Evangelio del día – Semana del 25/03/2019 al 30/03/2019 (Tercera semana de Cuaresma)

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Evangelio del día y comentarios a la Palabra diaria

Tercera semana de Cuaresma – Año Par

Del 25

al 30 de marzo de 2019

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 Lunes   25 de Marzo de 2019  

“Hágase en mí según tu palabra”

Hoy celebramos: Anunciación del Señor (25 de Marzo)

Primera Lectura

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14; 8, 10

En aquel tiempo, el Señor habló a Acaz: -«Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.» Respondió Acaz: -«No la pido, no quiero tentar al Señor.» Entonces dijo Dios: -«Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»

Salmo

Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,y, en cambio, me abriste el oído;no pides sacrificio expiatorio,entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.

«Como está escrito en mi libropara hacer tu voluntad.»Dios mío, lo quiero,y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvaciónante la gran asamblea;no he cerrado los labios:Señor, tú lo sabes. R/.

No me he guardado en el pecho tu defensa,he contado tu fidelidad y tu salvación,no he negado tu misericordiay tu lealtad ante la gran asamblea. R/.

Evangelio de hoy

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 4-10

Hermanos: Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad.” » Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni victimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Reflexión del Evangelio del día

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros

En perfecta sintonía con la petición hecha en la oración colecta del primer domingo de cuaresma: “Concédenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”, se enmarca la celebración de la solemnidad de la Encarnación del Verbo, cuya oración colecta recoge el misterio de Cristo: “concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a él en su naturaleza divina.”

El camino penitencial de la cuaresma se ordena, por tanto, al conocimiento progresivo del misterio que se nos ha manifestado y secundando la acción del Espíritu que nos guía y configura con Jesucristo, se abre a la experiencia de solidaridad salvífica mediante la encarnación. Conocimiento no sólo racional sino vital. Proceso de configuración con el Verbo encarnado, de modo que la existencia toda del ser humano que acoge este don, es integrada en la comunión de vida que el Verbo hecho humano posibilita a la Humanidad entera.

Una señal: Dios con nosotros

El profeta pone en evidencia la indiferencia de Acaz oculta bajo una capa de falsa piedad: “no quiero tentar al Señor.”  La respuesta que recibe manifiesta lo que esconde la actitud del rey y se dirige a la casa de David. Cansáis a los hombres y a Dios. La gratuidad de la señal, que a pesar de su desinterés y del olvido de todo lo que el Señor ha hecho en favor de Israel,  Dios le ofrece se convierte en indicador de su plan en favor de la humanidad: “la virgen está encinta y da a luz un hijo.” La señal es el hijo cuyo nombre “Enmanuel” revela la cercanía de Dios a pesar de la rebeldía de su pueblo. Es preciso tener presente lo que significa para todo ser humano la permanencia de esta señal. Descubrir cada día cómo la definitiva solidaridad con cada ser humano, a través de lo que este nombre significa, deviene en gozosa realización personal hasta alcanzar su plenitud y produce una extraordinaria alegría, porque por fin se hace realidad la más profunda aspiración de la persona: vivir en comunión con Dios, con sus semejantes y con toda la creación.

Quedamos santificados por la ofrenda que de sí hace el Verbo encarnado

Vivirlo en plenitud, se dijo al comenzar la cuaresma. Hacernos semejantes a él en su naturaleza divina se dice en esta solemnidad. Dos formas de expresar una misma realidad. La carta a los Hebreos lo resume diciendo: “Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.” La humanidad del Verbo es nuestra humanidad. La disponibilidad del Verbo para llevar a cabo la voluntad del Padre da origen a la salvación ansiada y esperada desde el comienzo de la andadura humana. Una promesa hecha al comienzo sin que fuera requerida. La mirada compasiva de Dios, voluntariamente comprometido con la Humanidad; con todos y cada uno de los seres humanos, comunica en un sólo acto de amor la liberación definitiva y aceptada la posibilidad de unirse personalmente con el que ha querido unirse a todo hombre que viene a este mundo, vive una vida nueva expresada en un orden nuevo que se origina en la afirmación: “Aquí estoy para hacer tu voluntad.”          

Hágase en mí según tu palabra

San Lucas nos regala la narración del anuncio de la Encarnación del Verbo. Un hermoso relato catequético. Un diálogo que revela el infinito respeto de Dios con el ser humano y en la figura de María, la doncella desposada con José, la imagen de una mujer que vive conscientemente su fe. Planteamiento de un proyecto del Padre en el que desea la intervención del ser humano. Puede hacerlo sin contar con él, pero en asunto de esta envergadura, cuenta con su libre aceptación. Si el Verbo se pronuncia antes de la encarnación, María, la mujer que será la puerta por la que entre el Verbo en el mundo y en la historia de la humanidad, “actuando como un hombre cualquiera”, deberá pronunciarse también.

Escucha con atención; pregunta ante lo excepcional del anuncio sin exigir pruebas. Recibe la explicación y se entrega totalmente al plan de Dios. Disponibilidad total, en sintonía con la afirmación de que nos habla la carta a los Hebreos. Se trata de la humanidad nueva  totalmente identificada con la voluntad del Padre.

Al asumir la humanidad el Verbo, comienza a devolver al ser humano la nobleza de su origen y más aún, lo llevará a la plena comunión con Dios. El sí de María resume toda la expectación y deseo de la humanidad marcada por las consecuencias del pecado de Adán. San León Magno dirá: “Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador.” 

Esta maravillosa cercanía provoca una sorprendente alegría, porque el invisible se hizo visible, palpable y actuando como un hombre cualquiera, muestra a todos los seres humanos su auténtica vocación que no está reservada a unos pocos sino ofrecida a todos.

Así, la celebración de este Misterio, nos ayuda a prepararnos para la fiesta de la Pascua. En ella se pondrá de manifiesto todo lo que encerraba este abajamiento del Verbo y cómo con su retorno al Padre, la humanidad entera entra con él en la comunión para la cual Dios nos creó.

Por esta ofrenda todos quedamos santificados y como dice el Apóstol en esperanza estamos salvados.           

Fr. Antonio Bueno Espinar O.P.
Convento de Santa Cruz la Real (Granada)
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 Martes   26 de Marzo de 2019  

“Hasta setenta veces siete…”

Primera Lectura

Lectura de la profecia de Daniel 3,25.34-43:

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»

Salmo

Sal 24,4-5ab.6.7bc.8-9 R/. Señor, recuerda tu misericordia

Señor, enséñame tus caminos,instrúyeme en tus sendas:haz que camine con lealtad;enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternuray tu misericordia son eternas;acuérdate de mí con misericordia,por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,y enseña el camino a los pecadores;hace caminar a los humildes con rectitud,enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 18,21-35

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.” El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: “Págame lo que me debes.” El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: “Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.” Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Reflexión del Evangelio del día

La compasión de Dios invita a perdonar

La plegaria de Daniel se apoya por entero en la misericordia de Dios. La época de Daniel es un período de prueba y de mucha humillación. Los judíos han sido deportados a Babilonia. Son perseguidos. En esta situación de desolación, es cuando Daniel eleva a Dios su plegaria. Y, de esa situación brota la sensación de “estar abandonados de Dios”, la peor tentación para el que ha puesto en Dios su confianza. También nosotros, una vez más, hemos de considerar nuestra “pequeñez”. Atrevernos a hacer balance de nuestras miserias y pecados. Pedir esa lucidez para poder poner nombre a las cosas es ya un inicio de plegaria.

La misericordia aparece como elemento de la experiencia interior de cada una de las personas que viven un estado de culpabilidad o padecen por cualquier clase de sufrimiento. Tanto el mal físico como el mal moral o pecado hacen que los hijos de Israel se dirijan al Señor recurriendo a su misericordia. Es lo que nos pasa a nosotros, que recurrimos a Dios nuestro Padre, siempre, pero sobre todo cuando nos invade el dolor y la impotencia ante lo que no podemos hacer con nuestras solas fuerzas. Saber vivir esta misericordia, para poder recibirla: perdonar nosotros a los que nos hayan podido ofender. «Perdónanos… como nosotros perdonamos», nos atrevemos a decir cada día en el Padrenuestro. Para pedir perdón, debemos mostrar nuestra voluntad de imitar la actitud del Dios perdonador.

Siempre el perdón…

La Cuaresma es tiempo propicio para recordar el perdón que de Dios recibimos y el que estamos llamados a dar, sobre todo el que brota de un corazón misericordioso. El perdón evangélico, tal como Cristo lo vivió y lo proclamó, supera la simple comprensión que se compadece de la miseria del hombre. Él mismo nos lo hace ver para que lo vivamos de manera consciente en cada uno de nuestros actos y así tengamos presente la necesidad de solicitar ese perdón por parte de aquellos a quienes hemos podido ofender.

Para ser perdonado hay que tener presente el propio pecado y asumir la propia historia. Pero este recuerdo no puede estar al servicio de la culpabilidad, ni debe mantenernos en nuestras miserias. Por el contrario, debe ayudarnos a vivir de cara a Dios con la gracia de su misericordia hecha vida en nuestra propia historia de mil maneras; porque Dios siempre está ahí para acogernos, perdonándonos y amándonos con su amor ilimitado, y esperando de nosotros que hagamos lo mismo con nuestros hermanos. Porque el Dios-misericordia espera de nosotros, criaturas suyas, idéntica actitud hacia nuestros semejantes. Dios prefiere la misericordia y el amor fraterno a todos los cultos, ofrendas, sacrificios que podamos hacer… Y el verdadero ayuno grato a Dios es el que nos mueve a la misericordia para con los demás. Por todo ello, quizá la experiencia más rica sea probablemente haber pasado personalmente por la experiencia de la gratuidad del perdón de Cristo. Porque no se puede perdonar verdaderamente como Cristo nos lo pide sin haber sentido personalmente en nosotros el perdón. La Cuaresma es tiempo de oración, de piedad, de estar con Dios, de saberse mirado por Él.

En el Evangelio de San Mateo en este Martes de la III Semana de Cuaresma se nos recuerda cómo Jesús nos invita al perdón. Jesús le recuerda a Pedro que hay que perdonar siete veces siete, es decir, siempre, llegando a la conclusión de que Dios perdonará a aquel que perdona de corazón a su hermano. Una característica importante de la comunidad cristiana como signo de conversión es la capacidad de reconciliación con el hermano.

Pidamos con insistencia el perdón, y tomemos conciencia cuando recemos en el Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Es hermoso vivir en esa actitud constante, y palpar, en muchas ocasiones de nuestra vida, el poder sanador del perdón. El  perdón vivido desde la propia experiencia de caída y volver de nuevo a levantarnos, nos cura por dentro, que es en definitiva una gracia extraordinaria que nos impulsa a vivir desde Dios todos los acontecimientos de nuestra vida.

¿Seremos capaces de vivir siempre en actitud de perdón? ¿Recordaremos especialmente las veces que Dios nos ha perdonado y la gracia de volver a empezar de nuevo después de este profundo sentimiento de que algo nuevo surge en nuestro interior después de sentir el perdón y la misericordia de Dios y de los demás?

Que no nos cansemos nunca de perdonar y de ver en los otros siempre lo mejor. Señor, que nuestra vida y nuestras actitudes hablen de compasión, de perdón y de amor.

Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio de San José (La Solana-Ciudad Real)
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 Miércoles   27 de Marzo de 2019  

“No he venido a abolir, sino a dar plenitud”

Primera Lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 4,1.5-9:

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar. Mirad, yo os enseño los mandatos y decretos que me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella. Ponedlos por obra, que ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos que, cuando tengan noticia de todos ellos, dirán: “Cierto que esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.” Y, en efecto, ¿hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está el Señor Dios de nosotros, siempre que lo invocamos? Y, ¿cuál es la gran nación, cuyos mandatos y decretos sean tan justos como toda esta ley que hoy os doy? Pero, cuidado, guárdate muy bien de olvidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas; cuéntaselos a tus hijos y nietos.»

Salmo

Sal 147,12-13.15-16.19-20 R/. Glorifica al Señor, Jerusalén

Glorifica al Señor, Jerusalén;alaba a tu Dios, Sión:que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Él envía su mensaje a la tierra,y su palabra corre veloz;manda la nieve como lana,esparce la escarcha como ceniza. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,sus decretos y mandatos a Israel;con ninguna nación obró así,ni les dio a conocer sus mandatos.R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5,17-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Reflexión del Evangelio del día

¿Quién tiene unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios?

El discurso de Moisés que hoy escuchamos, es una propuesta solemne de aceptación de la Ley, maravillosamente motivada con la apelación al recuerdo de lo que ha sido su experiencia como pueblo.

Israel ha vivido el acontecimiento del Éxodo, su salida de Egipto y su caminar por el desierto como la maravillosa obra de Dios en su favor. El pueblo se constituye como tal, a partir de la experiencia de tener un Dios que se acerca a ellos, que se hace presente en su historia, en el acontecer de cada día, que escucha, que camina junto a ellos… que libera, que salva.

Ese Dios que, a través de Moisés, establece una Alianza con ellos, dándoles una Ley

Para nosotros, quizá la palabra ley sugiere fundamentalmente la idea de obligatoriedad. Con lo que tiene de mala prensa todo lo que suena a obligatorio… Pero es que además, es muy probable que en todas partes conozcamos leyes que son verdaderamente injustas, que no buscan el bien común.

No es esa la Ley que Moisés ha entregado al pueblo. En ella se ofrece una guía que permite orientarse en el camino, facilitar el descubrimiento de lo que es bueno para todos y de lo que nos hace daño… No se trata de someterse a la voluntad de un Dios caprichoso, sino de hacernos conscientes de que la Alianza que nos propone es la posibilidad de una vida auténtica. De ahí la insistencia de Moisés.

¿Y para nosotros hoy? La invitación a hacer memoria de la presencia de Dios con nosotros, de su mano fuerte, liberadora y salvadora en nuestra vida. De pasar por el corazón y agradecer. Y de contárselo a “nuestros hijos”…

No he venido a abolir la ley o los profetas, sino a darles plenitud

Continuamos hablando de la ley, familiar también en el evangelio de Mateo. Y en los tres versículos que hoy escuchamos en la liturgia puede sorprendernos el lenguaje utilizado por Jesús. Ha venido para llevar a su plenitud la Ley y los Profetas.

Estamos en el capítulo 5 de Mateo, el Sermón del Monte, la gran declaración de intenciones, el manifiesto del programa de Jesús. Y no comienza con “mandatos”, sino con declaraciones de “felicidad” que para la mayoría de nosotros resultan difíciles de comprender. No hay Ley propiamente dicha.

Pero después de eso, aparece Jesús exponiendo su postura frente a la Ley y los Profetas, expresión referida al conjunto del Antiguo Testamento, a la Escritura. No se refiere a las interminables interpretaciones que con el paso del tiempo los judíos fueron dando a la ley, cayendo en una multiplicidad de preceptos vacíos de auténtico contenido. Jesús mismo aparece en este capítulo del evangelio de Mateo reinterpretando la ley con su famoso “Habéis oído… pero yo os digo…”

¿Qué plenitud, entonces, de la Ley y los Profetas? ¿Será necesario para nosotros volver la atención al Antiguo Testamento para asegurarnos de vivir en el cumplimiento de esa Ley? Escuchando a Jesús podemos deducir que no se trata de eso. La Ley y los Profetas alcanzarán su plenitud de sentido en esa Nueva Alianza que Dios hace con nosotros en Jesús.

Sólo Él y su propuesta-invitación encarnan la plenitud. En esta Nueva Alianza no vivimos pendientes de la ley. Sólo queremos seguirle a Él, tratando de aprender lo que es amar

Hna. Gotzone Mezo Aranzibia O.P.
Congregación Romana de Santo Domingo
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 Jueves   28 de Marzo de 2019  

“El Reino de Dios ha llegado a vosotros”

Primera Lectura

Lectura del libro de Jeremías 7,23-28:

Así dice el Señor: «Ésta fue la orden que di a vuestros padres: “Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo; caminad por el camino que os mando, para que os vaya bien.” Pero no escucharon ni prestaron oído, caminaban según sus ideas, según la maldad de su corazón obstinado, me daban la espalda y no la frente. Desde que salieron vuestros padres de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas, un día y otro día; pero no me escucharon ni prestaron oído: endurecieron la cerviz, fueron peores que sus padres. Ya puedes repetirles este discurso, que no te escucharán; ya puedes gritarles, que no te responderán. Les dirás: “Aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. La sinceridad se ha perdido, se la han arrancado de la boca.”»

Salmo

Sal 94,1-2.6-7.8-9 R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,demos vítores a la Roca que nos salva;entremos a su presencia dándole gracias,aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,bendiciendo al Señor, creador nuestro.Porque él es nuestro Dios,y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:«No endurezcáis el corazón como en Meribá,como el día de Masa en el desierto;cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron,aunque habían visto mis obras.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,14-23

En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud Se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: – «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. El, leyendo sus pensamientos, les dijo: – «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Reflexión del Evangelio del día

La sinceridad se ha perdido

Un pueblo que le da la espalda a Dios, no es un pueblo que camine de frente hacia la paz que busca. Jeremías, recuerda cómo Dios envió a muchos profetas para que escuchara la voz de Dios y caminara según sus preceptos. Pero el pueblo endureció su corazón. Lejos de Dios no hay sinceridad, un pueblo sin Dios es un pueblo cuya sinceridad ha sido arrancada de su boca. Es un pueblo cuya verdad y sentido de la vida se ha perdido.

La capacidad de proclamar la verdad de la vida se traduce con la experiencia que de Dios se tiene. Un pueblo que le da la espalda a Dios es el que reniega de su propia verdad, y endurece su corazón. Dios nos permite ver más allá de las fronteras de la sinrazón la profundidad de lo que significa humanizar la vida. Una vida abocada a la mentira, a la ausencia de verdad, traiciona lo más esencial del ser humano que es caminar hacia la luz de Dios.

Muchas veces nos engañamos a nosotros mismos cuando proclamamos la muerte de Dios en nuestra sociedad. Quizás, Nietzsche traicionara nuestras conciencias proclamando la emancipación del hombre respecto a Dios; ya que el hombre no ha crecido en su humanidad pretendida, ni tampoco en su libertad buscada y proclamada. Dar la espalda a Dios es dársela a nuestra propia historia. Y la historia siempre tiene algo que contar. Quizá la herencia nietzscheana sea su misma locura que nos procura una bárbara tensión entre la vida y la paz.

Si la esperanza fuera sólo un escenario de caminos imposibles de recorrer, entonces estaríamos abocados al final de los trayectos posibles para vivir. Una vida con Dios se hace mucho más atrayente cuando no estamos obligados a ser superhombres esclavizados en su pueril libertad, donde el compromiso por la vida, y la humanidad están ausentes de su sentido.

Un corazón endurecido es aquél que se ha dejado petrificar por los fracasos, aquél que camina imbuido por sus pesares, el que sustenta el mal como si fuera una máscara revolucionaria del pasado, aquél que se muestra incapaz de comprender la vida y su grandeza.

El Reino de Dios ha llegado a vosotros

Lucas nos dibuja un escenario de tensión. Se señala en el Evangelio de hoy que muchos creían que los signos milagrosos que Jesús mostraba eran obra del demonio.  Y le pedían signos en el cielo.

Pero Jesús les hace ver que todo reino dividido o en guerra civil es un reino abocado a la ruina, al derrumbe de sus casas y fortalezas, lo que les protege y los que les habita es un sinsentido porque es un reino que se autodestruye a sí mismo.

Sin embargo, si sus signos lo sostienen la mano de Dios significa que el Reino de Dios ha llegado a vosotros. Es algo presente, una realidad que se puede palpar y comprender.

Jesús no cae en la tentación de mostrar signos en el cielo. Al contrario, se pone como punto de inflexión y mediación entre Dios y los hombres: “El que no está conmigo, está contra mí, el que no recoge conmigo desparrama”.

Esta frase que muchas personas se arrogan, como si fueran dioses en sus trabajos y responsabilidades, no significa un buscar adeptos dóciles para mi causa. Es por encima de todo el punto al que ha de llegar un compromiso en la fe en Aquél que me sostiene. Es la garantía necesaria de que tu vida es un relato que Dios pronuncia con tu historia. Pero no caben medias tintas, esas sólo vuelven borroso los caminos que conducen a Dios.

Muchos signos en nuestra vida son los que nos hablan de Dios, que nos sugieren su presencia, cuando hay manos y miradas que te envuelven en su ternura, cuando hay corazones compasivos que te levantan de tu dolor, cuando hay voluntades que trabajan por la paz y la justicia, cuando la vida se traduce en la caridad desprendida que dona momentos de fraterna acogida, cuando el pobre es levantado en su dignidad y el enfermo consolado en su soledad, cuando el anciano es acompañado por rostros serenos que esperan algo de la vida. Estos son los momentos del Reino presente, los momentos de Dios que habita en nosotros, los momentos creadores de una esperanza infinita.

Oremos para que la presencia de Dios nos transforme cada día en aquellos que recogen con Jesús la vida que Dios nos proporciona, que nos asemeja a lo divino, y que nos prepara una esperanza sin límites.

Fr. Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)
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 Viernes   29 de Marzo de 2019  

“No estás lejos del Reino de Dios”

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas 14,2-10

Así dice el Señor: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste por tu pecado. Preparad vuestro discurso, volved al Señor y decidle: Perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios. No nos salvará Asiria, no montaremos a caballo, no volveremos a llamar Dios a la obra de nuestras manos. En ti encuentra piedad el huérfano.” Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan, mi cólera se apartará de ellos. Seré para Israel como rocío, florecerá como azucena, arraigará como el Líbano. Brotarán sus vástagos, será su esplendor como un olivo, su aroma como el Líbano. Vuelven a descansar a su sombra: harán brotar el trigo, florecerán como la viña; será su fama como la del vino del Líbano. Efraín, ¿qué te importan los ídolos? Yo le respondo y le miro: yo soy como un ciprés frondoso: de mí proceden tus frutos. ¿Quién es el sabio que lo comprenda, el prudente que lo entienda? Rectos son los caminos del Señor: los justos andan por ellos, los pecadores tropiezan en ellos.»

Salmo

Sal 80 R/. Yo soy el Señor, Dios tuyo: escucha mi voz

Oigo un lenguaje desconocido:«Retiré sus hombros de la carga,y sus manos dejaron la espuerta.Clamaste en la aflicción, y te libré. R/.

Te respondí oculto entre los truenos,te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;¡ojalá me escuchases, Israel! R/.

No tendrás un dios extraño,no adorarás un dios extranjero;yo soy el Señor, Dios tuyo,que te saqué del país de Egipto. R/.

¡Ojalá me escuchase mi puebloy caminase Israel por mi camino!:te alimentaría con flor de harina,te saciaría con miel silvestre.» R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 28b-34

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: – «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Respondió Jesús: – «El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. ” El segundo es éste: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que éstos.» El escriba replicó: – «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo: – «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Reflexión del Evangelio del día

En ti el huérfano encuentra compasión

Este fragmento de la profecía de Oseas, es prácticamente, el final de la misma; es un canto a la esperanza y al amor que Dios tiene a su pueblo.

Después de un periodo donde dominaron las idolatrías a Baal, incluso amparadas por el poder político, Oseas ofrece la posibilidad de que Israel se arrepienta y vuelva a la verdadera fe en Dios, para ello describe un acto de arrepentimiento, confirmando que los falsos dioses no son la garantía de una salvación eterna, y reconociendo que las desviaciones que habían tenido eran totalmente nefastas.

Ante esto Dios muestra su infinita misericordia y, aquí Oseas, relata de una forma totalmente poética, como Dios perdona todas las desviaciones y abre los brazos al arrepentimiento de sus hijos, reconociendo que la compasión del Señor se manifestará, sobre todo, en aquellos que se consideran huérfanos porque hasta sus mandatarios se han apartado de la verdadera fe.

El salmo nos anima a poner nuestra confianza en el Señor, que no confiemos en “ídolos” que nos seduzcan, sino que Él nos cuida y nos protege siempre.

No estás lejos del Reino de Dios

El relato de San Marcos nos sitúa en el momento que uno de los letrados de la ley aborda a Jesús, preguntándole cual es el principal mandamiento de la ley; Jesús le refiere “la Shemá” o principio fundamental de la ley judía: “Escucha Israel, el Señor es el único Dios, y lo amarás etc…” y además añade “el segundo es similar a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Vemos como Jesús resume todo su programa en una sola palabra: AMOR. Amor fundamentalmente a Dios y amor a los demás, no solo a los hermanos y conocidos, sino a todos, buenos y malos, amigos y enemigos, blancos y negros, en fin, a todos los que nos rodean.

El escriba replicó que, efectivamente, si cumplimos estos dos preceptos, todo lo demás es secundario, y que es más importante que todos los holocaustos y sacrificios, por eso Jesús le responde que no está lejos del Reino de Dios.

Vemos que el amor es el punto fundamental y la razón de ser de nuestra fe, como nos recuerda San Pablo en su carta a los corintios: si no tengo amor no soy nada, sino un ser sin trascendencia, pero sin embargo, el amor tal como nos indica Jesús, nos convierte en seres trascendentes, completos, unidos a Dios y a los hombres por ese vínculo irreductible que nos hace amar a Dios y querernos entre nosotros, como nos queremos a nosotros mismos.

¿Nos seducen los dioses de este mundo?

¿Es el amor la guía de nuestra vida?

¿Nos queremos solamente a nosotros?

D. José Vicente Vila Castellar, OP
Fraternidad Laical Dominicana Torrent (Valencia)
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 Sábado   30 de Marzo de 2019  

“¡Oh Dios!, te compasión de este pecador”

Primera Lectura

Lectura de la profecía de Oseas 6,1-6

Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. – «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

Salmo

Sal 50,3-4.18-19.20-21ab R/. Quiero misericordia, y no sacrificios

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,por tu inmensa compasión borra mi culpa;lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;un corazón quebrantado y humillado,tú no lo desprecias. R/.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,reconstruye las murallas de Jerusalén:entonces aceptarás los sacrificios rituales,ofrendas y holocaustos. R/.

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 9-14

En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: – «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.” El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.” Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Reflexión del Evangelio del día

¡Volvamos al Señor!

Con la voz potente de los profetas, en este caso de Oseas, se repite el mensaje central de la Cuaresma. Dios está dispuesto a dejarse llevar por la misericordia y perdonar siempre.

Con frecuencia, el pueblo judío rompió la alianza que había sellado con Dios de seguirle y tenerle como su único Dios y Señor. La verdad es que, demasiadas veces, se fue detrás de otros dioses. Las promesas y la misericordia de muchos del pueblo judío, son débiles, pasajeras, “como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora”. Pero bien saben ellos que la misericordia de Dios no es así, sino que es eterna, para siempre y que nunca Dios permanece en su enfado. Por eso, se atreven a decir: “¡Ea, volvamos al Señor! Él nos desgarró, él nos curará; él nos hirió, él nos vendará. En dos días nos sanará, al tercero nos resucitará y viviremos delante de él”. Tienen la seguridad de obtener el perdón de Dios, el que afirma: “Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Jesús, cuando se llegó hasta nosotros, y como no podía ser de otra manera, siguió el comportamiento de su Padre Dios. Siempre perdonó y acogió a todo el que arrepentido se acercaba a él… y nos pidió que nosotros hiciésemos otro tanto, siendo capaces de perdonar a nuestros ofensores “hasta setenta veces siete”. Dios es amor, Jesús es amor y nosotros, hechos a imagen de Dios, también somos amor… y el amor lleva consigo el perdón.

¡Oh Dios!, te compasión de este pecador

Todos estamos hechos del mismo “material” humano, No somos dioses. Nuestra natural limitación nos lleva a encontrarnos en nuestras manos el mal que no queremos cometer pero que, de vez en cuando, cometemos. Nadie se puede presentar ante Dios con su hoja limpia de pecado. Nadie puede presentarse ante Dios como el erguido fariseo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres”… que son pecadores. Lo nuestro es como lo del publicano. Reconociendo nuestras faltas y con el corazón dolorido por lo hecho y arrepentidos de verdad, decirle a nuestro Padre Dios: “Ten compasión de este pecador”. Y ya que estamos en dialogo amoroso con nuestro Dios, pedirle también que nos siga regalando su ternura, su amor y las fuerzas necesarias para serle fiel a su amistad.

Fray Manuel Santos Sánchez
Convento de Santo Domingo (Oviedo)
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