« Le dio lástima de ellos »

Evangelio del día
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

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Sábado, 9 De Febrero

Sábado de la cuarta semana del Tiempo Ordinario

San Miguel Febres Cordero

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Carta a los Hebreos (13,15-17.20-21.)
Y por medio de él, ofrezcamos sin cesar a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su Nombre.
Hagan siempre el bien y compartan lo que poseen, porque esos son sacrificios agradables a Dios.
Obedezcan con docilidad a quienes los dirigen, porque ellos se desvelan por ustedes, como quien tiene que dar cuenta. Así ellos podrán cumplir su deber con alegría y no penosamente, lo cual no les reportaría a ustedes ningún provecho.
Que el Dios de la paz -el mismo que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre de una Alianza eterna-
los capacite para cumplir su voluntad, practicando toda clase de bien. Que él haga en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo (23(22),1-3a.3b-4.5.6.)
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,

Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Evangelio según San Marcos (6,30-34.)
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
El les dijo: “Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco”. Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Isaac el Sirio (siglo VII)

monje cercano a Mossoul

Sermones ascéticos, 1ª serie, nº 60

« Le dio lástima de ellos »

Si David dice de Dios que es justo y recto, su Hijo nos ha revelado que es bueno y suave… Alejemos de nosotros el pensamiento injusto de que Dios no se compadece… Oh admirable compasión de Dios. Oh maravilla de la gracia de Dios nuestro Creador. Oh poder suficiente a todo. Oh inconmensurable bondad con la cual reviste nuestra naturaleza pecadora para recrearla. ¿Quién puede hablar de su gloria? Levanta al que le ha ofendido y blasfemado, renueva al polvo sin alma…, y de nuestro espíritu dispersado y de nuestros sentidos extraviados hace una naturaleza dotada de razón y capaz de pensar. El pecador no está capacitado para comprender la gracia de su resurrección… ¿Qué es el abismo ante la gracia de la resurrección cuando nos levantará de nuevo alejándonos de la condenación, y dará a este cuerpo perecedero poder revestirse de incorruptibilidad? (1C 15,53)…
Vosotros que sabéis discernir, venid y admirad. ¿Habrá alguien, dotado de gran y maravillosa inteligencia, que admire la gracia de nuestro Creador como merece? Esta gracia es la retribución de los pecadores. Porque en lugar de darles lo que, con estricta justicia merecen, a cambio les dará la resurrección. En lugar de los cuerpos que han profanado su Ley, les reviste de la gloria de la incorruptibilidad. Esta gracia –la resurrección que se nos dará aún después de haber pecado– es todavía más admirable que la primera cuando nos creó, cuando todavía no existíamos. ¡Gloria a tu inconmensurable gracia, Señor! No puedo hacer otra cosa que callarme ante los ríos de tu gracia. Soy incapaz de decir la gratitud que te debo.

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