido en la cárcel.Se originó entonces una discusión entre un judío y los discípulos de Juan acerca de la purificación; ellos fueron a Juan y le dijeron: «Oye, rabí, el que estaba contigo en la otra orilla del Jordán, de quien tú has dado testimonio, ése está bautizando, y todo el mundo acude a él.»Contestó Juan: «Nadie puede tomarse algo para sí, si no se lo dan desde el cielo. Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: “Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él.” El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo; pues esta alegría mía está colmada. Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar.»

Reflexión del Evangelio del día

“El que ha nacido de Dios no peca”

San Juan comienza este pasaje de su epístola dándonos el criterio para que nuestra oración de petición consiga lo que pide: debemos pedir “según la voluntad de Jesús, el Hijo de Dios”. Siempre que pidamos dentro del amplio campo de su voluntad, Jesús nos lo concederá. Lo que sucede es que muchas veces le pedimos algo que entra dentro de nuestra voluntad y no de la suya.

El secreto de ser un buen cristiano consiste en caer en la cuenta de que “ha nacido de Dios” y que por tanto “somos de Dios”… siendo de Dios no peca, ni con “un pecado de muerte ni con un pecado que no es de muerte”, porque es de Dios y si es de Dios, deja que Dios reine en su corazón y guíe sus acciones. Cuando pecamos es cuando  dejamos de ser de Dios, le damos la espalda y “el mundo y el maligno” se adueñan de nosotros.

 

 “Él tiene que crecer y yo tengo que menguar”

El evangelista Juan nos presenta a Juan el Bautista y a Jesús bautizando al mismo tiempo, pero en lugares distintos. Jesús en Judea y Juan en “Enón, cerca de Salín”. Todo parece indicar que los discípulos de Juan llevan mal que “Jesús esté bautizando y todo el mundo acuda a él”.

Juan el Bautista no es celoso de Jesús y de la buena acogida que tiene. Sabe cuál es su papel. Ya dio testimonio de Jesús “en Betania, al otro lado del Jordán”: “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Detrás de mí viene uno, que es antes de mí, porque era primero que yo”. Y ahora, ante sus propios discípulos, vuelve a dar testimonio a favor de Jesús, del que él solo es su Precursor: “Vosotros mismos sois testigos de que yo dije: Yo no soy el Mesías, sino que me han enviado delante de él… él tiene que crecer y yo tengo que menguar”.

Todos los cristianos tenemos que imitar a Juan el Bautista en su empeño de que Jesús es “el que tiene que crecer y yo tengo que menguar”. A la hora de predicar nunca nos hemos de predicar a nosotros mismos. Siempre a Jesús y de lo que se trata es que nuestros oyentes se queden con Jesús, que es el Hijo de Dios, nuestro Salvador y no con nosotros.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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