Evangelio del día – Semana del 11/02/2019 al 16/02/2019 (Quinta Semana del Tiempo Ordinario)

dominicos

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Quinta Semana del Tiempo Ordinario – Año Par

Del 11

al 16 de febrero de 2019

Introducción a la semana

Con la semana empieza la lectura del Génesis, del primer libro de la Biblia, el comienzo, pues, de la Sagrada Escritura, que coincide con el relato del comienzo de nuestro mundo y del primer hombre y la primera mujer. Estos capítulos del Génesis quieren dar respuestas a los grandes interrogantes que el ser humano se ha siempre planteado: ¿Cuál es el origen de todo? ¿Por qué el ser humano ocupa un lugar privilegiado en lo creado? ¿Por qué hombre y mujer y el atractivo mutuo? ¿Por qué la muerte y el dolor? ¿Por qué el trabajo? ¿Puede haber alguna solución a los grandes problemas que genera la presencia del mal?… Planteándonos esos problemas y otros similares hemos de estar atentos a su lectura.

Veremos que Dios está en la solución de ellos. En un mundo sin Dios se complica mucho el encontrar una solución.El evangelio sigue siendo el de Marcos. En él ya se nos presenta a Jesús enfrentándose con los fariseos o molesto por lo que les cuesta a sus discípulos entenderle. Pero la semana terminará con episodios en los que Jesús sigue remediando el dolor y, movido por la lástima, la que tiene ante todo dolor humano, saciando a la muchedumbre hambrienta.

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 Lunes   11 de Febrero de 2019  

“Y los que lo tocaban se ponían sanos”

Primera Lectura

Comienzo del libro del Génesis 1,1-19:

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era un caos informe; sobre la faz del abismo, la tiniebla. Y el aliento de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: «Que exista la luz.» Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena. Y separó Dios la luz de la tiniebla; llamó Dios a la luz «Día»; a la tiniebla, «Noche». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero. Y dijo Dios: «Que exista una bóveda entre las aguas, que separe aguas de aguas.» E hizo Dios una bóveda y separó las aguas de debajo de la bóveda de las aguas de encima de la bóveda. Y así fue. Y llamó Dios a la bóveda «Cielo». Pasó una tarde, pasó una mañana: el día segundo. Y dijo Dios: «Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo sitio, y que aparezcan los continentes.» Y así fue. Y llamó Dios a los continentes «Tierra», y a la masa de las aguas la llamó «Mar». Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: «Verdee la tierra hierba verde que engendre semilla, y árboles frutales que den fruto según su especie y que lleven semilla sobre la tierra.» Y así fue. La tierra brotó hierba verde que engendraba semilla según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla según su especie. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día tercero. Y dijo Dios: «Que existan lumbreras en la bóveda del cielo, para separar el día de la noche para señalar las fiestas, los días y los años; y sirvan de lumbreras en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra.» Y así fue. E hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el día, la lumbrera menor para regir la noche, y las estrellas. Y las puso Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el día y la noche, para separar la luz de la tiniebla. Y vio Dios que era bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día cuarto.

Salmo

Sal 103,1-2a.5-6.10.12.24.35c R/. Goce el Señor con sus obras

Bendice, alma mía, al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R/.

Asentaste la tierra sobre sus cimientos, y no vacilará jamás; la cubriste con el manto del océano, y las aguas se posaron sobre las montañas. R/.

De los manantiales sacas los ríos, para que fluyan entre los montes; junto a ellos habitan las aves del cielo, y entre las frondas se oye su canto. R/.

Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. ¡Bendice, alma mía, al Señor! R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos, terminada la travesía, tocaron tierra en Genesaret y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Reflexión del Evangelio del día

Los que lo tocaban se ponían sanos

En un país, como Palestina, donde la pobreza era tan común, no era extraño que las enfermedades fuesen también abundantes. Por eso, no es sorprendente que cuando Jesús llegaba a alguna población, provocara en aquella comarca una cierta conmoción entre la gente sencilla y necesitada. Los médicos profesionales eran privilegio de una pequeña élite. El resto ¿a quién podía acudir?

La enfermedad iba rodeada, además, de prejuicios comunes; tenía carácter excluyente, de ahí que la curación implicara liberación ya que significaba volver a integrarse en la comunidad. Enfermedad y pecado se suponía estar relacionados. La curación implicaba, por lo mismo, devolver al enfermo su puesto en la comunidad. La sanación, por tanto, además de curación física suponía liberación plena de la persona enferma.

Por eso, para Jesús las curaciones eran un modo de manifestar la llegada del Reino de Dios. A la pregunta de los discípulos de Juan de si era él el Mesías, Jesús respondió con una serie de hechos que expresaban, sobre todo, liberación de los más pobres, los enfermos. Esa llegada del Reino él la manifiesta en ir creando un mundo diferente. Lo expresa en todo lo que lleva a cabo. El más espectacular es, sin duda, el de las curaciones. Lo curioso del evangelio que leemos este día, es que Jesús parece estar inactivo. Son los enfermos o sus familiares los que se acercan, aunque solo sea para tocar la orla de su manto desde la seguridad de quedar sanos.

¿Qué esperaba Jesús de quienes acudían a él?  Fe. Es lo que presuponía la sanación. Sus milagros no eran más que un modo de reconocer la presencia de Dios y un encuentro con él. Por eso la fe, también hoy, es el único camino para contactar con Jesús. Quizá precisemos, antes, reconocernos “enfermos”, necesitados, para que ese contacto con él surta también en nosotros el efecto sanador.

Hoy la medicina ha dado pasos importantes, avances espectaculares en muchos aspectos. El sufrimiento, el dolor, siguen acompañando al hombre en su paso por la tierra, ya que, a enfermedades superadas o controladas, las sustituyen nuevas sacudidas en la salud de las personas a las que todavía no se encuentra remedio.

Cuando el dolor llega a nuestra vida ese hecho nos sitúa en otros niveles. No es extraño que, explícita o implícitamente, surja el planteamiento religioso y así ante lo desbordante de estas situaciones se piense en el misterio en que nos desenvolvemos y las preguntas que se repiten, una y otra vez, nos llevan a mirar la vida  desde otra perspectiva.  ¿Más profunda, más sincera, más real? No lo sé, pero es claro que ese dolor nos lleva a vivir más conscientemente nuestra condición de seres incompletos y, por lo mismo, necesitados de la mano de Dios.

Ojalá que ese dolor no nos destruya, sino que nos lleve a contactar con Jesús desde la seguridad de que Él puede ayudarnos en medio de esos contratiempos.

Fray Salustiano Mateos Gómara
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Martes   12 de Febrero de 2019  

“Dejáis a un lado el mandamiento de Dios”

Hoy celebramos: Beato Reginaldo de Orleans (12 de Febrero)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 1,20–2,4a:

Y dijo Dios: «Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.» Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: «Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.» Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios: «Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.» Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.» Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: «Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.» Y dijo Dios: «Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.» Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de todo el trabajo que Dios había hecho cuando creó. Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra.

Salmo

Sal 8,4-5.6-7.8-9 R/. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos, todo lo sometiste bajo sus pies. R/.

Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,1-13

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.” Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Y añadió: «Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre” y “el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte”; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: “Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo”, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.»

Reflexión del Evangelio del día

Todo era muy bueno

Dios es un Dios que, al terminar de crear al hombre y a la mujer, “vio que era muy buena” su obra. Como dice el Papa Francisco en Laudato si´: «La Biblia enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios. Esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que «no  es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas». «Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso «cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario».

Nos dejó la responsabilidad de cuidar de su creación y de seguir “creando”, investigando y cuidando los unos de los otros, repartiendo lo que Él nos dejaba para todos como heredad. Apostó y sigue apostando por nosotros. No nos trata como a inútiles ante nuestra mala gestión, ni nos quita su confianza, sino que nos sigue dando luz para que actuemos en consonancia con lo que estamos llamados a ser: hijos e hijas suyos. Con responsabilidad hacia nuestros hermanos y la creación. Como dice Francisco, cuidemos nuestra casa común.

¿Por qué tus discípulos no se lavan las manos?

Ante Jesús se presentan fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén. Todo tiene el aspecto de una confrontación oficial. El problema es que algunos discípulos comían con manos impuras. Los fariseos vivían preocupados más por las prescripciones de la Ley que por el espíritu de la misma Ley; cumplían muy bien con las leyes, pues pensaban que de su modo de cumplirlas les venía la salvación.

Jesús fustiga esa piedad externa y legalista: Vosotros anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Jesús así pone de manifiesto la hipocresía de la legalidad judía.  Él busca la auténtica moralidad, una moralidad basada no en una piedad meramente externa y ritualista, sino en el corazón y en la decisión consciente del hombre. Jesús arremete contra la hipocresía de una religión vacía de Dios, llena de preceptos humanos, normas y tradiciones. Honrando al Señor con los labios pero con un corazón distanciado a kilómetros. Y aboga por la medida de la misericordia hacia los pecadores y marginados a fin de que puedan recuperarse mediante la conversión.

Jesús nos recuerda a todos que la práctica de la Ley (para los judíos) y la obediencia a la Palabra escrita (para los cristianos) es una imitatio Dei que restablece en el hombre, hecho a imagen de Dios, la plena semejanza con su Creador. El honor que el hombre tributa a Dios consiste esencialmente en vivir su vocación originaria: ser imagen y semejanza  del Creador.

¿Dónde está tu Dios? ¿Dónde está tu corazón? Si me olvido de ti, Señor, si al final no es a ti a quien busco, si no es a ti a quien encuentro, ¿dónde te perdí? ¿Dónde me perdí? ¿Quién torció mi camino?

¿Seremos capaces de recoger este desafío, de realizar una opción y vivir sus consecuencias?

Hoy celebramos la memoria del Beato Reginaldo de Orleáns. De él escribió el Beato Jordán de Sajonia que su elocuencia era encendida, y su palabra, como antorcha, inflamaba el ánimo de quienes escuchaban: muy pocos tenían tan endurecido el corazón que se resistieran al calor de aquel fuego. Parecía un segundo Elías.

Sor Cristina Tobaruela O. P.
Monasterio de las Dueñas (Salamanca)
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 Miércoles   13 de Febrero de 2019  

“El hombre se convirtió en ser vivo”

Hoy celebramos: Beato Jordán de Sajonia (13 de Febrero)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 2,4b-9.15-17:

Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial saltaba del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara. El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.»

Salmo

Sal 103,1-2a.27-28.29be-30 R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor, ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R/.

Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes. R/.

Les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,14-23

En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.» Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.» Con esto declaraba puros todos los alimentos. Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Reflexión del Evangelio del día

El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló aliento de vida

La liturgia de la Palabra, hoy nos permite recordar que el libro del Génesis, así como todo el Antiguo Testamento, no es un libro de historia, sino relatos teológicos, probablemente escritos en el período del exilio, que buscan responden preguntas antiguas sobre el origen de la vida, del mundo, del mal, de la libertad, entre otros.

Génesis 2, 4b-9.15-17 presenta el segundo relato de la creación, dónde la vida del ser humano proviene del polvo del suelo (del barro, de la tierra) y del aliento de Dios. Fragilidad y “aliento divino” constituyen la humanidad. Eso significa que este ser tan peculiar lleva dentro de sí la libertad y la capacidad de amar. Una naturaleza tan singular permite que el ser humano sea diferente de todos los otros seres creados. Dentro de ese contexto, se presenta la posibilidad de no realizar la voluntad de Dios: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir». No seguir el deseo de Dios trae como consecuencia el “castigo”. Una forma peculiar de explicar que el ejercicio de la libertad siempre trae sus consecuencias. Si la persona opta por el proyecto de Dios, sus acciones traen vida; si se opta por propuestas al margen del proyecto divino, se encontrará con el mal (el castigo).  Así, el barro y el aliento divino conforman el ser humano y explican el potencial que las personas tienen (tenemos) tanto para realizar el bien como para realizar el mal. Pero el relato trae un otro elemento también muy importante: el conocimiento (el árbol del conocimiento del bien y el mal), el cual conlleva responsabilidad. A medida que se conoce se tiene mayor responsabilidad en las diversas consecuencias que se van sucediendo.

Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro

En el Evangelio, Jesús asume la postura de Maestro y con sencillez clarifica que: “nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”. Y lo explica con detalle: “del corazón del hombre salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”. Así pues, la realización del bien o del mal es engendrada en el corazón (dentro de la persona). Para Jesús ninguna actitud negativa (impura) tiene justificativa: me hicieron esto o lo otro. Asumir la postura de victima no autoriza que se tengan pensamientos o acciones perversas por causa de… La libertad (que se tiene porque Dios insufló aliento de vida) y el conocimiento, son muy importantes para que se pueda asumir el proyecto de Dios con libertad y contribuir, a través de actitudes cotidianas, con la creación divina.

No busquemos disculpas ni nos auto-engañemos, afirmando que lo que nos viene de fuera nos vuelve impuros, nos hace tener actitudes que no deseamos, que somos víctimas de situaciones o actitudes de otros. Jesús invita a asumir el bien y la belleza de la creación del Padre a partir de lo que engendramos en el propio corazón. ¡Colaboremos en la construcción del Reino de Dios, aquí y ahora!

Hna. Ana Belén Verísimo García OP
Dominica de la Anunciata
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 Jueves   14 de Febrero de 2019  

“Poneos en camino”

Hoy celebramos: Santos Cirilo y Metodio (14 de Febrero)

Primera Lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13,46-49:

En aquellos días, Pablo y Bernabé dijeron a los judíos: «Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te haré luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el extremo de la tierra.”» Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron. La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región.

Salmo

Sal 116,1.2 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,1-9

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”»

Reflexión del Evangelio del día

La vida se abre camino

Los Hechos de los Apóstoles nos ponen en diálogo con lo que era la realidad de la predicación en tiempos de Pablo y Bernabé, respecto al pueblo judío heredero de la promesa de Dios. Sin embargo, contra lo que podrían esperar, solo tuvieron rechazo y desprecio a sus palabras. Pero la vida del apóstol no queda paralizada por el rechazo. Al contrario, el apóstol es consciente de que uno siembra y es otro quien recoge. Los frutos serán de Dios.

De ahí, que la vida propuesta se abriera camino a otros pueblos. La fe no acaba con el rechazo de unos, sino que germina con la aceptación y la alegría de otros. Quizás el campo de cosecha no estaba preparado para la siembra. A veces, hay campos de tierra que necesitan descansar y dejarlos en barbecho; hay que ararlos constantemente y a la tierra echarle abono. Al pueblo judío, respecto a la fe en Cristo, le pasaba eso. Demasiado oír hablar de Dios, que se distorsionó su capacidad de oír un mensaje nuevo sobre Dios. Se distorsionó su capacidad de acogida.

La novedad está ahora con Pablo y Bernabé en los gentiles, y dice la lectura de hoy, que ese pueblo se alegró porque le hablaban de Cristo y muchos llegaban a la fe.

¿En qué situación está ahora el Pueblo de Dios? ¿Necesita un tiempo de barbercho? ¿está saturado de Dios? ¿la indiferencia le hace rechazar la novedad y la alegría?

Poneos en camino

El Evangelio Lucas, nos pone en la amplitud del ministerio. Vemos cómo Jesús elige a setenta y dos discípulos y los envía anunciar el Reino de Dios. Lo primero que les dice es: La mies es abundante y obreros poco, pues que el dueño de la mies mande obrero a su mies. ¡Poneos en camino!

Jesús entiende que el grano almacenado se pudre, y el Reino de Dios necesita ser extendido, darse a conocer. Por mucho que les faltara madurez, la experiencia de aquellos discípulos será crucial para saber lo que significa el seguimiento de Cristo. El cual, como discípulo, implica la predicación. Implica la clara conciencia de saber que están como corderos en medio de lobos.  Implica la sobriedad y vivir de la generosidad de otros y, por último, implica el llevar la paz a todos.

Ese “ponerse en camino” significa que hemos de recorrer este proceso de seguimiento y discipulado. Significa que la fe parte de un dinamismo evangelizador, la fe no es sólo un quedarse quietos en la contemplación, es ponerse en camino e ir por todo el mundo anunciando el Evangelio de la vida.

En el dinamismo de “Ponerse en camino”, existe una premisa que en el evangelio, aparece como saludo. Es la primera palabra del anuncio: “Paz a esta casa”.  Y es que el anuncio ha de impregnarse de la paz recibida, y que ya pertenece a nosotros, porque antes la hemos contemplado y experimentado. El anuncio no es para sembrar discordia, y tampoco se realiza con buena aptitud si estamos obsesionados por el activismo.

El apóstol debe reconocer en sí mismo esa aptitud. No se puede anunciar el Evangelio con la ausencia de esa paz. Cualesquiera que sean nuestras circunstancias, la predicación requiere mirar hacia el interior, y otear el horizonte, para saber si estoy en óptimas condiciones de anunciar con valentía el Evangelio de Jesucristo. Aunque el miedo, y la sobreactividad no han de ser un impedimento para ello.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   15 de Febrero de 2019  

“Hace oír a los sordos y hablar a los mudos”

Primera Lectura

Lectura del Génesis 3,1-8:

La serpiente era el más astuto de los animales del campo que el Señor Dios había hecho. Y dijo a la mujer: «¿Cómo es que os ha dicho Dios que no comáis de ningún árbol del jardín?» La mujer respondió a la serpiente: «Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; solamente del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, bajo pena de muerte.”» La serpiente replicó a la mujer: «No moriréis. Bien sabe Dios que cuando comáis de él se os abrirán los ojos y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal.» La mujer vio que el árbol era apetitoso, atrayente y deseable, porque daba inteligencias; tomó del fruto, comió y ofreció a su marido, el cual comió. Entonces se le abrieron los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos; entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron. Oyeron al señor que pasaba por el jardín a la hora de la brisa; el hombre y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín.

Salmo

Sal 31,1-2.5.6.7 R/. Dichoso el que está absuelto de su culpa

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R/.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa,» y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará. R/.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,31 37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: «Effetá», esto es: «Ábrete.» Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

Reflexión del Evangelio del día

Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos

El relato del Génesis nos introduce en el misterio del mal y el pecado. El autor sagrado presenta la tentación bajo la apariencia de un animal especialmente escurridizo y dañino como es la serpiente que, además, era el símbolo de una divinidad cananea. De ahí posiblemente que se dirija a la mujer, aunque la tentación es a ambos. Precisamente no entender esto ha creado no pocos recelos infundados.

La tentación consiste en presentar a Dios como Alguien que cela del hombre, que lo quiere sujeto a su autoridad y, en el fondo, teme que le pueda arrebatar su omnipotencia. No es verdad. Al contrario: Dios crea al hombre y la mujer a su imagen y semejanza, los dota de libertad y sabiduría, los plenifica con su amor… Pero llega un momento en que se creen que todo ha sido mérito suyo y no necesitan del Dios que los ha creado. Se sienten la única referencia para vivir y ser dichosos. Pero es una burda mentira. Están desnudos y tienen miedo cuando Dios, como cada tarde, viene a pasearse con ellos.

La fe implica una confianza incondicional en Alguien que te quiere, te valora por lo que eres y te ha destinado desde siempre a la Salvación, pero la sociedad ¡tantas veces! nos presenta frutos aparentes de una felicidad que, a la postre, te deja desnudo y desvalido, lejos de tu verdadero ser, lejos del Dios que te ha dado la vida.

Él mandó que no lo dijeran a nadie

El Evangelio nos presente una de las varias curaciones que hace Jesús en territorio pagano y a personas que no profesaban la fe de Israel. Es más, viene justamente después del impresionante testimonio de la cananea que se atreve incluso a replicar a Jesús cuando le reprocha no ser judía.

Y es que la Salvación es siempre universal. Jesús sobrepasa el ámbito salvífico de Israel porque lo que le interesa es el hombre allí donde se encuentre, especialmente los que más sufren. El protagonista es sordo y mudo, tiene pues, la totalidad del mal que le aprisiona y no le deja vivir ni expresarse. Y Jesús le ordena que se “abra” a la Salvación, no ya de su enfermedad, sino de toda su vida.

Es un gran Milagro, pero, Jesús les pide que no hablen de ello. Es muy significativo que haga hablar al mudo, para que ahora le pida silencio. A él y a los demás. El evangelista quiere hacernos ver que el verdadero milagro es la Conversión integral, no simplemente una curación espectacular… pero que no abre los corazones a Dios.

¿Reconozco las tentaciones que me incitan a desobedecer a Dios?

¿Me doy cuenta de que muchas veces solo me acuerdo de Dios cuando me siento desnudo?

¿Me siento a veces como el sordomudo, trabado de voz y oído para percibir a Dios en mi vida?

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad Fray Bartolomé de las Casas (Sevilla)
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 Sábado   16 de Febrero de 2019  

“Me da lástima de esta gente”

Hoy celebramos: Beato Nicolás Paglia (16 de Febrero)

Primera Lectura

Lectura del libro del Génesis 3,9-24:

El Señor llamó al hombre: «¿Dónde estás?»Él contestó: «Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.» El Señor le replicó: «¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»Adán respondió: «La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.»El Señor dijo a la mujer: «¿Qué es lo que has hecho?»Ella respondió: «La serpiente me engañó, y comí.» El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.»A la mujer le dijo: «Mucho te haré sufrir en tu preñez, parirás hijos con dolor, tendrás ansia de tu marido, y él te dominará.» Al hombre le dijo: «Porque le hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol del que te prohibí comer, maldito el suelo por tu culpa: comerás de él con fatiga mientras vivas; brotará para ti cardos y espinas, y comerás hierba del campo. Con sudor de tu frente comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella te sacaron; pues eres polvo y al polvo volverás.» El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven. El Señor Dios hizo pellizas para el hombre y su mujer, y se las vistió. Y el Señor Dios dijo: «Mirad, el hombre es ya como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal. No vaya a echarle mano al árbol de la vida, coja de él, coma y viva para siempre.»Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde lo habían sacado. Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que se agitaba, para cerrar el camino del árbol de la vida.

Salmo

Sal 89,2.3-4.5-6.12-13 R/. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación

Antes que naciesen los montes, o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios. R/.

Tu reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna. R/.

Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R/.

Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio San Marcos 8,1-10

Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discipulos y les dijo: «Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.» Le replicaron sus discípulos: «¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos?» Él les preguntó: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos contestaron: «Siete.» Mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discipulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces; Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discipulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Reflexión del Evangelio del día

El pecado es siempre una equivocación

La primera lectura nos relata el pecado de nuestros primeros padres. Como cristianos que hemos aceptado con gusto a Jesús y todo lo que nos ha dicho y prometido, podemos sacar algunas lecciones de este simbólico pasaje del Génesis. Dios, desde el principio, nos ha hecho a todos la oferta de vivir en amistad con él, algo que nos ha dejado todavía más claro con el envío de su Hijo Jesucristo hasta nosotros. Esta oferta de amistad se concreta, entre otros aspectos, en señalarnos los caminos a seguir, las actitudes a vivir para encontrar la felicidad deseada. El pecado, el de nuestros padres y el de cualquiera de nosotros, es no hacer caso a nuestro Dios y a su Hijo Jesucristo, hacer lo contario de los que nos indican pensando que así seremos más felices, “seremos como dioses”. Pero la experiencia de Adán y Eva y nuestra experiencia personal nos indican que el pecado, el romper la amistad con Dios, lo único que nos trae es zozobra y tristeza. El pecado nos hace daño, y nunca no da la felicidad prometida.

La historia de Dios con nosotros, con toda la humanidad, no quedó en la expulsión del paraíso de Adán y Eva. Llegada la plenitud de los tiempos, en un poderoso acto de amor, nos envió a su propio hijo Jesús, para convencernos de que nos amaba entrañablemente y para convencernos que él era el mejor camino para llevarnos a la vida y vida abundante que todos deseamos.

Me da lástima de esta gente

Jesús tiene siempre las mismas actitudes ante sus seguidores, sean del siglo I o sean  del siglo XXI. El evangelio de hoy nos recuerda la actitud de Jesús ante la gente que le seguía entonces para oír su palabra  y que se encontraba en situación de debilidad, “y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar”. “Me da lástima de esta gente”, “siento compasión por esta gente”. Y actuó dándoles de comer, multiplicando los panes y los peces.

Jesús sabe que nuestro hambre material, en un marco de justicia humana, nos la podemos saciar cada uno de nosotros con nuestro trabajo. Pero bien sabe Jesús que padecemos un hambre, el hambre de sentido, el hambre de vivir esperanzados, que solo él puede saciar. Y sigue viniendo en nuestra ayuda. Y sigue sintiendo compasión por nosotros. Y nos sigue ofreciendo su amor, su amistad, su luz, su cuerpo entregado, su sangre derramada… los únicos alimentos capaces de saciar nuestro hambre de felicidad y de eternidad gozosa.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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