“Cuando hayáis levantado al hijo del hombre, entonces comprenderéis que Yo soy”

Evangelio del día
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

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Martes, 9 De Abril

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Libro de los Números (21,4-9.)
Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia
y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!”.
Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes”. Moisés intercedió por el pueblo,
y el Señor le dijo: “Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado”.
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.

Salmo (102(101),2-3.16-18.19-21.)
Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco.

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.

Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.

Evangelio según San Juan (8,21-30.)
Jesús dijo a los fariseos:
“Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”.
Los judíos se preguntaban: “¿Pensará matarse para decir: ‘Adonde yo voy, ustedes no pueden ir’?”.
Jesús continuó: “Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso les he dicho: ‘Ustedes morirán en sus pecados’. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”.
Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres tú?”. Jesús les respondió: “Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo.
De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo”.
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
Después les dijo: “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó.
El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”.
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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San Bernardo (1091-1153)

monje cisterciense y doctor de la Iglesia

Sermones diversos, nº 22

“Cuando hayáis levantado al hijo del hombre, entonces comprenderéis que Yo soy”

A Cristo Jesús le debes toda tu vida, porque él ha dado su vida por tu vida, y ha soportado amargos tormentos para que tú no soportes tormentos eternos. ¿Podrá haber para ti algo más duro y espantoso, cuando te acordarás que aquél que siendo de condición divina en el día de su eternidad, antes que naciera la aurora, en el esplendor de los santos, él, el esplendor y la imagen de la sustancia de Dios, vino a tu prisión, se hundió, como se dice, hasta el cuello, en lo más profundo de tu barro? (Flp 2,6; Sl 109,3; Heb 1,3; Sl 68,3)
    ¿Qué cosa no va a parecerte dulce cuando habrás acogido en tu corazón todas las amarguras de tu Señor y te acordarás, primero de lo que pasó en su infancia, después de las fatigas durante el tiempo de su predicación, las tentaciones que sufrió en sus ayunos, sus vigilias en oración, sus lágrimas de compasión, las emboscadas que tramaron contra él… y luego, las injurias, los salivazos, las bofetadas, los latigazos, los escarnios, las burlas, los clavos, y todo lo que soportó por nuestra salvación?
    ¡Qué compasión tan inmerecida, qué amor tan gratuito y tan probado, qué aprecio tan inesperado, qué dulzura tan sorprendente, qué invencible bondad! ¡El rey de la gloria (sl 23) crucificado por un esclavo tan despreciable! ¿Quién ha oído jamás nada parecido, quién ha visto cosa semejante? Porque “difícilmente se encuentra uno que quiera morir por un justo (Rm 5,7). Pero él, ha muerto por nosotros que éramos injustos y enemigos, prefiriendo dejar el cielo para conducirnos al mismo cielo, él, el dulce amigo, el sabio consejero, el sólido sostén. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? (Sl 115,3)

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