“Por primera vez, comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho”

Evangelio del día
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

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Jueves, 21 De Febrero

Jueves de la sexta semana del Tiempo Ordinario

Beato Noel Pinot

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Libro de Génesis (9,1-13.)
Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra.
Ante ustedes sentirán temor todos los animales de la tierra y todos los pájaros del cielo, todo lo que se mueve por el suelo, y todos los peces del mar: ellos han sido puestos en manos de ustedes.
Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento; yo les doy todo eso como antes les di los vegetales.
Sólo se abstendrán de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre.
Y yo pediré cuenta de la sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los animales, y también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo.
Otro hombre derramará la sangre de aquel que derrame sangre humana, porque el hombre ha sido creado a imagen de Dios.
Ustedes, por su parte, sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y domínenla”.
Y Dios siguió diciendo a Noé y a sus hijos:
“Además, yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes,
y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra.
Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra”.
Dios añadió: “Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros:
yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra.

Salmo (102(101),16-18.19-21.29.22-23.)
Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.

Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.

Los hijos de tus servidores tendrán una morada
y su descendencia estará segura ante ti,
para proclamar en Sión el nombre del Señor
y su alabanza en Jerusalén,
cuando se reúnan los pueblos y los reinos,
y sirvan todos juntos al Señor.

Evangelio según San Marcos (8,27-33.)
Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.
Ellos le respondieron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas”.
“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro respondió: “Tú eres el Mesías”.
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;
y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: “¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres”.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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San Cirilo de Jerusalén (313-350)

obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia

Catequesis bautismales, n°13, 3-4; PG 33, 771-778 (frm trad. ©evangelizo.org©)

“Por primera vez, comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho”

No nos avergoncemos de la cruz de Cristo; estemos más bien orgullosos de ella. La cruz es “para los judíos un escándalo y para los paganos una locura”, pero para nosotros es la salvación. Para aquellos que van a su propia pérdida, también es una verdadera locura, pero para nosotros que hemos sido salvados, es “fuerza de Dios” (1 Co 1,23-24). Pues no fue solamente un hombre que moría por nosotros, sino el Hijo de Dios, Dios hecho hombre. Por otro lado, en los tiempos de Moisés, el cordero pascual ahuyentó al exterminador (Ex 12,23); y “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29), ¿no nos liberaba aún mejor de nuestras faltas?
Sí, Jesús realmente sufrió por todos los hombres. La cruz no fue un simulacro, sino la redención también lo fue. La muerte no era una ilusión…; la Pasión fue real. Cristo fue realmente crucificado: no tenemos que avergonzarnos de esto. Fue crucificado, no debemos negarlo. Es más bien con orgullo que lo digo…Reconozco la cruz pues conozco la resurrección. Si el crucificado se hubiese quedado en la muerte, sin duda no hubiese podido reconocer la cruz y la hubiese talvez escondido, al igual que a mi Maestro. Pero la resurrección vino después de la cruz: entonces no me avergüenzo por hablar de ella.

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