“Mientras que el esposo este con ellos no pueden ayunar”

Evangelio del día
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

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Lunes, 21 De Enero

Lunes de la segunda semana del Tiempo Ordinario

Beata Josefina de Santa Inés

Beata Josefina de Santa Inés

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Carta a los Hebreos (5,1-10.)
Hermanos:
Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana.
Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados.
Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón.
Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.
Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer.
De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,
porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

Salmo (110(109),1.2.3.4.)
Dijo el Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
mientras yo pongo a tus enemigos
como estrado de tus pies».

El Señor extenderá el poder de tu cetro:
«¡Domina desde Sión,
en medio de tus enemigos!

Tú eres príncipe desde tu nacimiento,
con esplendor de santidad;
yo mismo te engendré como rocío,
desde el seno de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se retractará:
«Tú eres sacerdote para siempre,
a la manera de Melquisedec.»

Evangelio según San Marcos (2,18-22.)
Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?”.
Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo.
Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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San Efrén (c. 306-373)

diácono en Siria, doctor de la Iglesia

Himnos sobre la fe (frm trad. ©evangelizo.org©)

“Mientras que el esposo este con ellos no pueden ayunar”

Señor, te invito a un banquete de bodas en medio de cánticos. En Caná, el vino que expresa nuestra alabanza faltó; tú, el invitado que llenó las jarras de buen vino, ¡llena mi boca de tu alabanza!
El vino de Caná es el símbolo de nuestra alabanza, pues aquellos que lo bebieron quedaron maravillados. En ese banquete de nupcias que no era el tuyo, tú, el verdadero justo, hiciste desbordar seis jarras de un delicioso vino; al banquete que yo te invito, puedes llenar de tu dulzura los oídos de una multitud.
En otros tiempos tú eras invitado a las bodas de los otros; he aquí ahora tu banquete que es casto y bueno. ¡Que regocije a tu pueblo! ¡Que tus cánticos deleiten a tus invitados, que mi cítara acompañe tu canto!
Tu prometida, es nuestra alma; nuestro cuerpo, tu alcoba nupcial; nuestros sentidos y nuestros pensamientos, los invitados. Si para ti una sola persona es un banquete de bodas, ¡será grande el de toda la Iglesia!

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