Preparación de homilías – V Domingo del tiempo ordinario – 10/02/2019

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Homilía V Domingo del tiempo ordinario

10 de febrero de 2019 – Ciclo C

“Rema mar adentro y echad las redes para pescar”

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  Introducción  

Tres personajes enmarcan las lecturas de este domingo. De un lado Isaías, que tiene una visión de la gloria de Dios. De otro Pedro, que asiste en la pesca milagrosa a una verdadera teofanía de Jesús. En el centro Pablo que se dirige a los cristianos de Corinto. En los dos primeros se da la admiración ante lo que están viendo. En los tres el reconocimiento de su propia indignidad y su condición de pecadores. Apártate de mí, dice Pedro, que soy un pecador. Los tres están unidos por la misión. ¿A quién enviaré? Se escucha decir a Dios en la primera lectura. Los tres llamados, escogidos y enviados para hablar de Dios a los hombres.

Contrasta por un lado la primera lectura de Isaías, en la que se hace presente la gloria de Dios en toda su grandeza. Una experiencia que asusta. Y de otro lado, en el Evangelio, la cercanía de Jesús a todas las gentes que acuden  para escuchar con atención su palabra. Dios ya no se muestra “lejano y terrible” sino cercano y acogedor.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.

Convento Sta. Cruz La Real de Granada

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  Lecturas  

Primera Lectura

Lectura del Profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo.Y vi serafines en pie junto a él.Y se gritaban uno a otro diciendo:–¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su gloria!Y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo.Yo dije:–¡Ay de mí, estoy perdido!Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos.Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas;la aplicó a mi boca y me dijo:–Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.Entonces escuché la voz del Señor, que decía:–¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?Contesté:–Aquí estoy, mándame.

Salmo

Sal 137, 1-2a, 2bc-3. 4-5 7c-8 R. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. R.

Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma. R.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca;canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R.

Extiendes tu brazo y tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R.

Segunda Lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 1-11

Hermanos:Os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado nuestra adhesión a la fe.Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto:que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce;después se apareció a más de quinientos hermanos juntos,la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto;después se le apareció a Santiago,después a todos los Apóstoles;por último, como a un aborto, se me apareció también a mí.Porque yo soy el menor de los Apóstoles, y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios.Pero por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí.Antes bien, he trabajado más que todos ellos.Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo.Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:–Rema mar adentro y echad las redes para pescar.Simón contestó:–Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:–Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.Jesús dijo a Simón:–No temas: desde ahora, serás pescador de hombres.Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

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  Comentario bíblico  

Comentario bíblico de: Fray Miguel de Burgos Núñez

También puede ver el de: Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Todos somos llamados a ser profetas y pescadores de hombres

            En el centro de las lecturas de este domingo aparece como mensaje fundamental la fuerza de la Palabra de Dios para cambiar la vida de aquellos que la escuchan, la acogen y la siguen. Esto es bien manifiesto en el evangelio y en la primera lectura profética; pero no lo es menos en el “credo” que Pablo propone a la comunidad de Corinto, recordándoles que si ellos son una comunidad de creyentes, se debe a que han acogido el mensaje, que él, a su vez, había recibido de los testigos de Jesús: que Cristo murió por nosotros y ha resucitado para darnos a todos la vida.

Iª Lectura: Isaías (6,1-2ª.3-8): La palabra de Dios que transforma

I.1. En la lectura profética se nos describe la experiencia de Isaías en el templo de Jerusalén cuando es llamado para ser enviado y hablar al pueblo en nombre de Dios. El profeta se siente indigno, porque ha tenido una experiencia tan intensa de lo que es Dios, de lo que es su Palabra, que no se atreve a hablar a un pueblo infiel, ya que él mismo se considera parte de ese mismo pueblo. Pero con un simbolismo de purificación de uno de los serafines (serafín tiene una raíz hebrea que significa “arder”), en definitiva de la acción curativa y purificadora de la Palabra de Dios, se siente impulsado a hablar a los hombres de Dios. La Biblia sabe muy bien expresar la transformación de la situación de pecado del hombre por medio de la intervención salvífica de Dios.

I.2. Lo que se quiere poner de manifiesto en esta experiencia del propio profeta, no es algo que solo vivirá él, sino todo el pueblo a causa de su palabra profética, que es Palabra de Dios. Quien es llamado a ser profeta siente que le arde el alma y el corazón. ¡Da miedo, claro! Pero la misma Palabra transforma el miedo en valentía y audacia. Cuando ruge el león (como dice Amós 3,8 “Ruge el león, ¿quién no temerá?   Habla el Señor Yahvé, ¿quién no profetizará?). Dios tiene esas intervenciones extraordinarias, a base de experiencia personales, que arranca de la indolencia y la trivialidad. El profeta que tiene la “suerte” no dormirá tranquilo. Ya verá la vida y la religión de otra manera. A cada uno le ocurre en su “status”. Es probable que Isaías fuera de familia distinguida, quizás sacerdotal. Ahí llega también la palabra de Dios para purificar y transformar.

IIª Lectura: Iª Corintios (15,1-11): El credo fundamental del cristianismo primitivo

II.1. En el contexto de 1Cor 15, estos versos iniciales marcan una pauta determinante porque están construidos en torno a la fe primitiva de los cristianos que se resumen, con solemnidad, anunciando la muerte y resurrección de Jesús. ¿En que se apoyan? En la experiencia que tienen de Él después de su muerte. La muerte no ha sido para Él una derrota; no es necesaria, ni lo será para nadie una segunda muerte. No sería justo ni para Dios, ni para ningún hombre. Por tanto, tampoco para Jesús. La resurrección se impone en sus vidas como una experiencia de vida. Esto es una revelación de Dios, que tienen que aceptar por la fe. Así fue y así lo recibió Pablo, y de la misma manera se lo trasmitió a su querida comunidad de Corinto en el mismo momento de la fundación. A eso le llama Pablo, concretamente, el Evangelio.

II.2. Como ya hemos dicho es un “credo”, una confesión de fe trasmitida por Pablo. Es verdad que Pablo pretende legitimar su papel de Apóstol para combatir a algunos que niegan la necesidad de la resurrección, y por lo mismo, el hecho fundamental de que Jesucristo hubiera resucitado de entre los muertos. Él, Pablo, se considera como un apóstol abortivo (significa que la experiencia del Señor resucitado para él es como un nacimiento imprevisto, inesperado, casi imposible, ya que él estaba bien convencido de su judaísmo y del valor de la ley, e incluso había perseguido a la comunidad que confesaba a Jesús resucitado), no lo merecía. Pero ahí está dando a conocer en el mundo entero la gran noticia de la resurrección de Jesús y de todos los hombres.

II.3. Pablo les recuerda esto, porque está poniendo unas premisas indiscutibles, ya que intenta responder a una noticia que le ha llegado: que algunos no ven necesario hablar de la resurrección con lo que esto significa desde la mentalidad antropológica de un judío, pero en confrontación con la mentalidad griega. Si comienza así, con esa solemnidad, es porque este “Evangelio” es el principio y la base de toda su argumentación posterior. Debemos reconocer que esta es una de las piezas maestras de los textos de Pablo. Si no se acepta que Cristo ha sido resucitado por Dios, el cristianismo que ellos han aceptado, el evangelio, no tiene sentido. Si Cristo no vive con una vida nueva entonces… el cristianismo no tiene nada que ofrecer a los hombres. ¡Pero no! Cristo ha resucitado… y él mismo ha tenido experiencia de ello, de la misma manera que los otros apóstoles la tuvieron antes que él.

Evangelio: Lucas (5,1-11): La palabra de Dios que cambia la vida de los hombres

III.1. El evangelio nos relata la vocación de Pedro en un pasaje propio de Lucas, distinto de la vocación de los primeros discípulos narrada por Mc 1,16-20; está más próximo de Jn 21,1-11 sobre el momento de las experiencias que tuvieron los apóstoles después de la resurrección de Jesús. Los inconvenientes que Pedro pone a salir a pescar con Jesús y echar las redes en el agua tienen cierto parecido con la objeción de Isaías para desempeñar la misión de profeta. Han estado toda la noche y no han encontrado nada; ahora, casi de día, es más difícil aún, los peces no acuden. Pero en este caso van con Jesús, con el Señor que trae la Palabra viva de Dios. Es eso lo que les hará dejarlo todo para seguirle; dejarán incluso la pesca milagrosa que han recogido para emprender una misión nueva, para pescar a los hombres en el mar de la vida y anunciarles la salvación de Dios.

III.2. Ciertos detalles del texto son dignos de mención: Jesús está en el lago, y la muchedumbre acude para escuchar la “palabra de Dios” (logos tou theou, que es una expresión que es frecuente en la obra de Lucas: 8,11.21; 11,28, Hch 4,31; 6,2.7; 8,14; 11,1; 13,5.7.44.46; 16,32; 17,13; 18,11). Pero esa palabra de Dios, se va a convertir es una fuerza transformadora que haga que Simón y los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan, tengan que dejar de ser pescadores, que estaban asociados (koinoi) en el lago, para seguir a Jesús como “pescadores de hombres”. Lo extraordinario de la pesca también tiene su significado, especialmente porque no era la hora de pescar, por la noche, sino a la luz del día. La orden de Jesús, su palabra, hace posible lo que no es normal. Así sucede, pues, con el evangelio que trasforma el miedo en alegría. Pedro se confiesa pecador, indigno, como los profetas. Pero eso no importa… lo importante es seguir a Jesús.

III.3. Por lo mismo, en todas las lecturas, vemos cómo se impone la Palabra de Dios, Dios mismo, Jesucristo resucitado, en la vida de todos aquellos que deben colaborar en el proyecto salvífico sobre este mundo y transforma la existencia de cada uno. La Palabra de Dios tiene una eficacia que motiva la respuesta de Isaías, de Pedro y los apóstoles y de Pablo. No eran santos, sino pecadores y alejados de la “santidad divina”. La Palabra, Jesucristo, su evangelio, se impone en nuestra vida, pero no nos agrede: nos interpela, nos envuelve misteriosamente, nos renueva, cambia los horizontes de nuestra existencia y nos lleva a colaborar en la misión profética del evangelio, que es la misión fundamental de la Iglesia en el mundo. Si al principio dan un poco de miedo las respuestas, estas se hacen radicales, porque no es necesario ser santo o perfecto para colaborar con Dios. Hace falta prestarle nuestra voz, nuestro trabajo y todo será distinto. Se nos propone una vida nueva, en perspectiva de futuro, sin cálculos…y todo cambiará, como cambiaron Isaías y como cambiaron Pedro y Pablo. No somos santos, no somos perfectos ¿cómo podremos? Cuando aprendemos a fiarnos de Jesús y de su evangelio; cuando queremos salir de nuestros límites, la Palabra de Dios es más eficaz que nuestras propias razones para no echar las redes en el agua, en la vida, en la familia, entre los amigos, en el trabajo… y seremos profetas, y seremos pescadores.

Fray Miguel de Burgos Núñez

Maestro y Doctor en Teología. Licenciado en Sagrada Escritura

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Este comentario está incluido en el libro: Sedientos de su Palabra. Comentarios bíblicos a las lecturas de la liturgia dominical. Ciclos A, B y C. Editorial San Esteban, Salamanca 2009.

  Pautas para la homilía  

Estamos al comienzo de la predicación de Jesús. Un Jesús cercano a la gente sencilla del pueblo. Estamos a la orilla del lago, allá en Galilea. Es el lugar no solo geográfico, sino teológico que Jesús ha escogido para comenzar su misión. La tierra de los pequeños, de los sencillos de Israel, de los que no cuentan para los poderes establecidos.

Pasa entre la gente, se hace presente no en lugares “sagrados” sino en su ámbito de trabajo diario. Los pescadores están en su labor cotidiana de lavar las redes tras una noche  de duro trabajo. Con Jesús se ha hecho el día, con él llega la luz que les permite ver de otra manera, con ojos nuevos.

La gente está ansiosa de escuchar a Jesús. Son muchos los que hablan, pero ninguno con su autoridad. Sus palabras llegan al corazón.

Jesús se embarca con Simón y sus compañeros. Entra en sus vidas. Quiere necesitarles, contar con ellos.  Estos hombres han trabajado mucho, pero les ha lucido poco. No han cogido nada.

Simón está a la cabeza del grupo. Le presta al Maestro su barca. Es dócil a sus órdenes. Con Jesús en la barca han cambiado las cosas. Él se erige en patrón, trabajan a sus órdenes. Los resultados cambian radicalmente. Cogen una redada tan grande que no pueden con los peces. Se llenan de asombro y llaman a los compañeros para que les ayuden.

Pedro reconoce su pequeñez y la grandeza de Jesús. Se pone a sus pies. Le siguen sus compañeros. Desde ahora, le dice Jesús a Pedro, serás pescador de hombres.

¿Es un milagro solamente? Así podemos verlo y quedarnos maravillados, o ¿es sobre todo una buena noticia para nosotros? ¿Dónde está Jesús hoy? ¿Está entre los grandes y poderosos? ¿Está en los templos o lugares que consideramos sagrados? No, Jesús está entre la gente sencilla. Jesús está cerca de nosotros, en nuestros trabajos, en nuestras casas, en nuestras cosas sencillas de todos los días. Esa es la buena noticia.

¿Cómo nos van las cosas? Puede ser que también nosotros estemos bregando, trabajando duro. Y en nuestra briega, en nuestra lucha de cada día, a veces experimentemos la noche o el cansancio. O tal vez la falta de resultados. Las cosas no ocurren siempre como nosotros deseamos.

Jesús está cerca. Jesús te pide prestada la barca. Jesús se embarca contigo, en tus cosas, en tus asuntos. Si tú le dejas, claro. ¿Quién es el “patrón” de tu barca, de tu vida? Para el verdadero creyente es Jesús. Y en su nombre echamos las redes cada día.

Tu puedes escuchar o no a Jesús. Puedes querer hacer la vida sólo o hacer la vida contando con él. Hay tanta diferencia como de la noche al día. Como de las redes vacías a las redes llenas.

Jesús no se asusta de tu pequeñez. Como no se asustaba de los labios impuros de Isaías, en la primera lectura, o de que Pablo de Tarso hubiera sido un perseguidor de los primeros cristianos.

Pero tienes que abrirle el corazón y la vida, la casa y la barca. Tienes que dejarle coger el timón y fiarte plenamente de Él. Quiere hacerte, como a Pedro “pescador de hombres”. Capaz de contagiar a muchos la experiencia. Te quiere hacer predicador, con la vida y la palabra, de la Buena Noticia de la salvación.

Fr. Francisco José Collantes Iglesias O.P.

Convento Sta. Cruz La Real de Granada

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