” Jesús iba a morir… no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios dispersos “

Evangelio del día
¿Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

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Sábado, 13 De Abril

Sábado de la quinta semana de Cuaresma

Beata Margherita da Città di Castello

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Libro de Ezequiel (37,21-28.)
Así habla el Señor:
Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo.
Haré de ellos una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: ya no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos.
Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor. Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica.
Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres. Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David será su príncipe eternamente.
Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre.
Mi morada estará junto a ellos: yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.
Y cuando mi Santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor, el que santifico a Israel.

Libro de Jeremías (31,10.11-12ab.13.)
¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño.»

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,
los alegraré y los consolaré de su aflicción.

Evangelio según San Juan (11,45-56.)
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: “¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.
Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación”.
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: “Ustedes no comprenden nada.
¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?”.
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,
y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.
Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.
Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: “¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?”.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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San Próspero de Aquitania (¿-c. 460)

teólogo laico

La llamada de todos los pueblos, 9

” Jesús iba a morir… no sólo por la nación, sino para reunir a los hijos de Dios dispersos ”

San Pablo afirma: “En estos días que son los últimos, Dios nos habló por el Hijo, al que estableció como heredero de todo” (He 1,2). ¿Esta frase no significa sino que el Padre consideró que todos los hombres formaban parte de la herencia del Cristo? Está conforme con la profecía de David: “Pídemelo, y te daré en herencia las naciones en posesión los confines de la tierra” (Sal. 2,8).
El Señor mismo declara: “Una vez elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mi” (Jn 12,32). ¿No es la conversión de todos lo que prometen? En otro lugar, encontramos una profecía que concierne a la Iglesia: “Que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale” (Is 40,4): ¿Alguién parece olvidado, o que no sea designado aquí como sujeto Cristo? Y qué pensar cuando se lee: “Toda carne vendrá para postrarse ante mí, para que me adoren en Jerusalén, dice el Señor” (Is 66,23)…
El término de “pueblo de Dios” se entiende pues en toda su plenitud. Y aunque la inmensa mayoría de los hombres niega o descuida la gracia del Salvador, es el conjunto lo que es designado por las palabras “elegidos” y “predestinados”… El apóstol Pablo dice también: “Proclamamos a un Jesucristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero para los llamados… fuerza de Dios y sabiduría de Dios” (1Co 1,23-24).
¿Cristo sería “fuerza de Dios” y “sabiduría” para los mismos hombres cuyos ojos lo ven como “escándalo” y “locura”? De hecho, ya que algunos son salvados a causa de su fe, mientras que otros se endurecen en la impiedad, el apóstol comprendió a los fieles y los infieles bajo el mismo nombre de “llamados”. Mostraba así que aquellos a los que calificaba de paganos se habían hecho extranjeros a la llamada de Dios, aunque hubieran oído el Evangelio.

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