Evangelio del día – Semana del 18/03/2019 al 23/03/2019 (Segunda semana de Cuaresma)

dominicos

Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Segunda semana de Cuaresma – Año Par

Del 18

al 23 de marzo de 2019

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 Lunes   18 de Marzo de 2019  

“Dad y se os dará”

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Daniel 9,4b-10:

Señor, Dios grande y terrible, que guardas la alianza y eres leal con los que te aman y cumplen tus mandamientos. Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos, los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, padres y terratenientes. Tú, Señor, tienes razón, a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los habitantes de Jerusalén, a judíos e israelitas, cercanos y lejanos, en todos los países por donde los dispersaste por los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti. Pero, aunque nosotros nos hemos rebelado, el Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por sus siervos, los profetas.

Salmo

Sal 78,8.9.11.13 R/. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados

No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres; que tu compasión nos alcance pronto, pues estamos agotados. R.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos y perdona nuestros pecadosa causa de tu nombre. R.

Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso,salva a los condenados a muerte. R.

Mientras, nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre, contaremos tus alabanzas de generación en generación. R.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6,36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.”

Reflexión del Evangelio del día

¿Nos sentimos avergonzados?

Ante esa exposición tan sincera del profeta Daniel, repasando toda una lista de infidelidades del pueblo con Dios, podemos preguntarnos: ¿cómo presentaría este mundo nuestro donde abundan las guerras, violencia, hambrunas, migraciones, injusticias? Seguramente que con el profeta  también tendríamos que reiterar ese sentimiento de vergüenza. No es éste el mundo que Dios ha puesto en nuestras manos para hacer de él “la casa común”. Frente a su bondad infinita, nuestros egoísmos manifiestan actitudes de dejación de nuestras obligaciones más inmediatas, nuestra falta de responsabilidad ante el mal que nos rodea y la superficialidad más común ante los problemas que causan tanto dolor en las personas.

Ese primer sentimiento de vergüenza no es todo. Por él descubrimos y valoramos la misericordia, la confianza y la seguridad en el perdón de Dios. Ahí resplandece quién es Dios con más nitidez. Pese a todo ese pecado que el pueblo ha cometido, el profeta proclama la misericordia infinita de Dios. ¿Por qué reitera el profeta esa misericordia y perdón de Dios? Porque puede abrumarnos más la maldad cometida y dejarnos apabullar por nuestras limitaciones. Dios perdona para que seamos capaces de levantarnos y seguir buscando ser fieles a su llamada. El primer gesto para ello es reconocer quiénes somos ante Él. Es lo que hace el profeta: reconocer para aceptar el perdón y salir renovados de ese encuentro con Dios.

 Dad y se os dará

El perdón de Dios que proclama el profeta Daniel, Jesús lo traslada a sus seguidores, como muestra de una fe real. Toda esta serie de actitudes a las que Jesús nos invita en el evangelio resultan chocantes en este mundo revestido de individualismo. Las relaciones humanas son ese crisol donde se mide la calidad de nuestra fe y se convierte en la “prueba del algodón” de la calidad de nuestro cristianismo. El trato con los demás está entrecruzado de múltiples fallos. Nuestras carencias, así como nuestras necesidades, nos llevan a romper la sana convivencia con los demás. Las heridas que nos provocamos unos a otros ocasionan violencia, rencor, distanciamiento e indiferencia. Son esas reacciones espontáneas que nos conducen a posturas anticristianas si en el camino no somos conscientes de su presencia en nuestro corazón.

Este es el mayor pecado para Jesús. Su insistencia en descubrir en el otro, en el pequeño, a su misma persona, es una forma de denunciar esa contradicción de acudir a Dios, habiendo excluido la relación con el hermano.

La Cuaresma es tiempo de análisis, de autocrítica de forma más sincera. Solo introduciendo en nuestras relaciones esa invitación de Jesús, nuestra vivencia de la fe será verdaderamente real. Si no es así, la Cuaresma no habrá entrado en nosotros.

Por eso, nos recuerda la característica que mejor define a nuestro Padre Dios y que es una invitación a imitarle: la misericordia. Sólo imbuidos de esa misma misericordia podremos ser capaces de imitar a Jesús. Él nos propone dos actitudes a erradicar: juzgar y condenar. Son actitudes que conducen a la dureza de corazón y que nos llevan a convertirnos en jueces de los demás. Como antídoto, Jesús, una vez más, nos invita a usar el perdón, ese del que todos estamos necesitados porque somos conscientes de nuestro pecado. Ese perdón se nos dará cuando nosotros seamos capaces de practicarlo sin reticencias ni reservas. Si no es así ¿cómo podemos pedirle a Dios que nos perdone? Solo dando el perdón podemos decir con el Padrenuestro: “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido”. ¿No hay mucha inconsciencia, por nuestra parte,  al recitar la plegaria que nos enseñó Jesús

Fray Salustiano Mateos Gómara
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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 Martes   19 de Marzo de 2019  

“”

Hoy celebramos: San José (19 de Marzo)

Primera Lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: “Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.” »

Salmo

Sal 88 R. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.» R.

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. R.

Evangelio de hoy

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22

Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Reflexión del Evangelio del día

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 Miércoles   20 de Marzo de 2019  

“¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?”

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 18,18-20:

“Dijeron: ‘Venid, maquinemos contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta; venid, lo heriremos con su propia lengua y no haremos caso de sus oráculos’. Señor, hazme caso, oye cómo me acusan. ¿Es que se paga el bien con mal, que han cavado una fosa para mí? Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en su favor, para apartar de ellos tu enojo”

Salmo

Sal 30,5-6.14.15-16 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

Sácarne de la red que me han tendido,porque tú eres mi amparo.A tus manos encomiendo mi espíritu:tú, el Dios leal, me librarás, R/.

Oigo el cuchicheo de la gente,y todo me da miedo;se conjuran contra míy traman quitarme la vida. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,te digo: «Tú eres mi Dios.»En tu mano están mis azares:líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,17-28

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.Él le preguntó: «¿Qué deseas?»Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»Contestaron: «Lo somos.»Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Reflexión del Evangelio del día

¿Se paga el bien con el mal?

¿Quién no conoce al profeta Jeremías? Tal vez a muchos nos suene por una expresión que lleva su nombre y que hace referencia a las crisis que tuvo que afrontar a propósito de su misión. Nació hacia el 645 en un pequeño pueblo próximo a Jerusalén. Su actividad profética fue muy activa y no cesó de proclamar en todo momento la necesidad de conversión del pueblo de Israel. El contenido de su proclamación (oráculos de castigo, amenaza, destrucción; pero también de esperanza y salvación) fue precisamente la causa por la que el profeta sufrió persecución, tortura, cárcel y casi la muerte. Para muchos Jeremías representa un modelo de profeta y también de creyente.

En la lectura de hoy, el profeta confiesa la persecución a la que está sometido y el temor a que ésta llegue a ser mortal: vamos a herirlo en la lengua, (porque solo con la muerte lo harán callar); me han cavado una fosa (para sepultarlo). Sus enemigos creen que cuando Jeremías desaparezca no les faltara ni el consejo, ni el oráculo de otro profeta que mire por sus intereses y no les anuncie palabras de cambio y conversión. Ellos quieren silenciar esa lengua que denuncia y no comprenden que es voz que intercede a su favor. El profeta se dirige a Dios para recordarle que ha anunciado su palabra, que se ha puesto a su servicio y ha intercedido por sus enemigos para que Él aparte su ira de ellos, y ahora estos reclaman su vida ¿es que se pagan bienes con males? Pregunta que nos hace pensar y reflexionar en este tiempo cuaresmal donde se nos exhorta a vivir un momento de cambio y transformación interior. Hacer el bien implica un itinerario desde nuestro corazón al corazón de Jesús el único que puede responder a esta cuestión, puesto que Él pasó haciendo en bien para que los males que podamos recibir se transformen en vida renovada, en vida entregada a favor de ser humano. A modo de plegaria Jeremías suplica a Yahvé desde una confianza plena en aquel que le envío a proclamar su Palabra: “Hazme caso, Señor”.

“No sabéis lo que pedís”

El Evangelio de Mateo comienza hoy con el tercer anuncio de pasión que el Señor dirige expresamente a los Doce. Jesús no escatima en detalles y expresa claramente lo que le va a ocurrir en Jerusalén: le entregarán a los sumos sacerdotes y a los escribas, le condenaran a muerte, lo entregaran a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen, pero resucitará al tercer día. Nade se dice sobre la respuesta de los Doce, ni si ellos entienden las palabras de Jesús o por el contrario, no llegan a comprender su significado. El relato siguiente nos saca de dudas, una petición extraña nos indica que a los discípulos de Jesús todavía les queda un largo camino para conocer al Maestro.

En el relato de Marcos, son los Zebedeos los que se dirigen directamente a Jesús con la petición de ocupar un puesto a su derecha y a su izquierda en el Reino. Mateo para mejorar la imagen de los discípulos pone la petición en boca de su madre. Está claro que los discípulos no han comprendido el mesianismo de Jesús, aún sostienen esa visión político-religiosa de la restauración temporal de la dinastía davídica. Jesús Mesías ha traído un reino nuevo, un proyecto de vida que pasa por la muerte y la resurrección, y esa es la invitación que hace a sus discípulos ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? La respuesta por parte de los hermanos continua evidenciando su incomprensión “podemos”. Asumir el proyecto liberador de Cristo supone no aspirar a “ganar” los primeros puestos, sino a colocarse en el camino de los últimos, de los que no cuentan, de aquellos que han perdido hasta su dignidad, a fin de ganarlos para el Reino. Beber el cáliz de Jesús es inherente a la condición de discípulo, tener los primeros “puestos” en el Reino de los cielos, es cosa del Padre, quién no se rige por nuestras categorías humanas de primeros y últimos.

La respuesta de indignación por parte de los otros discípulos con estos dos hermanos no se hace esperar, tal vez en su corazón ellos ambicionaban los mismo, de ahí, las palabras de Jesús sobre la verdadera autoridad entre ellos. Los jefes de las naciones ostentan el poder y hacen alarde del mismo oprimiendo a la gente. El Reino de Jesús se inicia con un camino inverso, el que quiera llegar a ser grande, primero, debe hacerse pequeño, último, servidor, porque al igual que Jesús, nuestra condición de discípulo nos lleva a servir, y dar la vida por los demás ¿Estamos dispuestos/as a ello?

Hna. Carmen Román Martínez O.P.
Congregación de Santo Domingo
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 Jueves   21 de Marzo de 2019  

“El bien y la fe son nuestro compromiso hoy”

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 17,5-10:

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita. ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombreque no sigue el consejo de los impíos,ni entra por la senda de los pecadores,ni se sienta en la reunión de los cínicos;sino que su gozo es la ley del Señor,y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbolplantado al borde de la acequia:da fruto en su sazóny no se marchitan sus hojas;y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;serán paja que arrebata el viento.Porque el Señor protege el camino de los justos,pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,19-31

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: ‘Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan’. ‘Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí’. El rico contestó: ‘Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento’. Abraham respondió: ‘Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen’. ‘No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán’. Pero Abraham respondió: ‘Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'”.

Reflexión del Evangelio del día

Bendito el hombre que confía en el Señor

Jeremías contrapone al hombre que aparta su corazón a Dios, comparándolo con una tierra inhóspita, con un desierto árido, con el hombre que confía en el Señor, y tiene en Él puesta su confianza, comparándolo a este con un árbol frondoso que siempre da fruto; ni el calor, ni la sequía le impiden ser como es: un árbol lleno de vida. Ante el primer hombre Jeremías proclama la maldición, ante el segundo hombre proclama la bendición.

El corazón, en tiempo de Jeremías, se comprendía como el centro donde se manifiesta el conocimiento y se toman todas las decisiones de la persona. Ese corazón en el pueblo de Israel está ocupado por la idolatría. Los altares están presentes a cada vuelta de la esquina. Por eso, Jeremías dice que no hay nada más tortuoso que el corazón humano.

Y es que resulta curioso cómo el ser humano se aleja de Dios, pero sustituye y llena su espiritualidad con pseudo-religiones que no terminan de colmar las pretensiones de felicidad y salvación de un pueblo. Videntes, chamanes, nigromantes… ocupan la mente y la preocupación de quienes se alejan de Dios como un intento claro de averiguar el futuro, como si la felicidad dependiera de ello.

El corazón humano es tortuoso, no se comprende cuando ama, ni se comprende cuando el amor está ausente. Se limita a sentir pasiones y cumplir deseos inmediatos que no resuelven la tortuosidad de sí mismo.

Pero, es el Señor quien sondea el corazón del hombre, y da a cada uno según su conducta. En el fondo quien hace de su corazón una tortura dejando al albur de las interpretaciones futuristas son las mismas personas que rechazan a Dios. Buscan una respuesta inmediata, clara, aquí y ahora. Y hay preguntas que no tienen respuestas inmediatas. Necesita de la maduración personal, del tiempo, de la espera. No se planta una semilla, brota, crece y se convierte en árbol que dé fruto en un solo día.

Has recibido tus bienes en vida

Es como la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro. Ambos mueren, el pobre es llevado al seno de Abraham, y el rico yace en la morada de los muertos. El rico, pide Abraham que mande a Lázaro para que le traiga agua. O avise a su familia para que no corran la misma suerte que él.

Abraham le contesta al rico que él ya recibió los bienes en vida y que Lázaro recibió males. Y respecto a su familia, tienen a Moisés y los profetas. Si no creen en ellos, no lo harán ni, aunque resucite un muerto.

Porque tenemos la oportunidad de creer y de hacer el bien en esta vida. El bien y la fe no los debemos posponer, son nuestro compromiso hoy. Es en la dimensión del presente donde se da, se practica y se compromete la vida con el bien y la fe. Dios no es un dios del mañana, del futuro que no ha llegado, y que no nos compromete. Tampoco es el Dios del ayer, ante el cual cambiamos de visión e imagen siempre que nos apetece.

Tenemos la oportunidad de ofrecer la vida hoy, y que sea algo más que migajas que caen de nuestra mesa, para que los pobres se peleen al caer.

En este tiempo de Cuaresma hemos de orar por las oportunidades que encontramos a nuestro paso que nos hablan de Dios y del hermano. Porque no hay una mirada a Dios que no pase por la mirada del otro que me acompaña en el sentido de la vida.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   22 de Marzo de 2019  

“La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”

Primera Lectura

Primera lectura: Libro del Génesis 37,3-4.12-13a.17b-28

“José era el preferido de Israel, porque le había nacido en la vejez, y le hizo una túnica con mangas. Al ver sus hermanos que su padre lo prefería a los demás, empezaron a odiarlo y le negaban el saludo. Sus hermanos trashumaron a Siquén con los rebaños de su padre. Israel dijo a José: Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén; ven, que te voy a mandar donde están ellos. José fue tras sus hermanos y los encontró en Datán. Ellos lo vieron desde lejos. Antes de que se acercara, maquinaron su muerte. Se decían unos a otros: Ahí viene el soñador. Vamos a matarlo y a echarlo en un aljibe; luego diremos que una fiera lo ha devorado; veremos en qué paran sus sueños. Oyó esto Rubén, e intentando salvarlo de sus manos, dijo: No le quitemos la vida. Y añadió: No derraméis sangre; echadlo en este aljibe, aquí en la estepa; pero no pongáis las manos en él. Lo decía para librarlo de sus manos y devolverlo a su padre. Cuando llegó José al lugar donde estaban sus hermanos, lo sujetaron, le quitaron la túnica con mangas, lo cogieron y lo echaron en un pozo vacío, sin agua. Y se sentaron a comer. Levantando la vista, vieron una caravana de ismaelitas que transportaban en camellos especias, bálsamo y resina de Galaad a Egipto. Judá propuso a sus hermanos: ¿Qué sacaremos con matar a nuestro hermano y con tapar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas y no pondremos nuestras manos en él, que al fin es hermano nuestro y carne nuestra. Los hermanos aceptaron. Al pasar unos comerciantes madianitas, tiraron de su hermano, lo sacaron del pozo y se lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Éstos se llevaron a José a Egipto”.

Salmo

Sal 104,16-17.18-19.20-21 R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor

Llamó al hambre sobre aquella tierra:cortando el sustento de pan;por delante había enviado a un hombre,a José, vendido como esclavo.R/.

Le trabaron los pies con grillos,le metieron el cuello en la argolla,hasta que se cumplió su predicción,y la palabra del Señor lo acreditó. R/.

El rey lo mandó desatar,el señor de pueblos le abrió la prisión,lo nombró administrador de su casa,señor de todas sus posesiones. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 21,33-43

“En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: Tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos. Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. Y, aunque buscaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta”.

Reflexión del Evangelio del día

“Ahí viene ese soñador”

La primera parte de la historia de José nos introduce en toda una prefiguración del Misterio de Cristo al que Dios, su Padre, envía pleno de amor a salvar a los hombres, pero éstos no le reconocen, ni le respetan en su dignidad, tratando de matarlo. José es un “soñador”, mira siempre más allá y confía en la Providencia a pesar del odio y la incomprensión que suscita en sus hermanos. Él es y se siente responsable, sin embargo, de todos y cada uno: les hace partícipe de sus sueños, los busca con afán y, finalmente, soporta sus infamias convencido de que todo será para bien.

En José nos podemos sentir identificados un poco todos, pero también en los hermanos que quieren matarlo e incluso en el mayor que trata de buscar una solución de compromiso. Soñar es como ver con los ojos de Dios más allá de las realidades tangibles… pero ¡tantas veces estamos ciegos con nuestro pragmatismo que tampoco queremos que nadie “vea”!… o simplemente entibiamos la Palabra para hacerla digerible, tibia, sin sustancia…

“Se os quitará a vosotros el Reino de los Cielos”

La parábola de los viñadores homicidas es una durísima crítica de Jesús a los sumos sacerdotes y fariseos, es decir, a los dirigentes de Israel, el Pueblo de Dios, porque, lejos de cultivar adecuadamente la “viña” para que diera los “frutos” esperados por Él, se preocupaban solo de su propio interés y estaban convencidos de que la viña les pertenecía, que Dios, en definitiva, también. Y por conseguirlo, estaban dispuestos a todo, incluso a matar a todo aquel que, en su nombre, viniera a pedirles cuentas: los profetas del Antiguo Testamento, Juan el Bautista y finalmente su Hijo.

Pero ¿solo a los dirigentes judíos se dirige la parábola? Me temo que no. Cristo fundó la Iglesia para cuidar bien de la viña, que es el Reino de Dios, para que abarcara a toda la humanidad redimida por su sangre, pero no pocas veces tenemos la impresión de que sus pastores, el clero, han buscado y conseguido el control exclusivo movidos por intereses propios y ante la pasividad de los fieles. A veces olvidamos que la Iglesia solo tiene sentido y es sacramento de salvación cuando sirve al Reino de Dios y no se sirve de él, cuando hace presente a Cristo en el Espíritu Santo que la habita y santifica.

Pidamos al Señor la gracia de ser y sentirnos trabajadores responsables de la viña que nos ha encomendado, que la cultivemos con los talentos que de Él hemos recibido y que seamos siempre dóciles al Espíritu .

¿Me considero un “soñador” como José o soy más bien pragmático como el hermano mayor o incluso los demás hermanos? Trata de explicarlo ¿Reconozco mi parcela en la viña del Señor? ¿La trabajo para mí o para Él? ¿Qué frutos descubres del trabajo de la Iglesia en la viña del Señor?

D. Carlos José Romero Mensaque, O.P.
Fraternidad Fray Bartolomé de las Casas (Sevilla)
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 Sábado   23 de Marzo de 2019  

“Arrojará nuestras culpas a lo hondo del mar”

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Miqueas 7,14-15.18-20:

Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaatl, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor,y todo mi ser a su santo nombre.Bendice, alma mía, al Señor,y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpasy cura todas tus enfermedades;el rescata tu vida de la fosay te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusandoni guarda rencor perpetuo;no nos trata como merecen nuestros pecadosni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,se levanta su bondad sobre sus fieles;como dista el oriente del ocaso,así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.” El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.” Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.” Pero el padre dijo a sus criados: “Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.” Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.” Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.” El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”»

Reflexión del Evangelio del día

Estaba perdido, y lo hemos encontrado

Las palabras del profeta Miqueas son una buena introducción a lo que nos va a decir Jesús en el evangelio. Es un Dios siempre perdonador, dispuesto a absolver continuamente nuestras culpas, que no permanece en la ira sino en su misericordia y que arroja nuestras culpas a lo hondo del mar. Un fiel retrato del Padre bueno con sus dos hijos, del que nos habla el evangelio de hoy.

A veces, con nuestras luces menguantes, nos preguntamos cómo es nuestro Dios, sobre todo, cuál es su reacción ante nuestros pecados, cuando le damos la espalda. Después de lo que Jesús nos manifiesta en la parábola de este evangelio no nos puede quedar duda de que nuestro Padre Dios está siempre dispuesto a perdonarnos, a esperar nuestra vuelta cuando nos marchamos de su casa. Cada tarde saldrá a la puerta a ver si volvemos.

Cuando el hijo despistado regresa a casa, su primera sorpresa es que encuentra al Padre a la puerta de la casa, como todas las tardes, esperando justamente su vuelta. Por eso, no tuvo necesidad de llamar a la puerta. La segunda gran sorpresa es que el Padre, al verle venir, corrió a su encuentro, pero no para recriminarle lo que había hecho, sino para abrazarle y cubrirle de besos. “Cuando todavía estaba lejos, su padre, lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo”. Casi no le deja hablar, casi no pudo decirle esas palabras que traía preparadas desde hacía tiempo, amasadas en los momentos de malestar y de decepción, que su aventura le había proporcionado: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. El Padre le acogió, le perdonó, le siguió amando y para celebrarlo preparó un gran banquete.

 

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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