Evangelio del día – Semana del 04/03/2019 al 09/03/2019 (Octava semana T.O. – Inicio de la Cuaresma )

dominicos

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Octava semana T.O. – Inicio de la Cuaresma – Año Par

Del 4

al 9 de marzo de 2019

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 Lunes   4 de Marzo de 2019  

“Si vuelves al Señor y me sigues, tendrás un tesoro en el cielo”

Hoy celebramos: San Casimiro (4 de Marzo)

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 17,20-28:

A los que se arrepienten Dios los deja volver y reanima a los que pierden la paciencia. Vuelve al Señor, abandona el pecado, suplica en su presencia y disminuye tus faltas; retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. En el Abismo, ¿quién alaba al Señor, como los vivos, que le dan gracias? El muerto, como si no existiera, deja de alabarlo, el que está vivo y sano alaba al Señor. ¡Qué grande es la misericordia del Señor, y su perdón para los que vuelven a él!

Salmo

Sal 31,1-2.5.6.7 R/. Alegraos, justos, y gozad con el Señor

Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R/.

Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Por eso, que todo fiel te suplique en el momento de la desgracia: la crecida de las aguas caudalosas no lo alcanzará. R/.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,17-27

En aquel tiempo, cuando salta Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.» Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.» Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!» Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por todo el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.» Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»

Reflexión del Evangelio del día

Volver al Señor

Es una invitación muy bíblica a reconocer nuestro pecado y a rectificar. A alejarnos de la injusticia, es decir, de una conducta que no agrada a Dios; y a detestar la idolatría, el pecado más grave que contempla el Antiguo Testamento, porque supone que nuestra vida está presidida por algo o por alguien contrario o ajeno a Dios.

Sea cual fuere nuestro pecado, Dios perdona nuestras culpas, porque su misericordia es su atributo más admirable. El salmo responsorial considera dichoso a todo el que es absuelto de sus culpas, el que deplora su comportamiento anterior y se vuelve –se convierte- al Señor, siendo reconciliado con él.

También se nos invita a alabar a Dios, a darle gracias por tantas cosas. Ya desde ahora, mientras dura esta vida (la fe en la resurrección es muy tardía en el AT). La muerte, en la mentalidad israelita, nos sitúa en un mundo de sombras, donde ya no se puede alabar a Dios y eso, para el autor sagrado, es lo más lamentable.

Seguir los pasos de Jesús

El Nuevo Testamento no se contenta con exhortar a obrar bien. Eso es magnífico, sobre todo cuando es lo que predomina en una vida honrada y religiosa (el joven del Evangelio cumplía con todos los mandamientos, ya desde pequeño). Seguramente muchos de nosotros no hemos sido nunca tan fieles.

Pero alguien que aspira a ser discípulo de Jesús tiene que estar dispuesto a ir más lejos. Uno de los requisitos más eficaces para ese seguimiento es desprenderse de los bienes materiales que se poseen o, por lo menos, no estar apegado a ellos, no poner en ellos nuestro corazón, algo difícil cuando tenemos muchas cosas. Y no sólo eso, sino estar dispuestos a compartir nuestros bienes con los pobres, sabiendo que, en el fondo, no nos pertenecen en exclusiva, y menos aún cuando cerca de nosotros hay alguien que carece de lo fundamental y nuestra abundancia puede ser un verdadero escándalo.

Ese desprendimiento y esa generosidad culminan cuando nos decidimos a ir tras los pasos de Jesús. En realidad, si nos desprendemos generosamente de lo que tenemos es para poder seguirle más ágilmente, sin tanto bagaje superfluo. Se trata de imitar su estilo, lo que fue su vida, sencilla, austera, de entrega a los demás, nacida de su intimidad con Dios y de su amor a todos.

Recapacitemos en este mensaje y preguntémonos sinceramente: ¿De qué debemos desprendernos ya, si queremos avanzar en el seguimiento de Jesús? ¿Cómo podemos empezar a compartir con los demás algo que hemos mantenido celosamente para nosotros solos y que sin embargo tiene un destino social?

 

Fray Emilio García Álvarez
Convento de Santo Tomás de Aquino (Sevilla)
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 Martes   5 de Marzo de 2019  

“Los primeros serán los últimos y los últimos los primeros”

Primera Lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 35,1-15:

El que observa la ley hace una buena ofrenda, el que guarda los mandamientos ofrece sacrificio de acción de gracias; el que hace favores ofrenda flor de harina, el que da limosna ofrece sacrificio de alabanza. Apartarse del mal es agradable a Dios, apartarse de la injusticia es expiación. No te presentes a Dios con las manos vacías; esto es lo que pide la ley. La ofrenda del justo enriquece el altar, y su aroma llega hasta el Altísimo. El sacrificio del justo es aceptado, su ofrenda memorial no se olvidará. Honra al Señor con generosidad y no seas mezquino en tus ofrendas; cuando ofreces, pon buena cara, y paga de buena gana los diezmos. Da al Altísimo como él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar y te dará siete veces más. No lo sobornes, porque no lo acepta, no confíes en sacrificios injustos; porque es un Dios justo, que no puede ser parcial.

Salmo

Sal 49,5-6.7-8.14.23 R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

Congregadme a mis fieles, que sellaron mi pacto con un sacrificio. Proclame el cielo su justicia; Dios en persona va a juzgar. R/.

«Escucha, pueblo mío, me voy a hablarte; Israel, voy a dar testimonio contra ti; yo, Dios, tu Dios. No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí.» R/.

«Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza, cumple tus votos al Altísimo. El que me ofrece acción de gracias, ése me honra; al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,28-31

En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más –casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones–, y en la edad futura, vida eterna. Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros.»

Reflexión del Evangelio del día

El que da limosna ofrece un sacrificio de alabanza

El libro del Eclesiástico, que  venimos leyendo estos días en la primera lectura de la Eucaristía, fue escrito por Ben Sirá,  un escriba de Jerusalén que se dedicó desde muy joven al estudio de la Ley y la Sabiduría, y buscó la salvación en la oración. Por ello en su persona se unen un gran amor a la Ley y un entusiasmo desbordante por la liturgia. La lectura de hoy es un claro ejemplo de ello.

La enseñanza principal de esta lectura es que en la vida de un cristiano la celebración del culto debe ir avalada por una vida fiel a la Ley de Dios. Del texto se desprende como un alborear del sacrificio espiritual que inaugurará Cristo, y que nos invita a ser coherentes con nuestra fe e intentar, contando con nuestras limitaciones, honrar a Dios con nuestra palabras y con nuestra vida. En lugar de las ofrendas, presentemos la obediencia; en lugar de los sacrificios, la caridad; en lugar de las expiaciones, la conversión.

El autor sagrado nos está recordando que la verdadera liturgia grata a Dios no es la que se celebra solemnemente en la Iglesia, sino la que se celebra en la calle, en las casas, en las escuelas, en los ambientes de trabajo todos los días de la semana, para apartarse del mal y combatir la injusticia.

Ya estamos en el pórtico de la Cuaresma, tiempo propicio para revisar nuestra vida y renovar nuestra llamada a la santidad. Seamos generosos con el Señor como nos dice la lectura, hagamos ofrenda de nuestra vida cumpliendo su Ley y, como nos dice el salmo responsorial, veremos la salvación de Dios.

Los primeros serán los últimos y los últimos los primeros

Una vez más es Pedro quien toma la palabra y habla en nombre de los doce. Parece como si retara a Jesús. “Mira, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido”, dijo. Su mentalidad comercial es también en ocasiones la nuestra, le damos a Dios para que nos dé algo a cambio.

Seguro que Jesús le contestó con una sonrisa en la boca y el corazón al ver que todavía no se habían enterado de nada. Jesús fue claro en manifestar la recompensa a sus seguidores, pero para que no derrocharan su heredad acabó con una sentencia: “Muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros”.

La tentación de creernos buenos, de sentirnos primeros por ser discípulos de Jesús está siempre ahí. Por eso Jesús nos advierte de ello, para que no nos acomodemos. Si hemos dejado todo por seguir a Jesús se tiene que notar en nuestro obrar. Nuestra fe tiene que ser avalada con nuestra vida.

En la primera lectura leíamos que para celebrar bien el culto y presentar ofrendas agradables a Dios había que cumplir la Ley. Ahora nosotros somos la ofrenda, pero para que esa ofrenda sea agradable a Dios tiene que ser acrisolada en la prueba; por eso dice Jesús: “junto con persecuciones”. En las dificultades se va a poner de manifiesto si de verdad seguimos a Dios por Él mismo o por una recompensa humana y material.

Pidamos al Señor nos conceda la gracia de vivir en constante vigilancia para que nuestra entrega nazca de un corazón puro, libre de todo miramiento humano.

None MM. Dominicas
Monasterio de Sta. Ana (Murcia)
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 Miércoles   6 de Marzo de 2019  

“Reza a tu Padre, que está en lo escondido”

Hoy celebramos: Miércoles de Ceniza

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Joel 2,12-18:

«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti sólo pequé, cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Evangelio de hoy

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20–6,2

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Reflexión del Evangelio del día

Abre el corazón al Padre tierno y compasivo

Hoy es un día de esos especialmente señalados en la liturgia, cargados de simbología, muchas veces, de cierta superstición en su práctica. Nos abre la puerta a la Cuaresma, ese largo tiempo de camino, de peregrinaje por nuestro mundo interior, por las huellas que dejamos en nuestro paso por las vidas de otros y los acontecimientos. Para verlo todo a la luz de la Palabra, y que esa luz nos refleje aquello que necesita conversión, porque hace daño, provoca mal, o simplemente, dejamos de hacer el bien que está en nuestras manos.

Hay muchas formas de hacerlo, de tomarse en serio la oportunidad que nos brinda este tiempo, y seguro que descubriremos mucho, en cada uno, sobre lo que trabajarse interior y exteriormente. Pero hay una frase en esta primera lectura del profeta Joel que me resuena especialmente: “Volveos al Señor, vuestro Dios, y desgarrad vuestro corazón en vez de desgarrar la ropa…”(Joel 2, 13). ¿Es posible convertirse, de espaldas a Dios, sin contar con él? Quizás no se trata sólo de esfuerzo o exigencia nuestra. Cuando escuchamos, con suavidad y en el silencio del corazón, la continuación de este versículo, sucede algo diferente: “…porque el Señor es tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo”.

No sabemos qué va a suceder, ni cómo, no sabemos si seremos capaces de afrontar el mal que hayamos hecho, o de perdonar el mal causado por otros. Sabemos que nos hacemos daño, que nos defraudamos, sabemos que los muros de nuestros propios límites y los de los demás, están ahí, desafiando la capacidad y la disposición a perdonar y ser perdonados, a levantarse una vez más, y otra, y otra más… Pero también sabemos que, cuando escuchamos que “el Señor es tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo”… no sabemos bien cómo sucede, pero grandes grietas se abren en esos muros, que dan paso a la luz, que nos permiten atravesarlas y encontrarnos de nuevo, hermanos, caminantes.

Porque hoy es el momento de hacerlo

Hoy es ese día, cada día “es el día”. No hay aplazamientos ni excusas: hoy es ese día. A veces, el peor enemigo para convertirnos o cambiar, somos nosotros mismos y nuestro “atesorado” deseo de conversión. Queremos cambiar con nuestros medios, luchando contra nosotros, con ascesis duras y mucha exigencia. Es más, así creemos también que deben convertirse y cambiar los demás, incluso les pedimos mucho más que a nosotros mismos, porque los buenos propósitos suelen durar bastante poco. Y nos volvemos duros e intransigentes. Hoy es el día, sí, es el día de abrir el corazón al Padre que está en lo oculto, y dejarle que nos vuelva un poco más parecidos a él: tiernos y compasivos, pacientes y todo amor, dispuestos siempre a levantar el castigo. “No desaprovechéis la bondad que Dios ha mostrado” escribe san Pablo en esta carta a la comunidad de Corinto.

Sólo tenemos el ahora, la oportunidad presente, la persona que está al lado, aquellos con los que convivo y me relaciono en este día a día que es mi vida hoy. Cuántas veces no comemos el pan tierno del día, porque queda del de ayer, y mañana volveremos a comer pan duro. Es una simple y práctica anécdota, pero nos pasa con la vida también. Vivimos con la añoranza de tiempos mejores, glorias pasadas, repitiendo siempre las mismas historias. O soñamos, siempre insatisfechos, con un ideal que sólo existe en el mundo de mis deseos.

Hoy es el gran día, es el que tengo, el que Dios me regala. Siempre habrá un sueño que cumplir, un ideal por el que luchar, un amor que sacie mi sed de plenitud. Pero la oportunidad ahora de dar el paso que te acerque a tu sueño, de decir una palabra o hacer el gesto que vaya implantando ese ideal, de abrir el corazón con generosidad y demostrar tu amor a quien está contigo…, es ya, o pasará ante ti perdiéndose para siempre.

Y solamente lo sabrá tu Padre, que está a solas contigo

“El Padre es quien ve en lo secreto”. Hay una anécdota que se suele atribuir a Miguel Ángel, pero yo la he leído en un libro de Henry Nowen: El león dentro del mármol.

Una vez un escultor trabajaba con martillo y cincel un gran bloque de mármol. Un niño que estaba mirándole no veía más que trozos de mármol pequeños y grandes cayendo a derecha e izquierda. No tenía ni idea de lo que estaba ocurriendo. Pero cuando el niño volvió al estudio unas semanas después, se encontró con la sorpresa de un imponente y enorme león sentado en el lugar en el que había estado el bloque de mármol. Con gran excitación el niño corrió hacia el escultor y le dijo: “Por favor, dígame cómo sabía usted que había un león dentro del mármol”.

La respuesta es: “Yo sabía que había un león dentro del mármol porque, antes de verlo ahí, lo había visto en mi corazón. El secreto consiste en que fue el león de mi corazón el que reconoció al león del mármol”

 Para ver qué hay en el mármol de mi vida, qué quiere Dios de mí, cómo es el Padre, cómo parecerme cada vez más a Él, tengo que descubrirle y verle en el corazón. Ahí en lo más íntimo, donde sólo Dios me habita, voy descubriendo quién soy, cómo me ama Dios, qué me pide. La conversión no es una tabla de ejercicios para ponerse en forma espiritual, no es solamente prácticas externas que a veces se quedan sin repercusión alguna en mí, en mi vida.

Jesús nos invita a ir a lo más profundo, a ser coherentes y sinceros con nosotros mismos. Nos aleja de la imagen, lo que se vive “de cara a la galería”. Nos adentra ahí donde el Padre nos ve tal como somos, y nos susurra con infinita ternura: ”Eres mi hijo, amado”. Convertirse, hacer oración, ayuno y dar limosna, pasan por el momento de descubrir quién soy, quién es mi hermano, verme y verle con el corazón de Dios, demostrarlo y descubrirlo amando en el pequeño momento de cada hoy.

Feliz camino de Cuaresma.

Hna. Águeda Mariño Rico O.P.
Congregación de Santo Domingo
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 Jueves   7 de Marzo de 2019  

“Quien pierda la vida por mi causa se salvará”

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 30,15-20:

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Mira: hoy te pongo delante la vida y el bien, la muerte y el mal. Si obedeces los mandatos del Señor, tu Dios, que yo te promulgo hoy, amando al Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, guardando sus preceptos, mandatos y decretos, vivirás y crecerás; el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde vas a entrar para conquistarla. Pero, si tu corazón se aparta y no obedeces, si te dejas arrastrar y te prosternas dando culto a dioses extranjeros, yo te anuncio hoy que morirás sin remedio, que, después de pasar el Jordán y de entrar en la tierra para tomarla en posesión, no vivirás muchos años en ella. Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante vida y muerte, bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra que había prometido dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob.»

Salmo

Sal 1 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,ni entra por la senda de los pecadores,ni se sienta en la reunión de los cínicos;sino que su gozo es la ley del Señor,y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia:da fruto en su sazóny no se marchitan sus hojas;y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;serán paja que arrebata el viento.Porque el Señor protege el camino de los justos,pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,22-25

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.» Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

Reflexión del Evangelio del día

Elige la vida y vivirás

Hay males en nuestra vida que son inevitables, y que no son provocados por la mano del hombre: terremotos, tsunamis, volcanes… Todos tienen que ver con los límites de la tierra. Y nadie le echa la culpa a la tierra cuando, en esas situaciones, se lleva muchas vidas por delante. Por lo general, la culpa se la echamos a Dios porque no comprendemos, y nuestra mente no es capaz de albergar tanto sufrimiento junto. Muchas veces el silencio y la oración podrán paliar el dolor y consolar al triste.

Sin embargo, en nuestra vida hay acciones que provocan daño a nuestros semejantes directa o indirectamente. También el mal que padezco puede ser fruto de mis decisiones. En nuestras acciones hay responsabilidad. Las guerras, los asesinatos, la corrupción, el someter a esclavitud a los semejantes, la violencia, son frutos de nuestras acciones como individuo, como sociedad, o como pueblo. Unas veces porque son acciones realizadas con nuestras manos, otras porque las hemos consentido y nos hemos vuelto cómplices de ellas.

En la lectura del Deuteronomio, Moisés hablándole al pueblo dice: “Hoy te pongo delantela vida y el bien, la muerte y el mal”. La vida consiste en cumplir y obedecer los mandatos que Dios propone, amándolo. La muerte sería olvidarse de Dios, escoger vivir bajo la prosternación de otros dioses.

Todo es una elección con respecto a Dios. Dios no te impone su presencia. Te propone la vida con Él. Sin embargo, como persona, como miembro de un pueblo o de una sociedad, has de elegir su presencia o su ausencia para tu crecimiento. En muchos pueblos nace la fe en Dios, en otros va muriendo lentamente. La fe es un don que recibes de Dios, que se acepta o no en libertad. La vida que Dios te ofrece con ese don es lo que aceptas o rechazas.

Pero, ¿si he elegido la ausencia de Dios? ¿qué sentido tiene seguir echándole las culpas a ese Dios que rechazo? Probablemente sea una justificación más de mis acciones. Necesito un chivo expiatorio para no cargar con las culpas de mis decisiones. Quizás no acepte hasta qué punto puedo llegar a soportar la crueldad del hombre. Delante de nosotros tenemos la vida y el bien para escogerlo y crecer, ¿para qué optar por lo contrario?

Quien pierda la vida por mi causa se salvará

A veces nos conviene la imagen de un Dios todopoderoso; ya que, con dicha imagen, todo el poder, toda la fuerza, y todo el quehacer se lo ponemos a Dios desentendiéndonos, por tanto, de todo cuanto nosotros podamos hacer, decir o realizar.

Sin embargo, qué ocurre cuando Dios no se manifiesta como esperamos. Ese Dios no cumple con mis expectativas. Queremos obligar a ese Dios que sea como nosotros esperamos. Por lo general, cuando Dios no se manifiesta según nuestras expectativas nos alejamos, le increpamos, o lo queremos cambiar como a cualquier persona o cosa

En el Evangelio de Lucas, que la liturgia de hoy nos propone, Jesús anuncia a sus discípulos que va a padecer mucho y va a ser desechado. Es decir: excluido, reprobado, desestimado, menospreciado. Nada se quiere de ese Jesús que anuncia la salvación, la misericordia y la ternura de Dios. No es el Mesías esperado. Al Mesías se le espera poderoso, guerrero, vengador de las injusticias.

Sin embargo, esa es la suerte del Mesías, y así ha de ser la suerte de los que le acompañan. Así es como se presenta, y así es como nos advierte: si quieres seguirme: niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. ¿Por qué pensamos que seguir a Cristo tiene como consecuencia que todos me han de amar o aceptar? ¿Por qué pensamos que seguir a Cristo es una vida de éxito? ¿Por qué creemos que cumpliendo nuestros sueños llegaremos a la felicidad? Recogiendo la pregunta del Evangelio: ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?

Jesús no era un pesimista, pero su vida, su ilusión y su esperanza estaban puesta en la voluntad de Dios y en su amor infinito. Era consciente de que por encima de todo padecimiento seguiría siendo amado por Dios Padre.

¿Qué significa ese “niégate a ti mismo”? Difícil de explicar. Pero lo primero que me viene a la mente es la palabra Renuncia. Implica la renuncia a los proyectos personales, a mi forma de ser y sentir la vida, implica la renuncia a los sueños y logros trabajados, significa el cambio de actitud. El acabamiento de todas mis pretensiones de felicidad y éxito. Implica ponerlo todo en manos de Dios, que Él sea el hacedor de mi vida, de mis pasos y mis decisiones sin que ello signifique ausencia de libertad. Al contrario, cuando elijo seguir a Cristo, estoy eligiendo libremente que Dios me moldee en el amor, pero el amor he de ejercerlo yo, con mi lenguaje, mis actitudes y con mis gestos comprometidos por la vida inspirada en Cristo.

Oremos juntos para que sepamos escoger la vida y el bien. Que toda renuncia que emprendamos, en nombre de Cristo, sea desde el convencimiento de que el amor de Dios nos sostiene en nuestra libertad.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   8 de Marzo de 2019  

“¿Por qué tus seguidores no ayunan?”

Primera Lectura

Lectura del libro de lsaías 58,1-9a

Así dice el Señor Dios: «Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta, denuncia a mi pueblo sus delitos, a la casa de Jacob sus pecados. Consultan mi oráculo a diario, muestran deseo de conocer mi camino, como un pueblo que practicara la justicia y no abandonase el mandato de Dios. Me piden sentencias justas, desean tener cerca a Dios. “¿Para qué ayunar, si no haces caso?; ¿mortificarnos, si tú no te fijas?” Mirad: el día de ayuno buscáis vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores; mirad: ayunáis entre riñas y disputas, dando puñetazos sin piedad. No ayunéis como ahora, haciendo oír en el cielo vuestras voces. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: “Aquí estoy.”»

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.18-19 R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias

Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces. R/.

Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9,14-15

En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán.»

Reflexión del Evangelio del día

Nuestro Dios, ¿Es un Dios justo?

Es duro Isaías en este fragmento. Podemos pensar que el Profeta habla del pueblo judío y para el pueblo judío, y nosotros no sentirnos aludidos. Cerramos los oídos y dejamos pasar las palabras que nos atañen directamente y, puede que por eso elijamos dejarlas fuera para que no nos inquieten.

Hoy es viernes de cuaresma, el primero de los viernes de este tiempo litúrgico y se nos está invitando por todos los medios a hacer penitencia. Es bueno, es santo y saludable, pero ¡Cuidado! No limitemos nuestras penitencias a la abstención de comer carne, al ayuno, a “acostarnos sobre saco y ceniza”. Esta no es la penitencia a la que Dios nos invita.

Debemos mirar alrededor y encontrar oprimidos a los que desatar, hambrientos, y de estos hay muchos muy próximos, con los que compartir el pan, con los que compartir el vestido. Buscar a tantos hombres y mujeres que van a pasar la noche entre cartones en cualquier lugar de donde los echarán si los descubren, y proporcionarles un refugio, un techo donde guarecerse. ¿Y, hacemos algo de esto o apartamos la vista y seguimos nuestro camino, tal vez a rezar al templo?

¿Por qué tus seguidores no ayunan?

Buena pregunta la que los discípulos de Juan hacen a Jesús. La Ley judía y las normas que la desarrollan -o embrollan-, prescriben determinados ayunos, bajo pecado si se eluden. Con demasiada frecuencia, como nos ha dicho Isaías, judíos y cristianos, entonces y ahora, limitamos nuestro ayuno, cuando nos sobra comida en la casa, a privarnos de algunos alimentos y esperar que anochezca para poder “matar” un hambre que no tenemos. La Ley no conoce dispensas, es un dogal fuerte y asfixiante que oprime al hombre, ¡La Ley se acata literal y sin matices, y punto!

¿Somos así nosotros? Ciertamente seguimos caminos parecidos, pero, si escuchamos lo que hoy nos dice Jesús, lo que la nueva Ley nos señala, que no nos impone, llegaremos a concluir que el ayuno depende de la situación del hombre, no de la ley. No se puede ayunar mientras el esposo, está presente. No necesitas penitencia si Dios está contigo, llenando tu vida. Si la necesitas si te alejas de Dios, si deja de ser el centro de tu vida. Entonces sí necesitarás vivir la penitencia para recuperar de nuevo la presencia del esposo. Dios está siempre esperando con los brazos abiertos, esperando pacientemente a que tú quieras refugiarte en ellos.

No olvidemos, como hemos cantado en el salmo, que el sacrificio agradable a Dios es un corazón dócil. Un corazón dócil Dios no lo desprecia.

D. Félix García O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos de Viveiro (Lugo)
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 Sábado   9 de Marzo de 2019  

“Sígueme”

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías (58,9-14):

Así dice el Señor Dios: «Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña; reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño; te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas. Si detienes tus pies el sábado y no traficas en mi día santo, si llamas al sábado tu delicia y lo consagras a la gloria del Señor, si lo honras absteniéndote de viajes, de buscar tu interés, de tratar tus asuntos, entonces el Señor será tu delicia. Te asentaré sobre mis montañas, te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob.» Ha hablado la boca del Señor.

Salmo

Sal 85,1-2.3-4.5-6 R/. Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad

Inclina tu oído, Señor, escúchame,que soy un pobre desamparado;protege mi vida, que soy un fiel tuyo;salva a tu siervo, que confía en ti. R/.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,que a ti te estoy llamando todo el día;alegra el alma de tu siervo,pues levanto mi alma hacia ti. R/.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,rico en misericordia con los que te invocan.Señor, escucha mi oración,atiende a la voz de mi súplica. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5,27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?» Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Reflexión del Evangelio del día

“El Señor será tu delicia”

En toda persona humana, creyente o no creyente, en todo buen judío, en todo seguidor de Jesús, anida en su corazón, con poderosa fuerza, el anhelo de una felicidad total. ¿Quién no desea disfrutar de una felicidad sin un miligramo de infelicidad, de tristeza? Para un buen judío y un buen cristiano, en palabras del profeta Isaías, ese deseo se traduce en “el Señor será tu delicia”.

El Señor Dios en la primera lectura nos indica qué hemos de hacer para lograr que él mismo sea nuestra delicia. Desterrar “la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia… partir el pan con el hambriento, guardar el sábado dedicándolo por entero a Dios sin tratar tu interés y tus asuntos… entonces el Señor será tu delicia”. Estas recomendaciones son del Antiguo Testamento. Jesús, nuestro camino, verdad y vida, a quien siempre estamos dispuestos a escuchar, nos dirá “amaos unos a otros como yo os he amado”, la mejor manera para que “entonces el Señor será tu delicia”

“Sígueme”

Jesús, el que ha venido hasta nosotros para traernos vida y vida en abundancia, felicidad y no tristeza y tristeza en abundancia, va eligiendo a unos hombres para que le ayuden y extiendan su buena y felicitante noticia. El evangelio de hoy nos narra la llamada que hizo a Leví: “Sígueme”. 

Y Leví, dejando su buen puesto de recaudador de impuestos, siguió a Jesús hasta el final de sus días. Leví, Mateo, cayó en la cuenta, y cada día que vivía con Él con más insistencia, que Jesús era para él “su delicia” y que podía serlo para cualquier persona. Sabemos que no solo predicó a Jesús y su evangelio con sus palabras. Fue capaz de reunir y transmitir por escrito a todas las generaciones posteriores la vida, muerte y resurrección de Jesús, en lo que llamamos evangelio según san Mateo. Con esta gran ayuda, a muchos les ha llegado la buena noticia de Jesús y ha sido para ellos “su delicia”.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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