“Su lengua se desató, y hablaba correctamente”

Evangelio del día
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

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Viernes, 15 De Febrero

Viernes de la quinta semana del Tiempo Ordinario

San Claudio de La Colombière

San Claudio de La Colombière

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Libro de Génesis (3,1-8.)
La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?”.
La mujer le respondió: “Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín.
Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”».
La serpiente dijo a la mujer: “No, no morirán.
Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal”.
Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.
Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.
Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre los árboles del jardín.

Salmo (32(31),1-2.5.6.7.)
¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez!
Pero yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa,
pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”.

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
Por eso, que todos tus fieles te supliquen
en el momento de la angustia;
y cuando irrumpan las aguas caudalosas

no llegarán hasta ellos.
Tú eres mi refugio,
tú me libras de los peligros
y me colmas con la alegría de la salvación.

Evangelio según San Marcos (7,31-37.)
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Abrete”.
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Odas de Salomón (texto cristiano hebraico de principio del siglo II)

N° 12

“Su lengua se desató, y hablaba correctamente”

Él ha llenado mi boca con palabras de Verdad
para que yo pueda comunicarlas:
Como caudal de aguas
fluye la Verdad de mi boca,
y mis labios declaran Su fruto.
Él ha hecho que su Conocimiento abunde en mí,
porque la boca del Señor
es la Palabra verdadera
y la puerta que conduce a su Luz.
El Altísimo ha estipulado sus palabras,
las cuáles expresan su propia Belleza;
repiten sus alabanzas
y son informadoras de sus consejos;
heraldos de sus pensamientos
y correctoras de sus siervos.
Porque lo sutil de la Palabra es inexpresable,
y como lo que expresa es su rapidez y fuerza.
Su rumbo no conoce límites. Nunca falla, pues es siempre certera,
no se ve donde desciende ni hacia donde se dirige.
Así es su labor y su propósito:
es la luz y el amanecer de los pensamientos.
Por ella los mundos hablan uno al otro;
y en la Palabra estuvieron aquellos que fueron silenciados;
De ella vienen el Amor y la Armonía que comunica a los suyos;
a los que han sido traspasados por la Palabra;
Y así ellos pudieron conocer a quién los creo,
porque estuvieron en comunión
y la boca del Altísimo les habló,
y su explicación corría por su cuenta.
Porque la morada de la Palabra es el hombre:
y su Verdad es Amor.
Benditos son los que por medio de ella
han entendido todo, y han percibido
al Señor en su Verdad. Aleluya.

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